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domingo, 18 de septiembre de 2016

Los Novísimos o postrimerías del hombre - TEMAS DE MEDITACIÓN - Fr. Antonio Royo Marín, O.P.


Hay un más allá, lo testifica
la razón y la fe

Creo en la resurrección de los muertos
y en la vida eterna
.

INTRODUCCIÓN

1. "Morirás", fue dicho al primer hombre (Gen. 2, 17). La muerte, ley inexorable, universal, que nadie podrá abolir ni suspender.

2. ¿Y después...? ¿Irá todo a la nada? ¿Quedarán confundidos en trágico aniquilamiento el vicio y la virtud, el santo y el malvado, San Pablo y Nerón?

3. Hay una vida futura, un más allá eterno. "Yo les resucitaré en el último día", nos dijo Jesucristo (Jn. 6. 54). Es, además, una exigencia de nuestro ser, que no se resigna al aniquilamiento, que nos habla de eterna supervivencia. Es una exigencia de la razón, plenamente confirmada por la fe.

I. LA RAZÓN POSTULA EL MAS ALLÁ

A) Por el consentimiento y creencia universal de la humanidad.

1. Manifestados en los monumentos funerarios: necrópolis, suntuosos mausoleos, pirámides, urnas cinerarias... ¿Por qué todo eso?

2. Y en las costumbres de todas las civilizaciones: invocaciones a los muertos, honras fúnebres, culto a los antepasados...

3. Testimoniado por las creencias y doctrinas de las culturas y filosofías de todos los tiempos y lugares.

a) "Los buenos serán recompensados y los malos padecerán suplicios eternos; de esta creencia es el mundo entero" (Orígenes).

b) Todos los pueblos y razas han enseñado la vida de
ultratumba, designada con nombres diversos: El Tártaro, Ades, El Ormuz, Campos Elíseos...

B) Por la naturaleza del alma

1. Su naturaleza espiritual:

a) Lo espiritual es simple, indivisible, es decir, incorruptible por esencia, que no puede descomponerse.

b) El alma humana sólo podría dejar de existir por aniquilación, y esto sólo puede hacerlo Dios. Pero no está sujeta a una muerte propiamente dicha, que consiste en la desintegración de las partes de que un ser se compone.

2. Sus operaciones superiores:

a) El alma humana en su obrar está por encima de la materia. Conoce lo abstracto, lo universal, lo necesario, lo infinito.

b) Esta dimensión trascendente del obrar humano le hace capaz y destinado a una operación por encima de las limitaciones temporales y espaciales presentes.

3. Sus aspiraciones más íntimas y sus más naturales exigencias.

a) Ansia, primeramente de permanencia, de perduración más allá de esta vida. Y también exigencia de felicidad, de la plenitud que nos está vedada en esta tierra.

b) Estas tendencias son comunes a todos los hombres y en todos los tiempos. Se trata, pues, de tendencias naturales, es decir, inmersas en la misma naturaleza del hombre, y que, por lo mismo, tienen su origen en Dios como el hombre mismo. Son, pues, verdaderas.

C) Por exigencia de las mismas perfecciones de Dios

1. Su sabiduría. Todo lo creó perfecto (Gen. 1, 31). ¿Dejará manco al ser más noble dándole una capacidad para el vacío, un movimiento sin fin, unas tendencias que no serán satisfechas? 

2. Su bondad. Sería cruel poniendo una tendencia de perduración, un ansia de eterna felicidad, que nunca serán satisfechas. Es el suplicio de Tántalo.

3. Su justicia. La razón y la libertad del hombre piden una sanción moral suficiente que no se da en la tierra. Sufre el justo y goza el malvado. Luego debe existir un más allá donde cada uno reciba según sus méritos.

II. LO CONFIRMA LA REVELACIÓN Y LA FE

A) Parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro (Le. 16, 19-31)

1. Primera verdad que nos enseña: Hay otro mundo después de la muerte, que no es igual para todos. "Murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham: murió también el rico y fue sepultado en el infierno" (v. 22).

2. Segunda verdad: Hay un reino de los cielos, una vida eterna, un más allá feliz, premio para la virtud. "Hijo, acuérdate que Lázaro recibía males en vida y ahora es aquí consolado" (v. 25).

3. Hay también un infierno, castigo del pecado. "Murió el rico y fue sepultado en el infierno en medio de tormentos y' gritando dijo: ...estoy atormentado en estas llamas" (w. 22-24).

B) Otros testimonios de la Escritura

1. Existencia de una vida eternamente duradera para quienes obraron el bien.

a) Parábolas de reino de los cielos: la cizaña (Mt. 13, 24-30), el tesoro y la perla (Mt. 13, 44-46), la red (Mt. 13, 47-52), etc.

b) "Todo el que vive y cree en mí vivirá para siempre"
(Jn. 11,26).

c) "Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión de reino preparado para vosotros desde la creación del mundo" (Mt. 25, 34).

2. Existencia de un estado eterno de condenación.

a) Lo enseñan las mismas parábolas del reino de los cielos: la cizaña, la red que recoge peces buenos y malos, etc.

b) "Se despertarán, unos para eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión" (Dan. 12, 2).

c) "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles" (Mt. 15, 41).

3. El cielo es premio de la virtud y el infierno castigo de los pecados.

a) En la descripción del juicio final se da la razón de la salvación de unos y de la condenación de otros: "Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; peregriné y me acogisteis... Porque tuve hambre y no me disteis de comer..." (Mt. 25, 31-46).

b) Las bienaventuranzas (Mt. 5, 1-12) y las imprecaciones, "¡ay de vosotros!" (Mt. 23, 13-39). 

c) Esta enseñanza la recoge el Símbolo Atanasiano: "Los que obraron el bien irán a la vida eterna; pero los que obraron el mal, al fuego eterno".


CONCLUSION

Nuestro destino es eterno. Que seamos eternamente bienaventurados con una dicha superior a todo lo que podemos concebir, o eternamente desgraciados es algo que depende de nosotros. ¡Pensad siempre en la dimensión trascendente de todas vuestras obras!