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jueves, 4 de agosto de 2016

MONSEÑOR DE SÉGUR - EL INFIERNO, SI LO HAY, QUÉ ES, MODO DE EVITARLO.

¿DÓNDE ESTÁ EL FUEGO DEL
INFIERNO?


Se preguntará tal vez dónde está el fuego del infierno, y qué lugar ocupa. La revelación cristiana y la enseñanza católica están de acuerdo para manifestarnos los abismos ardientes del fuego central de la tierra como el lugar donde serán precipitados  después de la resurrección los cuerpos de los condenados. Así es que el célebre Catecismo del Concilio de Trento, nos dice con todas las letras que el infierno está“ en el centro de la tierra, in medio terrae”. Es también la enseñanza formal de Santo Tomás, quien, sin embargo, no lo presenta sino como la opinión más probable. Aunque nadie, dice, conozca de una manera cierta dónde está el infierno, a menos de no habérselo revelado directamente el Espíritu Santo, hay motivos para creer que es debajo de tierra. Primeramente, porque parece indicarlo su nombre: infernus, infier  No hemos encontrado esta referencia en el Catecismo Romano del Concilio de Trento. (N . del E .). no, quiere decir lo que está debajo, un lugar inferior con respecto a la tierra; en segundo lugar, dícese en la Escritura2 que los réprobos están debajo de la tierra, subtus terram.

Además, se dice en el mismo Evangelio y en las Epístolas de San Pablo, que el Viernes Santo el alma de Nuestro Señor, momentáneamente separada de su cuerpo, bajó "al corazón de la tierra, in corde terrae” , y "en los lugares inferiores de la tierra, inferiores partesterrae”. Sabemos que fue a llevar la noticia de la redención y de la salvación a los justos de la antigua Ley, que desde el principio del mundo habían creído en Él y lo aguardaban llenos de esperanza y de amor en la paz de los limbos; sabemos que fue a refrigerar y librar a las almas que estaban entonces en el purgatorio y acababan de expiar allí sus faltas para pasar a los limbos; finalmente, que bajó hasta a los infiernos, descendit ad inferos, para manifestar a Satanás, a todos los demonios y a los condenados su divinidad y su triunfo sobre el pecado, el mundo y la carne. Pues bien de todo esto resulta, si no con evidencia, a lo menos con mucha fuerza, que el lugar del infierno es y será el centro de la tierra, que todos los geólogos nos representan por otra parte como un inmenso océano de fuego, azufre y betún en fusión, y como una cosa tan horrible al par que tan poderosa, que nada de esta vida puede darnos de ello una idea. Añadamos que en el lenguaje de las Escrituras el Espíritu Santo presenta siempre el infierno como un abismo donde son precipitados, o caen o descienden los condenados; palabras que expresan necesariamente un lugar, no sólo inferior, sino también profundo. Éste es también el lenguaje universal de la Iglesia, de los Santos Padres y de los teólogos, y hasta de todo el mundo. Por último, a pesar de sus alteraciones, las tradiciones del paganismo, principalmente, entre los griegos y los latinos, vienen a confirmar el sentimiento que aquí resumimos, pintando el lugar de los castigos de la otra vida como una vasta región subterránea, en la que reina el sombrío dios Plutón, caricatura mitológica de Satanás, donde el fuego y las llamas representan el papel principal, como ya hemos dicho, y donde se ven bajo el nombre de Campos Elíseos otras regiones también subterráneas, en las que reinan cierta paz y cierta dicha melancólica, curioso reflejo de la verdadera tradición sobre los limbos de los antiguos justos. Añadamos, finalmente, la observación de San Agustín , referida por Santo Tomás, de que después de la muerte el cuerpo es enterrado, es decir, bajado y depositado en la tierra para expiar el pecado por la putrefacción, y que parece a lo menos conveniente que el alma, que debe expiar el mismo pecado, ya sea como purificación en el purgatorio, ya sea como castigo en el infierno, tenga que bajar también para encontrar en los lugares inferiores el fuego vengador encendido por la Justicia divina.


De todo esto, ¿no podemos y debemos concluir que el infierno con su horrible fuego tiene por asiento especial el centro de la tierra, donde arde con la mayor intensidad el fuego del abismo? Observemos, no obstante, que ese fuego natural está sobrenaturalizado por la omnipotencia de la Divina Justicia, a fin de producir todos los efectos que reclama esta adorable y terrible Justicia, entre otros el de alcanzar y penetrar los espíritus, no menos que los cuerpos, no consumir los cuerpos de los condenados, sino por el contrario, conservarlos, según estas terribles palabras del mismo Soberano Juez: "En la cárcel del fuego que no se apaga nunca, todos [los condenados] serán salados por el fuego, igne salietur” Así como la sal penetra y conserva la carne de las víctimas, del mismo modo y por un efecto sobrenatural, el fuego corpóreo del infierno penetra, sin consumirlos nunca, a los condenados y a los demonios.