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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Ite Missa Est

"El hará de su desierto un paraíso, y de su suelo seco un jardín del Señor; allí habrá gozo y alegría y cantos de acción de gracias."

MIERCOLES
de la cuarta semana de adviento

Del Profeta Isaías.

Dios es fiel a la promesa hecha a Ábraham Escuchadme vosotros los que seguís la justicia, y buscáis al Señor: mirad a la roca de donde habéis sido cortados, a la cantera de donde habéis sido extraídos. Mirad a Abraham vuestro Padre y a Sara que os dio a luz en el dolor. Porque a él sólo le llamé, le bendije y multipliqué; porque el Señor consuela a Sión y repara todas sus ruinas. El hará de su desierto un paraíso, y de su suelo seco un jardín del Señor; allí habrá gozo y alegría y cantos de acción de gracias. Luz y salvación de las naciones Prestad atención a mi voz, ¡oh pueblos! poned oído a mis palabras, ¡oh naciones! Porque de mí ha de salir la doctrina; mi Ley será luz de los pueblos. Mi justicia está próxima, mi salud llega; mi brazo hará justicia a los pueblos. Es a mí a quien las islas esperan, y mi brazo a quien aguardan. Elevad vuestros ojos al cielo, contemplad la tierra a vuestras plantas: pasarán los cielos como humareda y la tierra se consumirá como un vestido; sus habitantes morirán como las moscas. Pero mi salvación durará eternamente y mi justicia no tendrá fin. (Is., LI, 1-6.)

¡Tu que eres Flor de los campos y Lirio de los valles, ven a convertir nuestra ingrata y árida tierra en un jardín de delicias! Por nuestro pecado perdimos el Edén con todas sus magnificencias; mas, he aquí que se nos devuelve ese Edén; he aquí que quieres restaurarlo en nuestro corazón. ¡Oh planta celestial, árbol de la vida, transplantado del cielo a la tierra, echas primeramente raíz en María, en esa tierra fidelísima, y luego vienes a buscar en nosotros un suelo agradecido que te guarde y te haga dar fruto. Prepara ese terreno ¡oh divino agricultor!, a quien la pecadora arrepentida vió un día bajo la figura de hortelano. ¡Tú sabes bien lo que falta todavía a nuestros corazones para servir a tus planes! ¡Cava y riega esta tierra; ha llegado la estación adecuada: quisiera no ser estéril ni verse privada de poseer esa Flor galana que es la gloria del cielo y que se digna venir aquí abajo a ocultar por un momento sus resplandores! ¡Oh Jesús! Haz que nuestras almas sean fértiles, que se vean coronadas con la flor de las virtudes y que ellas mismas se conviertan en flores; que sean del número de aquellas que, creciendo a tu lado, ofrezcan a los ojos del Padre celestial un jardín digno de ser unido al que El tiene plantado desde toda la eternidad. ¡Oh Flor celestial! Tú eres también rocío, líbranos de las sequías; eres sol, guárdanos de las heladas; eres aromático perfume, comunícanos tu suavidad; eres la soberana belleza, Flor blanca y purpurada, haz que brillemos a tu lado en la eternidad, como corona que Tú has merecido.