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miércoles, 24 de agosto de 2016

LA MISA NUEVA - Mons.Marcel Lefebvre

LA MISA NUEVA

2º Parte

EL NUEVO RITO DE LA MISA
NO ES OBLIGATORIO
( 13-5-71)



Señoras y señores:

Esta tarde hablaré de la misa evangélica de Lutero y de las semejanzas asombrosas del nuevo rito de la misa con las innovaciones rituales de Lutero. ¿Por qué estas consideraciones? Porque nos las inspira la idea de ecumenismo que presidió la Reforma litúrgica, según palabras del propio presidente de la Comisión; porque si se probare que esa filiación del nuevo rito existe de verdad, el problema teológico, es decir, el problema de la fe no puede dejarse de plantear de acuerdo con el conocido adagio de "Lez orandi, lez credendi".  Pues bien, los documentos históricos de la Reforma litúrgica de Lutero resultan muy instructivos para explicar la Reforma actual,  Para comprender con claridad cuáles fueron los objetivos de Lutero en esas reformas litúrgicas, debemos recordar brevemente la doctrina de la Iglesia referente al sacerdocio y el Santo Sacrificio de la misa. "In Missa offertur Deo, verum et propríum Sacrificium" (De fide divina catholica definíta), ("En la Misa se ofrece a Dios un verdadero Sacrificio propiamente dicho". De fe divina y católica definida). El que negaré esta proposición sería hereje.

"Todo sacrificio necesita un sacerdote, una Víctima y una acción sacerdotal por la cual la víctima es ofrecida". "In Missa et in Cruce eadem est Hostia et idem Sacerdos principalis". (De fide divina catholica definita). "En la Misa y sobre la Cruz, la Víctima y el Sacerdote principal son los mismos". (De fe divina y católica definida). "Hostia seu Victima est ipse Christus praesens sub speciebus panis et vini" (De fide divina catholica definita). "El Oblato o Víctima es Cristo mismo, presente bajo las especies del pan y del vino". (De fe divina y católica definida). Sería herético, igualmente, el que negare estas dos últimas proposiciones.

Tres realidades son pues esenciales para la realidad del Sacrificio de la Misa:

·        el sacerdote ("Sacerdotes, illique soli, sunt ministri"; de fide divina catholíca: "Los sacerdotes, y ellos solos, son ministros"; de fe divina y católica), el cual tiene "carácter" sacerdotal;

·        La presencia real y substancial de la Víctima, que es Cristo;

·  La acción sacerdotal de la oblación sacrificial, que se cumple esencialmente en la consagración.

No olvidemos que son precisamente las tres verdades fundamentales que son negadas por los protestantes y por los modernistas. No olvidemos que, como expresión de su rechazo a la fe en estos dogmas, sus misas fueron cambiadas en "culto", en cena o en asamblea eucarística, donde la lectura de la Biblia, la palabra, se desarrolló fuertemente, en perjuicio del ofertorio y de la liturgia del Sacrificio.

A excepción de algunas ventajas accidentales de importancia limitada, o mejor dicho de la única ventaja de "la lectura de la Epístola y del Evangelio en lengua vernácula, se debe decir, desgraciadamente que toda la reforma atenta, directa o indirectamente, a estas tres verdades esenciales de la fe católica. No se trata, pues, de una reforma litúrgica como la de San Pío X, sino, sin duda alguna, de una nueva concepción de la Misa.

Todo lo que está presente de hecho por las novedades se refiere a esta concepción, más próxima de la concepción protestante que de la católica; Las declaraciones de los protestantes que contribuyeron a esta reforma ilustran de manera ingenua y afligente esta verdad: "Los protestantes ya no ven más qué les impediría celebrar el nuevo Ordo". Uno puede preguntarse entonces si, ya que la fe católica en las verdades esenciales de la Misa desaparece insensiblemente, la validez de la 'Misa no desaparece igualmente. La intención del celebrante se conformará a la nueva concepción de la Misa, que no será pronto otra cosa que la protestante. En ese momento la Misa no será más válida.

Ahora bien, debemos darnos cuenta muy claramente de que la Misa no es solamente el acto religioso más importante, sino que es la fuente de toda la doctrina católica, la fuente de la Fe y de la moral: de la moral individual, de la moral familiar y de la moral social. Del Sacrificio de la Cruz, continuado sobre el altar, y de ninguna otra parte fluyen todas las gracias que permiten a la sociedad cristiana  vivir y desenvolverse; dejar secar esta fuente significa aniquilar sus efectos.

Estos efectos, los frutos del Espíritu Santo, que San Pablo describe tan elocuentemente a los Gálatas (5, 22), (Los frutos del espíritu son: caridad, paz, gozo, longanimidad, afabilidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.) están a punto de desaparecer de esta sociedad. Todas las familias están divididas, las órdenes religiosas y las parroquias se ven alcanzadas por el virus de la discordia; los obispos, los cardenales mismos están alcanzados por él.

La Misa católica ha tenido siempre por efecto -y lo tiene todavía- elevar a los hombres hasta la Cruz y unirlos en Nuestro Señor Jesucristo crucificado y debilitar en ellos los fermentos del pecado que engendran las divisiones. Cuando la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo desaparezca, cuando su Cuerpo y su Sangre no se hagan más presentes entre los hombres, éstos no se encontrarán sino alrededor de una mesa desierta y sin vida; nada los unirá más.  De ahí este descorazonamiento y este sombrío disgusto que comienza a expandirse por todos lados, de ahí esta crisis de vocaciones que no tienen más objeto, de ahí esta secularización y desacralización del sacerdote que no encuentra más su razón de ser, de ahí este apetito del mundo. Por culpa de esta concepción protestante de la Santa Misa, Jesucristo abandona poco a poco las iglesias, que son a menudo profanadas.

La concepción de esta reforma, la manera en que ha sido publicada con una serie de ediciones modificadas, la manera con que ha sido hecha obligatoria, a veces de manera tiránica como por ejemplo en Italia, la modificación de la definición de la Misa, sin ninguna consecuencia en el rito mismo, constituyen hechos sin precedentes en la Tradición de la Iglesia Romana, que ha procedido siempre "cum consilio et sapíentia" (con reflexión y sabiduría). Ellos nos autorizan a poner en duda la validez de esta legislación y a obrar según el Canon 23: "En el caso de duda sobre la validez de una ley no se presuma la revocación de la ley precedente, sino que las leyes posteriores se han de cotejar con las anteriores y, en cuanto sea posible, han de conciliarse con ellas".


Subsisten un solo deber absoluto y un solo derecho absoluto, a saber: la preservación de la Fe. Y la Santa Misa es su expresión más viva y la fuente divina; de ahí su importancia primordial.