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jueves, 1 de diciembre de 2016

EL PURGATORIO - La última de las misericordias de Dios - R.P Dolindo Ruotolo

LA ADMIRABLE LÓGICA
DEL PURGATORIO


No debemos extrañarnos de los tormentos que el alma sufre en el Purgatorio. Nosotros consideramos nuestras culpas con nuestro criterio y nos parecen cosas insignificantes, con el mismo criterio equivocado consideramos nuestras mezquinas obras buenas como si fueran heroicas, y no vemos sus miserias, y por lo tanto de cuánta purificación tienen necesidad para llegar a ser joyas de la corona inmortal. Una comparación nos ayudará a entenderlo: fueron lanzados hacia la luna los misiles de los americanos, pero el lanzamiento no resultó, porque la trayectoria del lanzamiento para poner el misil en órbita, se había desviado un milésimo de milímetro. Este milésimo, en esta tierra, era una cosa sin importancia, sin embargo, este milésimo de milímetro en el lanzamiento se volvió cientos de kilómetros, por la desviación inicial. El ángulo es un punto casi invisible, pero los lados se abren hacia el infinito. 

Cada pecado venial, a nosotros nos parece poca cosa, tanto es así que lo cometemos con gran facilidad e inconsciencia. Pero, cada acción nuestra no se limita a la tierra, ni es calculada según criterios terrenales, tiende hacia Dios, porque es el precio de la conquista de la eterna felicidad. La culpa es un desentonar en la armonía del amor. Un violín con una cuerda desafinada no puede participar en una orquesta. La cuerda del violín puede estar desafinada o por soltura de la cuerda o por un desperfecto de la caja armónica del instrumento. Será necesario estirarla con un esfuerzo, que sería penoso para la cuerda o arreglar el desperfecto de la caja armónica. Las cuerdas del violín son cuatro: Sol – Re – La – Mi - … tres y una, y se unen armónicamente en una nota fundamental: el La del coro. Si una cuerda se sale de aquella fundamental, todo el violín está desafinado. Así es el alma cuando no sintoniza su vida con Dios amándolo sobre todas las cosas. Dios es el primer principio y el último fin, y si el alma, no tiende a Él, está desviada de su trayectoria y debe rectificarla con el sufrimiento; las penas, el fuego del Purgatorio le dan una gran ansiedad de ir a Dios, como su único amor y única vida. Esta ansiedad por el estado de gracia, es amor, como para el condenado es odio y espantosa desesperación. Aún en la vida terrena el dolor nos empuja hacia el alivio, hacia el reposo, hacia la liberación y nos hace esforzarnos para conseguirla. Quién está en las olas tormentosas mira naturalmente hacia la orilla; quién está sediento tiende al refrigerio del agua; quién se siente hambriento tiende con ímpetu al alimento. El fuego, el dolor, las penas del Purgatorio son una cosa lógica, que lleva consigo su razón de ser como son lógicas todas las verdades de la fe. Nuestra mezquindad debe acercarse al infinito amor y debe volverse amor. María Santísima – Cántico del amor divino María Santísima, llena de gracia y Madre del Verbo de Dios hecho carne, definió Ella misma su alma como un cántico de amor: Mi alma alaba al Señor. Era llena de gracia por los méritos de Jesús, anticipados a Ella en la Inmaculada Concepción, reflejados en Ella como armonía de santidad, por  lo cual su espíritu bendito exultaba en Él. Exulta mi espíritu en Dios mi Salvador. Era un cántico de regocijo en la armonía de la gracia que la santificó. Dios es infinito y la criatura sólo puede armonizarse con su amor humillándose; el primer punto de un círculo sólo puede completar la circunferencia por el contacto con el último punto. Si el alma no se humilla y se enorgullece, se desvía de la línea del círculo. El pecado es como un borrón, como quién por un movimiento desvía la línea del círculo. El pecado es como el borrón en la amorosa línea que une la nada al todo. María Santísima fue la más humilde de las criaturas, y por esto Dios Infinito se sirvió de Ella, mirándola con un infinito amor.

El Magnificat del alma salvada

El alma del Purgatorio es salvada, pero se purifica entre los dolores porque ve sus miserias e imperfecciones, no ya con la medida de la estirada conciencia que tenía en la vida, sino en la proporción de la santidad. ¿Cómo podemos nosotros considerar de poca importancia el pecado venial que ofende la Majestad Infinita de Dios? Y ¿Cómo podemos creer demasiada severa la justicia de Dios en las penas del Purgatorio? No es severidad, es exigencia de la purificación, es deseo del alma que apreciando a la luz de Dios, las proporciones de sus errores, pide purificarse aún a costa de grandes dolores. Sabe que se trata de ver a Dios, y que el gozo sería tormento si permanece en ella una sola mancha. ¿Podría parecer exagerada la intensidad y duración de la purificación del alma manchada? No, porque debe ver a Dios y gozarlo en una inefable alegría, cual límpido cristal inundado de sol, y cada pequeña mancha se lo impediría.

El telescopio del Monte Palomar  


Se lo haré entender con una comparación científica. Sobre el Monte Palomar, en América, está instalado el más colosal telescopio del mundo, que acerca el cielo estrellado al ojo que lo mira, de millones de años luz. Las distancias en el cielo estrellado no se miden con metros o kilómetros, sino con recorrido de luz. Esta, en un minuto recorre 18 millones de kilómetros. En una hora, en un día, en un año ¿cuántos kilómetros recorrerá? Es una medida que da vértigo. Ahora bien, para acercar al ojo el cielo estrellado, ha sido necesario este telescopio gigantesco, cuyo lente tiene un diámetro de 5 metros y está montado en una cúpula con una abertura al cielo, que es más grande que la de San Pedro en Roma. Para lograr que el lente fuera puro y limpio, sin ninguna imperfección, es decir, ni una pequeñísima mancha, se necesitó 12 años de trabajo, empleando para purificarlo, 70 toneladas de abrasivo especialísimo. Terminada esta larga purificación, para transportar el lente sobre el monte de modo que no se dañara, se debió perforar el cerro con un vasto túnel, fue necesario construir puentes y caminos especiales. Puesto el lente en el telescopio y apuntando al cielo estrellado por la abertura de la cúpula, se comenzaron las observaciones, pero era y es prohibido, a toda persona, fuera del científico, entrar a la cúpula, porque la respiración de una sola persona, aún en un colosal ambiente impediría la completa y límpida observación del astro.¿Ustedes comprenden? Para observar una estrella era imprescindible tan absoluta pureza en un lente, tan prolongados y penosos trabajos de tantos operarios. El alma nuestra no va a observar una estrella sino a Dios, y va a observarlo no con un lente, sino con la luz de la gloria, y esta luz no puede iluminarla totalmente si queda en ella una mancha que pueda oscurecerla. A estas reflexiones que son estrechas y rigurosamente científicas, ¿quién podría acusar a la justicia divina? Pero más que justicia, es misericordia, y nunca como en el Purgatorio la justicia y la misericordia se han abrazado en el beso del amor, nunca una criatura en estado de gracia ha anhelado tanto la perfección como un alma que purga. Es un baño que debe hacer, y no lo encuentra ni largo ni injusto, porque debe presentarse limpia a las nupcias eternas de la felicidad sin fin.