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sábado, 6 de agosto de 2016

Ite Missa Est

6 DE AGOSTO

LA TRANSFIGURACION DE NUESTRO SEÑOR

Epístola – II Pedro; I, 16-19
Evangelio – San Mateo; XVII, 1-9


"Oh Dios, que, en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito, confirmaste los Misterios de la fe con el testimonio de los Padres, y declaraste admirablemente, por medio de la voz salida de la luminosa nube, la perfecta adopción de hijos: haz propicio que seamos coherederos del mismo Rey de la gloria y partícipes de su misma gloria." Noble fórmula que resume la oración de la Iglesia y nos da su pensamiento en esta fiesta de testimonio y de esperanza."

SENTIDO DEL MISTERIO. — Mas, es necesario hacer notar que la memoria de la gloriosa Transfiguración se ha hecho ya dos veces en el Calendario Litúrgico; el segundo Domingo de Cuaresma y el Sábado que le precede. Con lo que se nos quiere significar, que la solemnidad presente tiene menos objeto recordar el hecho histórico ya conocido, que el misterio permanente que se saca de él; menos el favor personal que honró a Simón Pedro ya los hijos del Zebedeo que el cumplimiento del mensaje de que fueron ellos encargados de comunicar a la Iglesia: "No digáis a nadie esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos?". La Iglesia, que nació del costado del Hombre Dios, abierto en la Cruz, no debía encontrarse con él cara a cara, cuando, resucitado de entre los muertos, hubiese sellado su alianza con ella en el Espíritu Santo, sola la fe tenía que sostener su amor. Pero, con el testimonio que suple a la vista, no faltaba nada a las legítimas aspiraciones de conocer.

LA ESCENA EVANGÉLICA. — P o r eso, u n día de su vida mortal, dando tregua a la ley común de sufrimiento y oscuridad que se había impuesto para salvar al mundo, dejó resplandecer la gloria que llenaba su alma dichosa. El rey de los Judíos y de los Gentiles se revelaba sobre la montaña en la que su esplendor sosegado eclipsaba para siempre los rayos del Sinaí. El Testamento de la alianza eterna se mostraba, no ya en la promulgación de una ley de servidumbre, grabada sobre la piedra, sino en la manifestación del mismo Legislador, que venía en la figura de Esposo a reinar por la gracia y la hermosura sobre los corazones. La profecía y la ley que prepararon sus caminos en los siglos de espera, Elias y Moisés, que venían de lugares diferentes, se encontraban ante El, cual emisarios fieles en el punto de la cita; haciendo honores al Dueño común de su misión, se eclipsaban en su presencia a la voz del Padre que decía: ¡Este es mi Hijo muy amado! Tres testigos más autorizados que los demás asistían a esta escena solemne: el discípulo de la fe, el del amor y el otro hijo de Zebedeo que debía sellar el primero con su sangre la fe y el amor apostólicos. Según se lo habían mandado, guardaron religiosamente el secreto hasta el día en que convenía que sus bocas predestinadas pudiesen comunicarle.

DATA DE LA FIESTA. — ¿Fué siempre precioso para la Iglesia este día? Varios lo afirman. Por lo menos era conveniente que el recuerdo de esta fiesta se celebrase en el mes de la Sabiduría eterna: Destello de la luz increada, espejo sin mancha de la bondad infinita'. Hoy, los trascurridos siete meses después de la Epifanía manifiestan plenamente el misterio cuyo primer anuncio alumbró con destellos tan dulces el Ciclo desde el principio. En virtud del septenario revelado otra vez aquí, los comienzos de la esperanza han aumentado como el Hombre Dios y la Iglesia y esta, establecida en la paz del pleno crecimiento, llama a todos sus hijos para que crezcan como con la contemplación del Hijo de Dios hasta la medida de la edad perfecta de Cristo. Así comprendemos porque se han tomado, en la Liturgia de este día fórmulas y cantos de la gloriosa Teofanía: Levántate Jerusalén, ilumínate, porque tu luz ha llegado y se ha levantado sobre ti. El motivo es porque, la Esposa, resplandeciente también ella con la claridad de Dios ha sido glorificada en la montaña con el Señor.

EL VESTIDO DE CRISTO. -•- Mientras "su faz resplandecía como el sol", dice el Evangelio hablando de Jesús, sus vestidos se tornaron blancos como la nieve Ahora bien, estos vestidos, que brillan como la nieve, dice S. Marcos, que no hay batanero que los pudiera hacer más blancos sobre la tierra ¿qué son sino los justos, inseparables del Hombre-Dios y su adorno regio, sino el vestido sin costura, que es la Iglesia, y que María continúa tejiendo para su Hijo con la lana más pura y con el lino más hermoso? Por eso, aun que el Señor, habiendo pasado el torrente del sufrimiento, haya entrado personalmente en su gloria, el misterio de la Transfiguración no estará completo sino hasta el momento en que el último de los elegidos, habiendo pasado él mismo por la preparación laboriosa de la prueba y gustada la muerte, se haya juntado con la cabeza en su Resurrección. Rostro del Salvador, embeleso de los cielos, entonces brillará en ti todo: la gloria, la hermosura y el amor. Expresando a Dios en la semejanza perfecta del Hijo como hombre, extenderéis la complacencia del Padre, al reflejo de su Verbo que hace a los hijos de adopción, gozándose en el Espíritu Santo hasta en las últimas franjas del manto que llena con el templo.

EL MISTERIO DE LA ADOPCIÓN DIVINA. — En efecto, según la doctrina de Santo Tomás, la adopción de los hijos de Dios que consiste en una conformidad de imagen con el Hijo de Dios por naturaleza puede darse de dos modos: primero por la gracia de esta vida, y esta es la conformidad imperfecta, y segundo por la gloria de la patria y esta es la conformidad perfecta, según aquellas palabras de S. Juan: "Nosotros somos desde ahora los hijos de Dios y, sin embargo, no aparece lo que seremos más tarde; sabemos que cuando aparezca Jesús, le seremos semejantes porque le veremos así como es él*". La palabra eterna: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy  ha tenido dos ecos en el tiempo: en el Jordán y sobre el Tabor, y Dios, que no se repite nunca' no ha hecho en esto excepción a la regla de no volver a decir lo que dijo una vez, pues aunque los dos términos empleados en las dos circunstancias sean idénticos, con todo eso no tienden los dos al mismo fin, prosigue diciendo siempre Santo Tomás, sino para mostrar el modo diferente con que el hombre participa de la semejanza de la filiación eterna. En el Bautismo del Señor, donde fué declarado el misterio de la primera regeneración, como en su Transfiguración que nos manifiesta la segunda, la Trinidad apareció toda: el Padre en la voz, el Hijo en su humanidad, y el Espíritu Santo, primero en forma de paloma, después en la nube luminosa; pues si en el bautismo confiere la inocencia que está representada por la sencillez de la paloma, en la Resurrección dará a los elegidos la claridad de la gloria y el frescor rejuvenecedor que están significados por la nube luminosa.

ENSEÑANZA DE LOS PADRES. — "Subamos a la montaña, exclama S. Ambrosio; supliquemos al Verbo de Dios que se nos muestre en su esplendor y hermosura; que se fortifique, que progrese felizmente y que reine en nuestras almas. ¡Pues, oh misterio profundo! según tu medida crece o decrece en ti el Verbo. Si no alcanzas esa cima más elevada que el pensamiento humano, no se te aparece la Sabiduría; el Verbo se te muestra como en un cuerpo sin brillo ni gloria." Si la vocación que se te manifiesta en este día tan grande y tan santa, entonces "reverencia al llamamiento de Dios", dice a su vez Andrés de Cretano te desconozcas a ti mismo, no rechaces Un don tan grande, no te muestres indigno de la gracia, no seas tan flojo en tu vida que pierdas este tesoro celestial. Deja la tierra en la tierra, y a los muertos que entierren a sus muertos; despreciando todo aquello que pasa, todo aquello que muere con el siglo y la carne; sigue inseparablemente hasta el cielo a Cristo que por ti caminó por este mundo. Que el temor y el deseo te ayuden para apartar de ti la desconfianza y guardar el amor. Entrégate todo entero; se dócil al Verbo en el Espíritu Santo, para seguir el fin tan dichoso, tan puro como es tu deificación con él, goce de bienes inenarrables. Por el celo de las virtudes, por la contemplación de la verdad llega a la Sabiduría que esel principio de todo y en la que subsisten todas las cosas.

HISTORIA DE LA FIESTA. — Los orientales celebran esta fiesta desde hace muchos siglos. Ya festejaba en Armenia a comienzos del siglo iv con el nombre de "llama de la rosa, rosae coruscatio." Suplantó a una fiesta de las flores que se celebraba en honor de Diana y figura entre las cinco fiestas principales de la Iglesia de Armenia. Los griegos la celebran el séptimo Domingo después de Pentecostés, aunque su Martiriólogo la menciona el 6 de Agosto. En Occidente se ha celebrado de un modo especial desde el año 1457, fecha en que el Papa Calixto III promulgó un nuevo oficio y la hizo obligatoria en acción de gracias por la victoria conseguida el año precedente sobre los turcos, junto a los muros de Belgrado. Mas esta fiesta, celebrada ya en iglesias particulares, Pedro el Venerable, Abad de Cluny, había mandado que se solemnizase en todas las iglesias de su Orden cuando, en el s. XII, Cluny tomó posesión del monte Thataor.

LA BENDICIÓN DE LAS UVAS. — Existe la costumbre entre los griegos, y entre los latinos, de bendecir en este día las uvas nuevas. Esta bendición se da en la misa, al fin de la oración Nobis quoque peccatoribus. Los liturgistas, con Ricardo de Cremona, nos han dado la razón del porqué se hace este día. La Transfiguración es un anticipo de lo que será el estado de los fieles después de su resurrección y por eso se consagra la sangre del Señor con vino nuevo, si posible haberlo a mano, para significar lo que se escribe en el Evangelio: "Ya no beberé más del fruto de la viña hasta que lo beba de nuevo con vosotros en el reino de mi Padre". Terminemos con el rezo del himno de Prudencio que la Iglesia canta en las Vísperas y en los Maitines del día:

HIMNO

Los que buscáis a Cristo, levantad vuestros ojos a lo alto; allí contemplaréis el signo de su gloria eterna. La luz brillante muestra a Aquel que no conoce término, al Dios sublime, inmenso, sin límites, cuya existencia es anterior a la del cielo y del caos. Es Rey de las naciones, Rey del pueblo judío, prometido hace siglos al Patriarca Abraán y a su descendencia. Los profetas son testigos, y, mediante su garantía, El mismo es también testigo, el Padre nos manda escucharle y creerle. Oh Jesús, gloria a ti, que te manifiestas a los pequeñuelos, con el Padre y el Espíritu Santo en los siglos infinitos. Amén.