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viernes, 28 de octubre de 2016

La Misa de Siempre - Mons.Marcel Lefebvre

Ven, Dios Santificador, omnipotente


Veni santificator omnipotens seteme
Ven, Santificador todopoderoso,
Deus: et benedic hoc sacrificium tuo
Dios eterno; y bendice este sacrificio,
sancto nomini preparatum.
preparado para gloria de tu santo nombre .

El Espíritu Santo, que obra el gran milagro de la transubstanciación, santifica a las almas durante la misa.

Nuestro Señor quiso entregarse a nosotros para comunicarnos esa llama de amor y ese fuego de caridad que había en El, bajando en cierto modo de la Cruz, viene a nosotros y se nos entrega como comida para comunicamos ese fuego de la caridad que hay en Él, el Espíritu Santo que, en cierto modo, lo devora y lo consume de amor a su Padre y al prójimo y este fuego se nos comunica en la sagrada Eucaristía que está llena del Espíritu Santo.  Y, eso mis queridos fieles, es lo que se nos comunica por la sagrada Eucaristía y por el sacerdote. ¡Qué cosa admirable! ¡Cosas tan hermosas ha hecho Dios! ¡Cómo deberíamos apreciar estos dones extraordinarios que Dios nos ha dado.

El Padre Froget, en la conclusión de su libro sobre el Espíritu Santo, dice: "¡Cuántos cristianos que poseen habitualmente la gracia y las energías divinas que la acompañan, permanecen, no obstante, tan débiles y flojos en el servicio de Dios, tan poco celosos por su perfección, tan inclinados a la tierra, tan olvidados de las cosas del cielo y tan fáciles de arrastrarse al mal! Por eso nos exhorta el Apóstol a no contristar al Espíritu Santo (Efe 4, 30) con nuestra infidelidad:”la gracia y, sobre todo, a no apagarlo en nuestros corazones". (1 Tes 5, 19) "Hay una causa que termina explicando por qué una semilla tan abundante de gracia muchas veces no produce sino una cosecha raquítica. Es que, conociendo sólo muy imperfectamente el tesoro que poseen, muchas veces sólo le tienen una débil estima y se esfuerzan poco por hacerlo fructificar. Con todo, i qué fuerza, qué generosidad, qué respeto de sí mismos, qué vigilancia, y también qué consuelo y qué alegría no les inspiraría este pensamiento constantemente considerado y piadosamente meditado: el Espíritu Santo habita en mi corazón! Ahí está, protector poderoso, siempre dispuesto a defenderme contra mis enemigos, a sostenerme en mis combates y a asegurarme la victoria. Amigo fiel, está siempre dispuesto a darme una audiencia y, lejos de ser una fuente de amargura y de molestia, su conversación da alegría y gozo. (Sab 8, 16) Ahí está, testigo siempre atento a mis esfuerzos y a mis sacrificios, contando, cada uno de mis pasos para recompensarlos un día, siguiendo todos mis movimientos, no olvidando nada de lo que hago por su amor y su gloria. “Qué palabras tan hermosas y tan alentadoras."

La incensación

La liturgia es una escuela de respeto. Se inciensa a los demás, a las almas, que son los templos del Espíritu Santo. Es una señal de respeto que debería ser una actitud habitual. No se debe pensar en que los demás tienen un alma hecha a la imagen de Dios y que es el templo del Espíritu Santo sólo al incensarlos, sino que es algo que tendría que transparentarse en nuestras actitudes y en nuestras relaciones habituales con los demás. No debería ocurrir que tengamos respeto por los demás únicamente en la liturgia. Todo esto tiene que empapar nuestra vida y llevamos a tener ese mismo respeto y humildad con los demás. Lo sagrado y lo divino inspiran respeto. Una de las características de la Fraternidad será el respeto a las almas bautizadas y tratar con respeto las cosas sagradas, en particular todo lo que se refiere a la acción sagrada por excelencia, el santo sacrificio de la misa. Por eso, no nos dejaremos llevar por esa corriente de vulgaridad y tosquedad, fruto de la desacralización. El respeto de sí mismo y de los demás será una característica particular del auténtico espíritu de la Iglesia. Los fieles e incluso los infieles son muy sensibles a esta manifestación del espíritu de la Iglesia y de Nuestro Señor. Es la verdadera manifestación del espíritu cristiano y de la civilización cristiana, civilización de respeto, fundada en la fe en lo sagrado y en lo divino, es decir, en Nuestro Señor, en todo lo que representa y en todo lo que emana de Él mismo.

El salmo 25: Lavabo

Lavabo inter innocentes manus meas:
et circumdabo altare tuum, Domine.
Ut audiam vocem laudis: et enarrem
universa mirabilia tua ..
dilexi decorem domus tue: et
locum habitationis gloriae tue.
Ne perdas cum impiis, Deus animam
meam: et cum viris
sanguinum vitam
meam. In quorum manibus iniquitates sunt:
dextera eorum repleta est muneribus.
Ego autem in innocentia mea ingressus
sum: redime me, et miserere mei.
Pes meus stetit in directo: in ecclesiis
benedicam te, Domine.
Gloria Patri ...
Sicut erat ...

Lavaré mis manos entre los inocentes
y rodearé, Señor, tu altar.
Para oír la voz de tu alabanza, y
pregonar todas tus maravillas.
Señor, he amado el decoro de tu
casa, Y el lugar donde reside tu
gloria No pierdas, Dios mío, mi alma con
los impíos, ni la vida mía con los
hombres sanguinarios:
En cuyas manos no se ve más que
iniquidad, Y cuya diestra está
colmada de sobornos.
Mas yo he procedido según mi
inocencia; sálvame, Señor, y apiádate
de mí.
Mi pie ha permanecido en el camino
recto; en las asambleas de los fieles
te bendeciré, Señor.
Gloria al Padre ...
Como era ...

Tenéis que amar cada vez más la casa de Dios; la casa del sacerdote es la Iglesia y de esa casa, lo que tiene que amarse antes que nada es: el altar. "Yo he amado, oh Señor, el decoro de tu casa, y la mansión de tu gloria" (Sal 25, 8): es lo que el sacerdote reza cada vez que se lava las manos. Por esto tenemos que procurar que esos lugares sean lugares que los fieles puedan amar y veneran para que, cuando entran en ellos, tengan el sentido de la grandeza de Dios. Esmerémonos en adornar la casa de Dios y hacerla digna del que vive en ella. Todo tiene que ser noble, grande, hermoso y ordenado, a imagen de Dios que está en el santuario, el templo no es primero la casa del pueblo de Dios, sino antes que nada: es la casa de Dios, domus Dei (Gen 18, 17)241, en donde el pueblo tiene que encontrar y hallar a Dios, y comunicarse con El. Profundamente convencidos de que la fuente de vida está en Cristo crucificado y, por lo tanto, en el sacrificio que nos ha legado, los miembros de la Fraternidad descubrirán con una alegría cada vez mayor que la Esposa mística de Nuestro Señor, nacida del corazón atravesado de Jesús, no toma nada tan a pecho como transmitir, con una magnificencia inspirada por el Espíritu Santo, este precioso testamento. De ahí los esplendores de la liturgia que canta a Jesús crucificado y resucitado. La Iglesia ha sabido presentamos y hacemos vivir de estos misterios de un modo realmente divino, que cautiva a los corazones y eleva a las almas. Todo ha sido preparado con un amor de esposa fiel y de madre misericordiosa. Todo es motivo de edificación en los lugares sagrados, las ceremonias, los ornamentos, los cantos, la elección de las oraciones del misal, del breviario, del pontifical y del ritual.  ¿Cómo podría pretender la desacralización el alma que vive  de su fe y que la modela con la de la Iglesia?

Antes de empezar la oración Suscipe, Sancta Trínítas, el sacerdote eleva su mirada a la Cruz del altar. El sacerdote hace este gesto nueve veces en la misa para manifestar el vínculo entre el sacrificio de la misa y el sacrificio de la Cruz.

Hay una Cruz mucho más hermosa que esas cruces de piedra, que en realidad no son vivas, sino sólo imágenes y esculturas. ¿Dónde está la Cruz viva? ¿Dónde está? ( ... ) Está ahí, en el altar, en cada misa después de la consagración, puesto que Nuestro Señor Jesucristo presente en el altar es el mismo que el que fue crucificado. Todos los católicos han tenido siempre amor por la misa y han sentido la necesidad de esta misa, algunas veces sin comprenderla bien, pero diciéndose: "Tengo necesidad de ir a misa". ¿Por qué? Porque tenemos necesidad de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, de unimos con ella en este valle de dolores y en esta tierra de exilio. Tenemos que sentimos sostenidos por esta Cruz de Nuestro Señor."¡Salve, oh Cruz, esperanza nuestra!" La Cruz es nuestra esperanza porque no es más que un camino, el camino a la vida «terna y a la gloria. Pero hay que pasar por la Cruz, hay que tomarla y llevada en pos de Nuestro Señor para llegar a la vida «terna. Este vía crucis tiene que ser el nuestro durante nuestra vida, para poder llegar así a la vida eterna."



Suscipe, Sancta Trinitas

Suscipe sancta Trinitas, hanc liblationem,
quam tibi offerimus ob memoriam passionis,
resurrectionis, et acensionis ]esu Christi Domini nostri:
et in honorem beatae Marie Semper virginis, et beati Joannis Baptistae, et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli,
et istorum, per omnium Sanctorum: ut illis proficiat ad honorem,
nobis autem ad salutem, et illi pro nobis intercederé
dignentur in caelis, quorum memoriam agimus in terris.
Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amén


 Recibe esta ofrenda:
Recibe, Trinidad santa, esta oblación
que te ofrecemos en memoria de la
Pasión, Resurrección y Ascensión de
Jesucristo, nuestro Señor; y en honor
de la bienaventurada siempre. Virgen
María, y de san Juan Bautista, y de los
santos apóstoles Pedro y Pablo, y de
estos Santos cuyas reliquias están en
esta ara, y de todos los Santos; para
que a ellos les sirva de honra, y a
nosotros nos aproveche para la
salvación; y se dignen interceder por
nosotros en el cielo aquéllos cuya
memoria veneramos en la tierra. Por el
mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Es la oblación de Nuestro Señor que glorifica a la Santísima Trinidad, y el alma unida a esta oblación participa a esta glorificación, siguiendo a los Apóstoles y a los mártires,

El sacrificio de la misa es una oblación, y esta oblación tiene que ser el modelo de la nuestra. Nuestra vida tiene que ser una oblación a Dios a través de Nuestro Señor Jesucristo, per Dominum nostrum Iesum Christum, siempre a través de Nuestro Señor Jesucristo y en unión con la oblación de Nuestro Señor Jesucristo. No hay otro camino para alcanzar la visión beatifica, la bienaventuranza, ni para alcanzar nuestro fin, que es Nuestro Señor Jesucristo. De ahí la importancia del sacrificio de la misa y la importancia del verdadero sacrificio. Los Apóstoles, después de Pentecostés, se reunían para celebrar los sagrados misterios, es decir la santa misa: "Para la fracción del pan." (Hech 2, 42) Todos los mártires han recibido la gracia y la perseverancia en la fe, y el valor de sufrir el martirio en estos Santos misterios que celebraban en lugares secretos, donde se escondían para que no los encontraran sus perseguidores. Las catacumbas son un testimonio de ello. En las catacumbas se ve por todas partes el recuerdo de este sacrificio celebrado por los primeros cristianos. La oblación del sacrificio de la misa continuará en el Cielo.  Seremos siempre víctimas ofrecidas a la gloria de Dios. Siempre estaremos bajo la influencia de la Pasión de Jesús y de su Cruz, y a Nuestro Señor le atribuiremos la gracia de la visión beatífica. Nuestro Señor Jesucristo seguirá ofreciéndose durante la eternidad en su Cuerpo Místico glorificado, en alabanza y acción de gracias a la Santísima Trinidad. Nosotros seremos pequeñas células vivas de Nuestro Señor Jesucristo, que cantaremos sus alabanzas por toda la eternidad.