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jueves, 29 de septiembre de 2016

LA ÚLTIMA CARTA DEL GENERAL ENRIQUE GOROSTIETA VELARDE

LA ÚLTIMA CARTA DEL GENERAL ENRIQUE GOROSTIETA VELARDE

*Muy estimado Sr. Eduardo Pérez Gorostieta, muy a mi pesar no me fue posible comunicarme con Ud., por este hermoso artículo o carta de su querido abuelo porque con su autorización la publicación de esta carta en nuestro blog no estaría supeditada a una admonición que sería muy justa. El motivo que me mueve es el de dar a conocer el carácter y temple de nuestro querido General tan denostado y ridiculizado en la cinta cinematográfica La Cristiada. Su servidor se encontraba en España cuando el gobierno español prohibió su exhibición en los cines del país, me alegró mucho esa decisión, pero el daño a su persona ya se había hecho en otros países. Quienes me han preguntado si podían ver o no esa película, he aconsejado que NO por respeto a la VERDAD y a quienes murieron por ella como su abuelo.

Con un saludo muy cordial se despide de usted su servidor:

*Arturo Vargas Meza Pbro.  Otro nieto de cristero.


En homenaje a los cristeros muertos En memoria de mis abuelos Ahora, a 75 años de distancia de la muerte del General Enrique Gorostieta, quiero escribir algo de la parte de la historia que no ha sido escrita, de la parte que ha estado silenciada. Me refiero a la figura del General como hombre; como persona con convicciones y creencias; como hombre con sentimientos, como hombre con debilidades y con flaquezas. Creo, que sin restarle validez a todos los documentos históricos y narraciones que a este respecto se han estudiado, la última carta del general nos pueda dar luz respecto a su persona. El motivo que me induce a escribir estas notas, es que creo que llegó el momento de utilizar el derecho de réplica que la familia no ha ejercido en estos 75 años. Pero quiero aclarar que es una réplica a la Historia, pues mucha de la literatura existente relativa al General, parte de elementos del discurso y archivos oficiales del Estado, los cuales lo mismo inventan, que contienen elementos difamatorios. Hacer pues esta réplica, me parece de elemental justicia, no sólo al General, sino a todos los que con él murieron. La última carta del General Gorostieta está dirigida a ciertos prelados con motivo de los arreglos que, sin tomar absolutamente en cuenta a los verdaderos combatientes, estaban llevando a cabo con el gobierno. Es el único documento público escrito por él sin intervención de terceras personas, y en el cual se demuestra sin necesidad de interpretaciones, su posición en el conflicto y sus ideas personales acerca de la índole de lucha, de la jerarquía eclesiástica, de la Liga, y de las personas que con él combatieron. Ningún escrito acerca del General estaría completo sin el documento más importante y el último que escribió en su vida. Este documento está fechado el 16 de mayo de 1929 en El Triunfo Jalisco. En esa carta el General señalaba al final de la misma: ...Creo de mi deber hacer del conocimiento de Uds. que vamos a sufrir en los próximos meses la más dura prueba de toda esta epopeya; que tenemos que hacer frente a una agudísima crisis que señalará nuestro triunfo o nuestra derrota, y se hace necesario que todos pongamos el mayor esfuerzo, y aprontemos mayor ayuda. Yo aseguro a Uds. que la Guardia Nacional cumplirá con su deber, pero pido que no se nos exija más allá del deber... Han transcurrido 75 años de que terminó el conflicto, y después de haber sido testigo de la evolución de las libertades que en materia de culto y de profesión de fe se han dado en el país, no podemos más que pensar, que efectivamente el movimiento popular triunfó, pues hoy podemos profesar la religión que deseemos, y celebrar nuestras misas dentro de las iglesias, en las plazas y sobre las calles. Y aclaro que esta última palabra la he escrito con minúscula, para no manchar de sangre este escrito.- ¡Jamás se escriba en horas de dolor!- decía José Martí,- porque de la pluma brotará sangre.- Por ello, la familia del General ha dejado pasar tanto tiempo. Para que curados los agravios y rencores, se emitieran juicios serenos. Para no confundir al lector respecto al texto del que hace alusión el primer párrafo de este escrito, quiero señalar que cuando me refiero a la última carta del General Enrique Gorostieta, me estoy refiriendo a la carta que mi abuelo Enrique envió a mi abuela Gertrudis (Tula); carta que está fechada el 17 de mayo (un día después de la carta a los prelados) y que contiene una posdata de envío del 30 de mayo (3 días antes de su muerte). Como ya se dijo, la carta consta de seis párrafos y una posdata de envío. Esta es una de 22 cartas que el General envió a su esposa entre 1927 y 1929, y que están en manos de mi madre, a quien agradezco que me haya autorizado citar parte del contenido de la última carta escrita por mi abuelo. La carta tal vez fue leída por mi abuela Tula después de conocer la noticia de la muerte de su esposo, pues habiendo sido enviada el 30 de mayo como señala la posdata No habiendo tenido manera de mandarte ésta hasta hoy 30 de Mayo, te participo...; es difícil que hubiera llegado más rápido que las noticias del fallecimiento de mi abuelo. En cualquier caso, esta carta debió haber tenido para mi abuela una connotación de despedida, sin haber sido ésta la intención inicial del abuelo. Por ello, si queremos entender al General, adentrémonos en lo real del movimiento, en su cotidianidad para así tal vez trascender la lucha y encontrar los motivos de su vitalidad. En la carta señala: ...Naturalmente que no se acaban los trabajos físicos, como son: dormir en el suelo, tener que caminar mucho, hoy desayunar y no cenar hasta el día siguiente, pero ya tu sabes que eso para mí son tortas y pan pintado... En este mismo contexto, volvamos a la vida real, y si observamos con sinceridad, podremos tal vez encontrar entendimiento y comprensión a lo que el General estaba viviendo y sufriendo, como se puede notar en el siguiente párrafo: Hoy he escrito a la Sra. recomendándole te ayude a fin de que estés perfectamente escondida y rogándole que nadie que no sea ella o Andrés tu hermano, sepan dónde te encuentras ni hablen contigo. Este deseo que sea como te digo; no hagas excepción ni con los míos ni con los tuyos ni con persona alguna. Más tarde en la postdata incluía: ...Sigue al pie de la letra lo que se refiere a tu reclusión. Que Dios te bendiga. Por otro lado, dejemos de lado el archivo oficial que el gobierno creó y guardó. Adentrémonos a la naturaleza humana. Observemos la vida de la época y el contexto revolucionario del México de 1929. Nuestros gobiernos no siempre han jugado limpio, y esa época no era la excepción. El General continuaba la carta diciendo: Nuestro movimiento ha tomado tal fuerza y el gobierno está tan de capa caída, que ya andan haciendo esfuerzos para localizar a las familias de los que andamos en el campo, a fin de ver si de esa manera logran reducirnos, ya que no lo pueden hacer por medio de las armas. Para quienes todavía pudieran tener duda de la naturaleza humana del General y de sus sentimientos humanos, ofrezco el siguiente párrafo, esperando no haber faltado a la promesa que hice a mi madre de no incluir párrafos con connotaciones íntimas, pero creo, que si hemos de entender cabalmente al General, al hombre de carne y hueso, estas palabras pueden dar luz sobre su ser: Yo comprendo que será una nueva prueba para ti, pero confío en tu fortaleza de espíritu y abnegación para el sufrimiento, para que la soportes y con ello corones la obra de amor y dulzura con que has sabido hacerme tuyo en lo absoluto. Creo firmemente que esto no ha de durar mucho y que pronto podremos reunirnos para siempre y entonces verás lo que en mi ha logrado tu conducta. Ahora, dejemos atrás las ideologías y los intereses, para así tal vez encontrar tranquilidad, sabiendo que estamos en presencia de actos propios de la naturaleza humana, y propios de quienes sienten sus libertades amenazadas. Que estamos ante convicciones que sólo los que las han tenido pueden entender, como la de emprender una lucha en la que se ha de entregar la vida. La vida no se da por pesos oro, la vida se da por lo que se cree. Mi abuelo continuaba así su carta: Mantente animosa, fíjate que lo que yo ando haciendo es un deber sagrado y convéncete de ello al considerar los millones de gentes que están rezando por mí y por mi causa... ...No flaquees por nada; no confundas los triunfos efímeros con los definitivos y fíjate en que la causa que defiendo es la del honor y la justicia y que esto es independiente del resultado final. Porque solo dejando de lado los intereses oficialistas al narrar la historia, se puede aspirar a ver el movimiento cristero sin prejuicios sectarios, para poder ver los resultados y las realidades del mismo. Tú por razón natural, vivirás más que yo y acuérdate de lo que ahora te digo: con mi esfuerzo, sea cual fuere el resultado práctico de esta lucha, ya he logrado un verdadero nombre para nuestros hijos. Cuando veo la trascendencia del movimiento 75 años después del mismo, y las manifestaciones de recuerdo y gratitud que para mi madre tienen todos los lugareños de Los Altos de Jalisco, quienes año con año realizan una cabalgata en honor del General Enrique Gorostieta, no puedo más que estar seguro que efectivamente logró un nombre para sus hijos, y que logró junto con todos los cristeros defender sus ideales y darnos la libertad de culto. La vida da oportunidades y ésta es una de ellas. Quiero agradecerle a la Historia esta oportunidad de réplica para ofrecer una visión de un hombre, al que nada humano le era ajeno y al que Dios ubicó a combatir en la mejor trinchera y la batalla más justa. La Historia así lo demostró.

Eduardo Pérez Gorostieta mayo 17, 2004 Monterrey, Nuevo León, México