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martes, 20 de septiembre de 2016

Memorias de de un mártir Cristero o “Entre las patas de los caballos”

Obispos: Leopoldo Ruiz y Flores Y Pascual Diaz y barreto firmando los "Arreglos"
LOS FAMOSOS ARREGLOS CON EL GOBIERNO TRAJO LA GRAN MENTIRA, DUDA, CONFUSION Y FUNDADO TEMOR, EN LAS FILAS CRISTERAS, ERA EL PRINCIPIO DEL FIN.

EL REGRESO LO HICE CON MAYOR RAPIDEZ, pues nuestro servicio de contraespionaje me proporcionó amplio salvoconducto, el cual, al parecer, estaba efectivamente en regla, con las firmas y sellos indispensables. En el campamento se convocó a reunión para dar a conocer el texto del Manifiesto del general Degollado y la Proclama del Padre Pedroza. La impresión fue alentadora y con renovados bríos se hicieron planes para las acciones de guerra por emprenderse. Los callistas permanecen posesionados de El Borbollón, La Mesa, Santiago y El Cuatro; pero no dan muestras de preparar otra ofensiva, y aun cuando nuestros nuevos campamentos están próximos a los suyos, no hay actividad, ni de patrullas siquiera.

Se aprovecha la calma para fortificar nuestras posiciones e intensificar la producción de bombas y granadas de mano, que ya se hacen en regular cantidad. De los mismos federales hemos aprendido en forma práctica el modo de protegemos contra ataques imprevistos y nuestros jefes estudian sus proyectos contando con planos de las regiones, gente que las conocen palmo a palmo e informes de nuestro servicio de espionaje.  A algunos se nos comisionó para llevar el mensaje del general  Degollado a los grupos que sin campamento fijo recorren la zona limítrofe entre los Estados de Colima y Jalisco. En el cono del volcán encontré un numeroso grupo, agobiado por el hambre y el frío. Al agotárseles el parque durante la ofensiva callista se remontaron a regiones inhospitalarias, donde hasta el agua escasea. Para comer tostaban maíz, y era éste casi su único alimento. No obstante, su ánimo es envidiable. Al jefe de ellos pregunté:

-¿Qué haces, Juan?

-Aquí nomás, haciendo hambre -me respondió.

-¿No temes que si no llega el socorro que esperan, esta situación pueda ser fatal?

-Pos. " el que ha de mora oscuras, aunque viva en velería -dijo.

-¿Tienes hijos?

-Tres y la gallinita echada. Como Dios me dé licencia, los he de hacer buenos cristeros.

No queriendo abandonar "los lugares que les habían encomendado defender", esperaban sufridamente les llegaran los pertrechos ofrecidos. Bajé por el rumbo de San Marcos, donde encontré al grupo de Tonila con muchos bríos y hostilizando constantemente al enemigo. Estando en su campamento apareció un avión del ejército, en el cual ondeaba una bandera blanca. Volaba en círculos y a baja altura, parecía en busca de lugar propicio para aterrizar, o en simple reconocimiento. Al pasar sobre nosotros lanzó cantidad de hojas de papel y soltó un bulto que no explotó al tocar tierra.  Mandamos ver de qué se trataba y recoger algunas hojas, que empezaban a caer. Decían así:

TERMINÓ LA LUCHA FRATRICIDA. Se reanudaron los cultos religiosos en todas las iglesias del país.-Declaraciones del Delegado Apostólico:  El Obispo Díaz y yo hemos tenido varias conferencias con el C. Presidente de la República, y sus resultados se ponen de manifiesto en las declaraciones que hoy expido. Me satisface manifestar que todas las conversaciones se han significado por un espíritu de mutua buena voluntad y respeto. Como consecuencia de dichas declaraciones hechas por el C. Presidente, el clero mexicano reanudará los servicios religiosos de acuerdo con las leyes vigentes.  Yo abrigo la esperanza que la reanudación de los servicios religiosos pueda conducir al pueblo mexicano, animado por un espíritu de buena voluntad, a cooperar en todos los esfuerzos morales que se hagan para beneficio de todos los de la tierra de nuestros mayores.

México, D. F., junio 21 de 1929. LEOPOLDO Ruiz, Arzobispo de Morelia y Delegado Apostólico.

DECRETO GENERAL DE AMNISTÍA.-El C. Presidente de la República concede inmediata amnistía a los hombres sobre las armas (cristeros) que estén dispuestos a rendirse. Los que tienen grado militar pueden conservar la pistola y el caballo. Se proveerán gratuitamente los medios de transporte a todos, hasta su casa, o lugar donde quieran dirigirse. -¡Cabo de puerta! ¿Pasa? -gritó uno.

-¡No pasa! -contestaron los demás y reímos de buena gana.

-¡A poco piensan éstos que les vamos a creer conociéndolos como los conocemos!

-Nos ofrecen pasaje para casa... vía panteón.

El que mandamos por lo que arrojó el avión llegó trayendo un bulto. Era un paquete bien empacado de periódicos de México y Guadalajara. A primera vista, eso sí, revestía seriedad, y ávidamente leímos noticias que no podíamos creer.

El Universal del día 22 de junio de 1929 trae en primera plana grandes fotografías de S. S. el Papa Pío XI y del Presidente Portes Gil. Su información dice:  

EL CONFLICTO TERMINÓ YA.

No es el ánimo de la Constitución, ni de las leyes, ni del Gobierno, destruir la identidad de la Iglesia Católica, ni de ninguna otra.  El registro de sacerdotes no quiere decir que el Gobierno registre a los que no han sido nombrados por su superior jerárquico.  El señor Presidente de la República, licenciado don Emilio Portes Gil, hizo anoche por escrito, las siguientes declaraciones:

He tenido pláticas con el Arzobispo Ruiz y Flores y el Obispo Pascual Díaz. Estas pláticas tuvieron lugar como resultado de las declaraciones públicas hechas por el Arzobispo Ruiz y Flores en mayo 2 y las declaraciones hechas por mí en mayo 8.  El Arzobispo Ruiz y Flores y el Obispo Díaz me manifestaron que los obispos mexicanos han creído que la Constitución y las leyes, especialmente la disposición que requiere el registro de ministros y la que concede a los Estados el derecho de determinar el número de sacerdotes, amenazan la identidad de la Iglesia dando al Estado el control de sus oficios espirituales. Me aseguran que los obispos mexicanos están animados por un sincero patriotismo y que tienen el deseo de reanudar el culto público, si esto puede hacerse de acuerdo con su lealtad a la República Mexicana y sus conciencias. Declararon que eso podría hacerse si la Iglesia pudiera gozar de libertad, dentro de la ley, para vivir y ejercitar sus oficios espirituales.  Gustoso aprovecho esta oportunidad para declarar públicamente, con toda claridad, que no es ánimo de la Constitución, ni de las leyes, ni del Gobierno de la República, destruir la identidad de la Iglesia Católica, ni de ninguna otra, ni de intervenir en manera alguna en sus funciones espirituales. De acuerdo con la protesta que rendí cuando asumí el Gobierno Provisional de México, de cumplir y hacer cumplir la Constitución de la República y las leyes que de ella emanen, mi propósito ha sido en todo tiempo cumplir honestamente con esa protesta y vigilar que las leyes sean aplicadas sin tendencia sectarista y sin prejuicio alguno, estando dispuesta la Administración a mi cargo, a escuchar de cualquier persona, ya sea dignatario de alguna Iglesia o simplemente de un particular, las quejas que pueda tener respecto a las injusticias que se cometan por la indebida aplicación de las leyes. Con referencia a ciertos artículos de la Ley que han sido mal comprendidos, también aprovecho esta oportunidad para declarar:

1.-Que el artículo de la Ley que determina el registro de ministros, no significa que el Gobierno pueda registrar a aquellos que no hayan sido nombrados por el superior jerárquico del credo religioso respectivo, o conforme a las reglas del propio credo.

2.-En lo que respecta a la enseñanza religiosa la Constitución y leyes vigentes prohíben en manera terminante que se imparta en las escuelas primarias y superiores, oficiales o particulares, pero esto no impide que en el recinto de la Iglesia, los ministros de cualquier religión impartan sus doctrinas a las personas mayores o a los hijos de éstas que acudan para tal objeto.

3.-Que tanto la Constitución como las leyes del país garantizan a todo habitante de la República el derecho de petición, y en esa virtud, los miembros de cualquier Iglesia pueden dirigirse a las autoridades que corresponda para la reforma, derogación o expedición de cualesquiera Ley.

Palacio Nacional, junio 21 de 1929. El Presidente de la  República.

E. PORTES GIL.

El efecto que la lectura produjo es indescriptible. Aquellos hombres inalterables e invencibles ante los sufrimientos, el peligro y la muerte, estaban anonadados sin saber qué pensar, ni qué actitud tomar. Monseñor Antonio Guízar y Valencia dijo a los periodistas:

"Este es el día más feliz de mi vida". Los señores Obispos de Michoacán y Tabasco expresaron gran satisfacción por los arreglos.

El reportero comenta que" en el rostro de ambos prelados, se veía una alegría, un contento inusitado". Las campanas de los templos se echaron a vuelo en la capital de la República y se dice que "reina gran entusiasmo entre los católicos al conocerse la buena nueva".  Deben ser satisfactorios los arreglos que han producido tal entusiasme a personas tan respetables y bien enteradas; pero nos inquieta pensar que tras eso de "el deseo de reanudar el culto público... si la Iglesia pudiera gozar de libertad dentro de la Ley", y el aviso de reanudación de los servicios religiosos "de acuerdo con las leyes vigentes", se oculta una trampa de consecuencias incalculables. No podemos olvidar que entre estas leyes hay algunas incompatibles con la libertad de que se habla en los mensajes cambiados, y por la cual han muerto tantos mexicanos. La Ley Calles que amplía y reforma el código penal declara que: Cualquier edificio en que se haga propaganda o enseñe un culto religioso pasará desde luego, de pleno derecho, al dominio directo de la Nación para destinarse exclusivamente al servicio de la misma.  Otro prohibe a quienes profesan algún culto usar fuera de los templos medallas y crucifijos que los caractericen, y establece arresto de quince días a los infractores y arresto mayor a los reincidentes. Además otros muchos semejantes.

Los diarios dicen que el 29 de junio se celebraron las primeras misas en los templos, y en los campos de la República aún peleábamos, ignorando esos acontecimientos. Discutimos la situación y decidimos continuar sobre las armas, mientras no recibiéramos órdenes directas de nuestros jefes de la Guardia Nacional. Al despedirme de los de Tonila, profundamente preocupado, les prometí procurar que les enviaran instrucciones lo más pronto posible, y partí para el cuartel general. Allí encontré más noticias, pero no eran menos desconsoladoras. Se dice que la Iglesia ha obtenido algunas ventajas, pero evidentemente el conflicto está en pie, puesto que subsisten las leyes que lo motivaron. Sólo se ha obtenido la promesa de que ya no se aplicarán con crueldad y denegándose sistemáticamente la justicia, como durante los días álgidos de la persecución, sino que se harán cumplir "sin tendencia sectarista y sin prejuicio alguno, estando dispuesto a escuchar las quejas... “Ni los mexicanos, ni la Iglesia, hemos recobrado la necesaria libertad, ni legalmente, ni de hecho; pero la situación ha cambiado substancialmente.

La Liga Nacional Defensora de la Libertad proclamó como una de sus principales metas la obtención de la libertad de cultos, y la reanudación de éstos en los templos da una apariencia formidable de libertad en este aspecto. También figuran en su programa otras libertades de primer orden, como son las de enseñanza, de asociación, de prensa, de acción social, política, etc., pero dentro de la nueva situación, ¿será humano y patriótico que la Guardia Nacional y la Liga, para reivindicar y reconquistar estas libertades, continúen en su acción armada?

Ha sido una lucha sin precedente en nuestra historia, porque careció del indispensable caudillo y se sostiene hace cerca de tres años, a costa de grandes sacrificios y heroísmos, inspirados en el amor a Cristo y en el ideal de libertad que los mexicanos llevamos muy dentro. No corresponde a la Iglesia responsabilidad en la resistencia armada; pero sabe que luchamos por ella. Ahora estima que no hay contradicción práctica en reanudar los cultos antes de que las leyes sean reformadas, ni en tolerar la vigencia de esas leyes, porque ahora se interpretan en sentido diferente al de 1926. Antes no se reconocía personalidad a la Iglesia y ahora sí, Antes la constitución de la Iglesia estaba legalmente al arbitrio de las autoridades civiles; ahora se declara que no existe el ánimo de destruir su identidad. En 1926 no se reconocía la jerarquía interna de la Iglesia, y en 1929, el Presidente trata con el Delegado Apostólico, en su calidad de "representante de los derechos de la Iglesia" y afirma que la mente de la ley no es «que el Gobierno pueda registrar a aquellos sacerdotes que no hayan sido nombrados por el superior jerárquico del credo religioso respectivo... “El Delegado Apostólico, en Pastoral del 26 de Junio de 1929 nos dice: