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jueves, 26 de enero de 2017

Ite Missa Est

2 6 DE ENERO
SAN POLICARPO,
OBISPO Y
MARTIR


Epístola – 1º San Juan; III, 10-16
Evangelio – San Lucas; XXI, 9-19


En medio de las dulzuras que saborea en la contemplación del Verbo humanado, Juan el Discípulo Amado ve venir a su discípulo Policarpo, resplandeciente con la gloria del martirio. El anciano acaba de contestar en el anfiteatro al Pro cónsul que le anima a renegar de Cristo: "Hace ochenta y seis años que le sirvo, y nunca me hizo mal alguno; ¿qué digo mal? antes me colmó de bienes. ¿Cómo podría yo maldecir a mi Rey que me ha salvado?" Después de pasar por el fuego y la espada llegó a los pies del Salvador, para gozar eternamente de la dicha de su presencia, en pago de los trabajos sufridos por conservar en su redil la fe y la caridad, y en recompensa de su muerte sangrienta. Como su maestro San Juan, se opuso con energía a los intentos de los herejes. Fiel a sus consignas, no quiso que el corruptor de la fe de Cristo recibiese el saludo de sus labios; al heresiarca Marción dijóle que le reconocía por primogénito de Satanás. Enérgico adversario de la orgullosa secta que se avergonzaba de la Encarnación de un Dios, escribió en su Epístola a los Filipenses: "Quien no confiese la venida de Cristo en carne, es un Anticristo." Era, pues conveniente, que tan valeroso testigo fuera llamado al honor de permanecer junto a la cuna donde el Hijo de Dios se nos muestra en toda su ternura, y revestido de una carne semejante a la nuestra. Policarpo fue fiel hasta la muerte; por eso, aparece ahora coronado, en estos días que son el aniversario de la venida de su Rey a nosotros Tomemos algunos detalles sobre su vida, del libro de San Jerónimo: De Scriptoribus ecclesiasticis. Policarpo, discípulo de S. Juan, que le ordenó Obispo de Esmirna, fué Jefe de toda el Asia, por haber conocido y tenido como maestros a algunos de los Apóstoles y de los que habían visto al Señor. Algunas dificultades sobre la celebración de la Pascua le trajeron a Roma (hacia el año 194) bajo el imperio de Antonino Pío, cuando gobernaba la Iglesia Aniceto. Allí devolvió la fe a muchos fieles que se habían dejado engañar por las falacias de Marción y de Valentín. Al encontrarse un día con Marción, le dijo este heresiarca: "¿Me conoces?" Respondióle Policarpo: "Te reconozco por primogénito de Satanás". Poco tiempo después, bajo el reinado de Marco Antonino y de Lucio Aurelio Cómodo, en la cuarta persecución después de la de Nerón, fue condenado ante el tribunal del Procónsul de Esmirna, y entregado al fuego entre los clamores de todo el pueblo reunido en el anfiteatro. Escribió una carta muy práctica a los de Filipo, carta que se lee todavía en las Iglesias de Asia. 


Oh Policarpo, hiciste verdadero el significado de tu nombre, porque durante los largos años pasados en su servicio, produjiste muchos frutos para el Salvador. Estos frutos fueron las numerosas almas conquistadas por tus trabajos, las virtudes que adornaron tu existencia, y, por fin, tu misma vida que entregaste al Señor. ¡Qué dicha la tuya, pues recibiste las lecciones del discípulo, que descansó sobre el pecho de Jesús! En el día de hoy, después de más de sesenta años de separación vas a juntarte con el maestro que estará deseoso de volverte a ver. Juntos adoraréis al divino Niño cuya sencillez imitasteis; El fue vuestro único amor, pedidle para nosotros la gracia de serle fieles hasta la muerte. Cultiva aún, oh Policarpo, desde lo alto del cielo, el campo de la Iglesia fecundado con tus trabajos, y regado con tu sangre. Devuelve la fe y la unidad al seno de las Iglesias del Asia, plantadas por tus manos venerables. Apresura por tu intercesión el fin del Islamismo, cuyo éxito y permanencia sólo fue posible gracias a las lamentables consecuencias del cisma bizantino. No olvides a Francia a la que enviaste Apóstoles insignes, mártires como tú. Bendice paternalmente a la Iglesia de Lyon, que te venera como a su fundador mediante tu discípulo Potino, y que tan gloriosa parte toma en el Apostolado de los Gentiles, por su obra de la Propagación de la Fe. Vigila por la conservación de la pureza de la fe; líbranos del contacto con los seductores. También tú quisiste "ver a Pedro" para rendir homenaje a la Cátedra Apostólica, y para eso viniste a Roma a tratar con su Pontífice de los intereses de tu Iglesia de Esmirna. Protege los derechos de esta augusta Sede, de donde nace para nuestros pastores la única misión legítima. Haz que podamos pasar los últimos días de este tiempo de Navidad en profundo recogimiento y en amor de nuestro Rey recién nacido. Haz que ese amor unido a la pureza de nuestros corazones nos obtenga piedad y misericordia, y que al fin de nuestra peregrinación nos alcance la corona de la gloria.