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viernes, 11 de noviembre de 2016

Ite Missa Est

11 de noviembre
San Martín, obispo de Tours.
(†400)

Epístola – Sab; XLIV,16-27; LV, 3-20
Evangelio – San Lucas; XI, 33-36

El caritativo y celoso san Martín fue oriundo de Sabaria en la Panonia (Hungría). A la edad de diez años se hizo catecúmeno contra la voluntad de sus padres, que eran gentiles; y a los quince, en virtud de un decreto imperial fue alistado en la milicia, como hijo que, era de un tribuno militar: y sirvió en el ejército de Constancio, y después en el de Juliano el Apóstata. Entrando un día de invierno en Amiens, pidióle limosna un pobre, desnudo y temblando de frío; y como Martín no tuviese qué darle, sacó la espada, cortó por medio la capa; y dio la mitad al mendigo. Este era el mismo Salvador, como lo manifestó apareciéndosele la noche siguiente rodeado de ángeles, y diciéndole estas palabras: «Martín, siendo aun catecúmeno, me cubrió con este vestido.» Después de este tan señalado favor, recibió el santo bautismo; y propuso dejar las armas, para entregarse del todo al servicio de su divino rey Jesucristo. Partióse luego a Poitiers en busca del santo obispo Hilario: y con su magisterio aprovechó tanto en la virtud, que san Hilario le hubiera ordenado de diácono, si él por su humildad no lo rehusara, prefiriendo quedarse en el grado de Exorcista. Deseando convertir a sus padres, volvió a Hungría, su patria; y redujo a la fe a su madre y a otras muchas personas, pero no pudo acabar con su padre, que dejase la superstición de los paganos. Allí defendió la verdadera fe contra los arríanos, de los cuales fue azotado públicamente y desterrado. Pasó a Milán, y se encerró en un monasterio, de donde le arrojó la facción de aquellos herejes: y volviendo a las Galias en busca de san Hilario, edificó el monasterio de Ligugé, donde resplandeció con tan santa vida, que con sus oraciones resucitó dos muertos. Habiendo vacado la sede de Tours. Por universal aclamación fue escogido por obispo de aquella diócesis: y previendo su resistencia le sacaron del monasterio, con achaque de que fuese a visitar a un enfermo, y entonces le llevaron casi por fuerza a la iglesia de Tours. Edificó otro monasterio, donde vivió algún tiempo con ochenta santos monjes; convirtió in- numerables infieles, sanó un leproso con sólo besarle, sosegó en Tréveris un grave tumulto; y salía de él con tanta copia la gracia de los milagros, que hasta los pedazos de su vestido, las cartas que escribía y las pajas de su lecho obraban milagrosas curaciones. Habiendo compuesto en Candes ciertas diferencias, se sintió enfermo: y entendió que se llegaba el día de su muerte, por la cual suspiraba. Decíanle llorando sus discípulos: «¿Por qué nos dejas, oh Padre? ¿A quién puedes encomendarnos que nos consuele en nuestra orfandad?» Enternecido él, decía: « ¡Señor! si todavía soy necesario a tu pueblo, no rehusó el trabajo»: mas como, el Señor le llamaba para sí, expiró plácidamente a la edad de ochenta y un años; y su alma fue vista subir al cielo llevada en manos de los ángeles.

Reflexión: ¿Cómo se explica la heroica caridad de san Martín para con los pobres y necesitados? Es que veía constantemente en sus prójimos, especialmente en los pobrecitos, la persona de Cristo nuestro Señor. ¡Oh, si nosotros le imitáramos en esta parte! ¡Cuántas gracias recibiríamos de la mano de Cristo, a quien ellos representan!

Oración: Oh Dios, que conoces que por nuestras fuerzas no podemos subsistir; concédenos benigno que, por la intercesión de tu confesor y pontífice san Martín, seamos fortalecidos contra todos los males que nos cercan. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


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