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sábado, 25 de febrero de 2017

Del conocimiento del Ángel con relación a las cosas materiales




IV.-EXPOSIOION TEOLOGICA
DE SANTO TOMAS. (q. 56)

El pensamiento del Angélico Doctor sobre los tres puntos tratados en esta cuestión puede condensarse en las siguientes proposiciones:

1. El ángel se conoce a sí mismo por su forma que es su substancia" (a. 1). 

Dice San Agustín que el ángel, en el mismo momento, de su conformación, o sea de recibir la iluminación de la verdad, se conoció a sí mismo [48].
Según hemos dicho, el objeto de la acción no juega el mismo papel en la acción que permanece en el agente y en la que pasa a materia exterior.' Pues en la que pasa a materia exterior, el objeto o la materia a la cual pasa la acción está separada del agente, como el objeto caliente del que le calienta y el edificio del que lo edifica. En la inmanente es necesario, para que se produzca la acción, que el objeto esté unido al agente, y así, para que se produzca la acción de sentir, es indispensable que lo sensible se una al sentido. Y ocurre que el objeto unido a la potencia desempeña en esta acción el papel que en otros agentes desempeña la forma, que es el principio de operación; pues así como el calor es en el fuego el principio formal de la calefacción, así también la especie de la 'cosa vista es en el ojo el principio formal de la visión.     
Pero adviértase que a veces estas especies del objeto están en la facultad cognoscitiva solamente en potencia, y entonces sólo hay un conocimiento potencial, y para 'que se reduzca al acto se requiere que la potencia cognoscitiva reciba de hecho la especie. En cambio, si de hecho la tiene siempre, puede conocer por ella sin que previamente se produzca mutación ni recepción alguna. Por donde se ve .que ser movido por el objeto no es de esencia del que conoce en cuanto cognoscente, sino en cuanto está en potencia para conocer, por lo demás, para que la forma sea principio de acción, lo mismo da que sea inherente o subsistente por sí; el calor no calentaría menos si fuese subsistente que siendo inherente.
Así, pues, si en el orden de lo inteligible existe algo que sea forma inteligible subsistente, se entenderá a sí mismo.
Pero el ángel, puesto que es inmaterial, es forma subsistente y por sí misma actualmente inteligible [49]. Siguese, pues, que se entiende a sí mismo por su forma, que es su substancia.
Es decir, no necesita previamente para conocerse a si mismo representación inteligible alguna, sino que su misma substancia hace las veces de especia impresa.
Para demostrarlo, teniendo en cuenta que el entender es una acción transeúnte, sino inmanente, examina Santo Tomás las condiciones que tal acción requiere, que son: inteligibilidad y la unión del objeto con el agente y actuación de la facultad intelectiva de éste por la especie inteligible, que no siempre es necesario se produzca por mutación o recepción alguna del que entiende ni que tal especie sea una cualidad inherente a la facultad, pudiendo ser forma subsistente por sí misma.
Es decir, el acto de entender exige, además de la facultad intelectiva, un objeto actualmente inteligible en sí, proporcionado en La inteligibilidad a la potencia cognoscitiva, presente en la facultad e íntimamente unido a ella no sólo subjetivamente, sino objetivamente, actuándola con verdadera información intencional, y que influya inmediata y directamente en el acto de entender.
¿Se verifica todo esto en la esencia del ángel con respecto al conocimiento de sí mismo? Ciertamente. La esencia del ángel, por ser perfectamente espiritual y completamente inmaterial es forma subsistente, y siendo, además, completa en razón de especie, es por sí misma actualmente inteligible, proporcionada o, mejor dicho, igual en la inteligibilidad a su entendimiento, que de ella dimana; íntimamente presente e inmediatamente unida a él como raíz próxima de la intelectualidad del mismo; actuándolo, no en el orden del ser, sino en el orden inteligible, y no por inhesión, ni siquiera formalmente, por una información  como la de la forma en la materia o el acto en la potencia, sino por identidad radical. (Véase el esquema de la introducción a la cuestión anterior.)
La esencia del ángel es, en efecto, la raíz de la intelectualidad angélica, de donde fluye naturalmente la facultad intelectiva, objetiva e intencionalmente determinada por la misma substancia del ángel, que mediante ella influye vitalmente en la operación intelectiva del acto de entenderse a sí mismo.
En una palabra: por la identidad radical en el ángel de la facultad intelectiva con la esencia inteligible, ésta hace las veces de especie impresa, y aquélla fluye de la esencia subjetiva y objetiva o intencionalmente completa, es decir, no en potencia para entender, sino en ejercicio actual de la intelección.
De ahí se deduce necesariamente, como enseña Santo Tomás, que el ángel está siempre en acto segundo respecto al conocimiento de sí mismo, no pudiendo estar nunca en potencia para conocerse (1: p., q. 58, a. 1; De veritate, q. 8, a. 6 ad 7; a. 14 ad 6; Cont. Gent., lib. II, cap. 97).
De esta misma identidad radical entre la esencia y la facultad intelectiva en el ángel, y dada la igualdad de inmaterialidad de ambas, proviene que el conocimiento que cada ángel tiene de sí mismo por su propia esencia es totalmente comprensivo en el orden natural, conociendo, por tanto, Su poder y facultades naturales y los accidentes naturales también, que se contienen como en raíz y causa propia y adecuada en su misma esencia o substancia, de la que naturalmente dimanan (De veritate, q. 8, a. 6 ad 1). No así los accidentes sobrenaturales, que necesariamente son recibidos de fuera y no nacen de la misma esencia (a. 1 ad 1 de esta cuestión), sino que son producidos por una causa extrínseca superior; por donde sólo mediante especies infusas pueden conocerlos con conocimiento distinto del que tienen de todo por la visión sobrenatural de la divina esencia.
Síguese también de aquí que solamente la propia esencia constituye para cada uno de los ángeles el objeto estrictamente primario, propio y específico de su cono cimiento, que, en forma general, para las substancias espirituales separadas de los cuerpos, pero finitas en el orden  intelectual, se dice ser las mismas substancias, separadas.
Mas en todo acto de entender, fuera de la visión beatifica de los bienaventurados, además de la especie impresa o representación inteligible, se da la llamada especie expreso; verbo mental o concepto, ¿.se dará también en el conocimiento que el ángel tiene de si" mismo por su esencia, o más bien la esencia misma hará las veces de especie expresa, como hace las veces de especie inteligible? Santo Tomás aquí no dice nada, pero lo ha afirmado ya antes de forma categórica y con gráfica concisión al decir: En quienquiera que entiende, por el solo hecho de entender, procede dentro de él algo, que es la concepción de la cosa
entendida, que proviene del poder intelectual y procede del conocimiento o noticia de la cosa" (l." p., q. 27,a. 1).
Y aunque Cayetano, O. P., comentando esas palabras, dice que "el ángel, teniéndose a sí mismo presente incluso objetivamente, en vano formaría para sí verbo mental de sí mismo", su interpretación es unánimemente rechazada por los teólogos, y es, desde luego, ajena a la mente de Santo
Tomás, quien, tratando esto en otro lugar, dice expresamente: "La vida intelectual está, pues, más perfecta en los ángeles, en los cuales el entendimiento para conocerse a sí mismo no procede por alga exterior, sino por sí se conoce a sí mismo. Mas su vida no, llega a la perfección última, porque, aunque la expresión (intentio intellecta) sea en ellos completamente intrínseca, sin embargo, esa expresión intelectual no es su substancia, porque no es en ellos una misma cosa el entender y el ser, …”  y para que no haya lugar; a dudas añade: "Yo llamo expresión intelectual (intetencionem ntellectam) a lo que el entendimiento concibe en sí de la cosa entendida. La cual en nosotros, ni es la cosa que se entiende ni es la substancia del entendimiento; sino cierta semejanza de la cosa entendida, concebida por el entendimiento" (Cont., Geni., lib. IV, cap. 11).

2. "Un ángel conoce a otro por la especie del otro que hay en su entendimiento" (a. 2 ad 3)  pues "las razones de las otros naturalezas, lo mismo espirituales que corporales le fueron impresas solamente en cuanto al ser inteligible con objeto de que por ellas conociesen las criaturas tanto las espirituales como la corporales" '(a. 2).