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viernes, 23 de diciembre de 2016

Ite Missa Est

"Y la mano del Señor se hará sentir a sus siervos, y su ira a sus enemigos. Porque he aquí que viene el Señor en medio del fuego; su carroza es como un torbellino; para saldar su cólera entre brasas y sus amenazas en llamas de fuego. Porque el Señor juzgará a todos los mortales por el fuego y por la espada; y serán muchos los que caigan bajo el golpe del Señor."


VIERNES
de la cuarta semana de adviento


Del Profeta Isaías.

Escuchad la palabra del Señor, vosotros, que tembláis al oírla: Vuestros hermanos que os odian y os desechan por razón de mi nombre, han dicho: "Muestre el Señor su gloria y seremos testigos de vuestra alegría." Pero serán confundidos. ¡Voces, tumulto que sube de la ciudad, voces que salen del templo! Es la voz del Señor: va a dar a sus enemigos según sus merecimientos. Antes del tiempo del parto ha dado a luz; antes de experimentar dolores ha dado a luz un hijo. ¿Quién ha oído cosa parecida? ¿Quién ha visto cosa semejante? ¿Nace un país en un solo día, o una nación, de una vez engendrada? Pues Sión dio a luz a sus hijos al sentir los primeros dolores. ¿Abriré yo el seno materno para que conozcan, dice el Señor; o bien le cerraré, yo que les hago nacer? dice tu Dios. Alégrate, Jerusalén, y todos los que la amáis, sea para todos vuestra alegría. Llenaos de gozo con ella, quienes por ella llorabais, para mamar hasta saciaros la leche de sus consuelos; para beber con delicia en los pechos de su gloria. Porque así habla el Señor: Sobre ella voy a derramar la paz como un río y la gloria de las naciones como las olas de un torrente. Sus hijuelos serán llevados en el regazo y acariciados en las rodillas. Como una madre que acaricia a su hijito, así os consolaré yo, y seréis consolados por Jerusalén. Cuando viereis todo esto, vuestros corazones saltarán de gozo, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba. Y la mano del Señor se hará sentir a sus siervos, y su ira a sus enemigos. Porque he aquí que viene el Señor en medio del fuego; su carroza es como un torbellino; para saldar su cólera entre brasas y sus amenazas en llamas de fuego. Porque el Señor juzgará a todos los mortales por el fuego y por la espada; y serán muchos los que caigan bajo el golpe del Señor. (Is., LXVI, 5-16.)


¡Oh Jesús! tu presencia va a hacer fecunda a la que era estéril, y la pequeñita Sión va de pronto a dar a luz un pueblo, para quien la tierra no ha de ser suficientemente extensa. Pero la gloria de esta fecundidad te pertenece exclusivamente ¡oh Verbo divino! Lo habla predicho el Salmista. "Oh Jerusalén, oh Reina, había dicho, en vez de tus padres te nacerán hijos; los harás príncipes sobre la tierra: se acordarán de tu nombre en el correr de los tiempos, y los pueblos, sabiendo que han salido de ti, te alabarán por los siglos de los siglos." (Salmo XLIV.) Mas, para esto, era necesario que el Señor bajase en persona. Sólo El pudo hacer fecunda a una Virgen; sól El podrá hacer, de piedras, hijos de Abraham. "Dentro de poco, dice El por un Profeta, conmoveré el cielo y la tierra y removeré todas las naciones." (Ageo, II, 8.) Y por otro: "Desde la aurora hasta el poniente, mi nombre es grande entre las naciones; y, he aquí que en todo lugar se va a ofrecer y sacrificar a mi nombre una víctima pura." (Malaquias, 1,11.) Pronto, pues, no habrá sino un solo sacrificio; porque el Cordero de este Sacrificio va a nacer dentro de poco. Ahora bien, el sacrificio es el lazo de unión entre los pueblos: cuando el Sacrificio sea único, no habrá más que un solo pueblo. ¡Oh Iglesia que vas a unirnos a todos, date prisa en nacer! Y puesto que, para nosotros, salidos de ti, has nacido ya, ruega para que el Cordero, tu Esposo, derrame sobre ti ese río de paz anunciado por el Profeta; para que llene tus pechos con abundante leche, y los pueblos vuelvan a la Madre, que los apretará contra su corazón y los acariciará sobre sus rodillas. ¡Oh Jesucristo! Tú eres el inspirador de tal ternura en nuestra Madre; Tú eres quien nos consuelas e iluminas por su medio, ven a visitarla, ven a renovar en ella la vida con ese nuevo Nacimiento. Concédela este año, como siempre, la constancia en la Fe, la Gracia de los Sacramentos, la eficacia de la Oración, el don de los milagros, la sucesión en la Jerarquía, la firmeza en el gobierno, la fortaleza frente a los Príncipes de este mundo, el amor a la Cruz, la victoria contra Satanás y la corona del martirio. En este nuevo año que va a comenzar, consérvese bella como Esposa tuya que es; permanezca fiel a tu amor, y cada vez con mayor éxito en la gran obra que la has encomendado; porque, de año en año se aproxima el día de tu última venida, cuando aparezcas, no envuelto en pañales sino sobre un carro de fuego, para aniquilar a los enemigos de tu Iglesia y trasladarla a tu Reino eterno.