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jueves, 18 de agosto de 2016

Ite Missa Est

18 de agosto

SAN AGAPITO,
MARTIR


La Iglesia hace memoria en este día de un mártir de Palestina, no lejos de Roma: San Agapito. Fué decapitado el 18 de agosto de 270 "entre las dos columnas" que se levantaban en una encrucijada de los alrededores de la ciudad. Leemos en su pasión que tenía 15 años cuando sufrió el martirio. El ejemplo intrépido que dio este jovencito en un tiempo en que las persecuciones se habían interrumpido en todas partes, impresionó hondamente a sus contemporáneos. También a nosotros nos invita a estar siempre prontos a derramar nuestra sangre por Cristo, aunque parezca que no tenemos cerca la amenaza. Desde el siglo v, Roma levantó una basílica a San Agapito, y su culto se extendió rápidamente por toda la cristiandad. Sus reliquias se quedaron, con honor, en un principio en Penestre (hoy Palestrina), y desde el siglo xv están en Corneto, menos la cabeza que fué restituida a su ciudad natal.


Oración: "Alégrese tu Iglesia, oh Dios, confiada en los sufragios de tu santo mártir Agapito: y por sus preces gloriosas, permanezca devota y continúe segura. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén."

EL MISMO DIA
SANTA ELENA, VIUDA


Constancio Cloro, en su juventud, se casó con Elena, atraído de su belleza y de sus virtudes; pero, al llegar a ser emperador, la tuvo que repudiar por su modestísimo origen. Su hijo Constantino, por el contrario, al suceder a su padre, quiso honrar a su madre y la elevó a la dignidad imperial. Elena, que fué grande en la humillación, supo permanecer humilde en los honores supremos. Se asoció a la vocación milagrosa de su hijo, se hizo cristiana con él y con él aseguró el triunfo de la Iglesia sobre el mundo pagano. Pasó los últimos días de su vida en el servicio de la Iglesia, consagrándose a las obras dé' caridad y favoreciendo el esplendor del culto' divino. Enriqueció con obras de arte las basílicas que Constantino mandaba levantar por doquier, sobre todo las de Jerusalén, a donde fué' en peregrinación De este modo contribuyó al desarrollo de la liturgia de los Santos Lugares, donde, como se sabe, se formó en gran parte elj ciclo litúrgico. Más tarde, la leyenda la atribuyó un papel importante en el descubrimiento de la verdadera cruz. Santa Elena murió el 329 y fué enterrada en Roma. Su fiesta, en la Octava de la Asunción, la une íntimamente a los honores que se tributan a la reina del cielo, junto a la cual es grato contemplar a esta emperatriz de la tierra, ocupando un puesto de aquí en adelante entre las más nobles damas de su corte. Desde lo alto del cielo vela, Elena, continuamente por tu obra. Haz que este triunfo de la Iglesia que Dios realizó por ti y por tu hijo, se renueve en nuestros días. Ayuda a los hombres e Estado, a los amos de este mundo, en sus deseos de gobernar bien. Otorgarles, por tu intercesión, la gracia de no buscar más que el bien todos, de permanecer sumisos a la voluntad de Dios y, reconociendo a la Iglesia su libertad y sus derechos, hacer felices a los pueblos que se les han confiado.