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lunes, 6 de marzo de 2017

EL PLEBISCITO DE LOS MARTIRES ESCRITOS SUETOS DEL LIC. ANACLETO GONZALEZ FLORES



HOY MISMO

…Quien reina allí es Satanás. Porque allí –en la calle, en la plaza, en la tribuna pública, en la escuela, en el libro, en el periódico–, se siente el vaho de Satanás; se siente el resoplido del infierno…

Un paso al frente. Esto deben hacer todos los católicos para restablecer el reinado de Cristo en nuestra patria. De sobra sabemos que no ha bastado que llenemos nuestras iglesias y nuestros hogares con incienso, con plegarias y con el resplandor encendido de los cirios. De sobra sabemos que no basta seguir viviendo enterrados en los rincones de nuestras casas y de nuestros templos. De sobra sabemos –por una larga, sangrienta y brutal experiencia– que no basta rezar y entregarse a las prácticas de las ceremonias del culto.

Porque todo esto hemos hecho. Y sin embargo, Cristo no reina en la vía pública; Cristo no reina en la calle; Cristo no reina en las escuelas; Cristo no reina en los parlamentos; Cristo no reina en los libros; Cristo no reina en las universidades; Cristo no reina en la vida pública y social de nuestra Patria.

Quien reina allí es Satanás. Porque allí –en la calle, en la plaza, en la tribuna pública, en la escuela, en el libro, en el periódico–, se siente el vaho de Satanás; se siente el resoplido del infierno.

Y esto a pesar de que hemos orado, de que hemos rogado, de que hemos dicho y cantado plegarias en nuestras iglesias y en nuestros hogares. Y esto precisamente porque no hemos rezado en la vía pública; porque no hemos rezado ni le hemos cantado a Dios en la escuela, en la tribuna pública, en la calle, en la plaza, en el parlamento. Y esto porque nos hemos empeñado en arrinconar a Cristo por miedo al aire, por miedo a los verdugos.

Y desde hoy, si queremos que reine Cristo, si queremos de corazón que se empine sobre los hombros de la Patria; si queremos que sea Rey supremo de la vida pública y social de nuestro país, debemos echar hacia los cuatro vientos, hacia la calle, hacia la vida pública nuestro pensamiento, nuestra palabra, nuestras plegarias, nuestros esfuerzos.

Y esto debemos hacerlo, no mañana, no cuando la punta de las bayonetas se hayan inclinado; no cuando la vía pública deje de estar erizada con las espadas de los perseguidores; sino hoy mismo; desde este día, desde este minuto. Y debemos hacerlo todos.

Porque nadie tiene el derecho de negarse a restablecer el reinado de Cristo. Y por esto nadie tiene el derecho de permanecer arrinconado. Nadie tiene el derecho de permanecer con los brazos caídos. Nadie tiene el derecho de encastillarse en las iglesias y en los hogares.

Todos tenemos obligación de salir a la vía pública para desalojar a Satanás; para quebrar todas sus banderas, para desgarrar todos sus pendones y para hacer que por encima de sus astas rotas y de los despojos de las banderas de Satanás, pase victorioso Cristo y establezca su reinado para siempre.

Pero salgamos de nuestra equivocación.

Para que reine Cristo en la vida pública y social, vosotros debemos rezarle, cantarle a Cristo en la vida pública; debemos saturar el ambiente con nuestros gritos, con nuestras plegarias, con nuestros pensamientos, con nuestra palabra, con nuestra acción y con nuestras organizaciones. De otra suerte continuarán sintiéndose los resoplidos del infierno y Satanás seguirá llenando la calle y la vida pública.

Hoy mismo todos los católicos, un paso al frente. Un paso al frente para restablecer el reinado de Cristo. Y para llenar la vía pública con nuestros rezos, con nuestros homenajes. Y hoy mismo en medio de las picas y de las espadas; en medio de los puños y las bayonetas de los verdugos.