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lunes, 8 de agosto de 2016

¿ES VALIDA O INVALIDA LA NUEVA MISA?

La Misa de Cranmer

LA ORACiÓN DE LA OBLACION.


La oración de la oblación, que se dice inmediatamente después de la comunión del pueblo, en la liturgia de Cranmer, dice así: "Oh Señor y Padre Celestial, nosotros, vuestros humildes siervos, de corazón deseamos que Vuestra paternal bondad acepte misericordiosamente este nuevo humilde sacrificio de alabanza y de acción de gracias. Y, con uno gran humildad os pedimos nos concedáis que, por los méritos y la muerte de Vuestro Hijo, Jesucristo, y por la fe en su sangre, nosotros y todos los miembros de la Iglesia universal podamos obtener la remisión de nuestros pecados. Y todos los otros beneficios de su pasión. Y aquí nos ofrecemos a vos, oh Señor; nuestras almas y nuestros cuerpos, como razonable, santo y viviente sacrificio a vuestra gloria.

Humildemente también pedimos que todos nosotros, los que hemos participado en esta santa comunión, seamos llenos de Vuestra gracia y de Vuestras celestiales bendiciones. Y, aunque seamos indignos, por nuestros múltiples pecados, de ofreceros ningún sacrificio, sin embargo, os pedimos aceptéis este nuestro deber cumplido y nuestro servicio, no en consideración a nuestros méritos, sino perdonando nuestros ofensas, por Jesucristo nuestro Señor, por quien y con quien, en unidad del Espíritu Santo, os sea dado todo honor y toda gloria, en un mundo sin fin, oh Padre Todopoderoso. Amén" (se suprimieron las oraciones de las abluciones y purificación que siguen después de la comunión de los fieles, oraciones que el sacerdote reza en silencio mientras realiza esta sublime acción poniendo en su lugar la “oración que acaban de leer. Para tener una idea de estas oraciones se las dejo aquí tal y como se rezan en la Misa tridentina o de San Pio V: HAZ, Señor, que recibamos con un corazón puro lo que con la boca acabamos de tomar, y que este don temporal se traduzca para nosotros en remedio sempiterno. TU cuerpo, Señor, que he sumido, y tu sangre, que he bebido, adhiéranse a mi corazón, y haz que no quede mancha de maldad en mí, a quien han alimentado estos puros y santos sacramentos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. (Lamentablemente también han sido suprimidas en la nueva misa y, con qué autoridad? Cada uno busque la respuesta lo que sí puedo decir que aquí la autoridad divina quedo relegada. ¡Cuánta semejanza guarda el nuevo “rito” de la misa nueva con la “Misa” de Cranmer!)

Podemos observar que Cranmer establece aquí; sin duda, su nueva interpretación del rito, y las tres menciones de la palabra "sacrificio" sólo sirven para aumentar la confusión, de los que oyendo esta oración, en la lengua vernácula, están así inclinados, a admitir que la nueva Misa es una continuidad de la vieja. El concepto católico era que Cristo se ofreció a si, mismo, en perfecta oblación, a su Eterno Padre y que la Iglesia militante sobre la tierra, como su Cuerpo místico, participa por la Eucaristía en este acto eternamente sacerdotal de Cristo. Cranmer sustituyó deliberadamente esta verdad católica con la idea de que somos nosotros los que nos ofrecemos a Dios, en cuerpo y alma. (Y, acaso no se nota lo mismo en la misa nueva? Ya no es Cristo quien se ofrece sino el pueblo quien lo ofrece y, donde quedo en mediador entre Dios y el hombre o sea el sacerdote? Quién sabe.)

También las palabras: "por quien y con quien, en la unidad del Espíritu Santo Os sea dado todo honor y gloria, oh Padre Omnipotente, en un mundo sin fin. Amén.” Están dichas para dar la impresión de la doxología más grande en la liturgia, pero totalmente diferente, en su significado, en la liturgia de Cranmer: "Per ipsum et cum ipso et in ipso,est tibi, Deo Patri Omnipo tenti, in unitate Spiritus Sancti, omnis honor et gloria, per omnia saecula saecolorum". Aquí, las cinco señales de la Cruz, que el sacerdote hacía, seguidas de la elevación del pan y del vino consagrados, todo con un gesto y sentido de ofrecimiento una reminiscencia de la antigua ceremonia en la cual el celebrante levantaba el pan consagrado y el diácono el gran cáliz y tocaban uno con otro era la señal externa y visible del ofrecimiento del Sacrificio acepto a Dios. Esa elevación, en esta parte de la Misa de San Pío V, con las palabras en honor et gloria, hace que el simbolismo del lenguaje y de le acción se fusionen en uno, para convertirse en una litúrgica lección sobre el significado de la Misa.


Cranmer prohibió esas cruces y la elevación, pero conservó una aproximación en las palabras, que ahora significan algo muy diferente; para dar la impresión de la continuidad. Así, el nuevo rito fue elaborado para dar cuerpo a la creencia de la justificación por la fe sola, una creencia, en la que los sacramentos no podían ya ser admitidos en el sentido que siempre habían tenido." (No es de extrañar que haya sido cambiado su ritual propio de cada sacramento según el rito antiguo y hayan introducido otras palabras que se alejan impresionantemente de su verdadero significado comprometiendo la VALIDEZ de dichos sacramentos, cuando menos con esta acción malévola la duda sobre su valides es evidente y clara. Duda que corre el riesgo de convertir los sacramentos en un instrumento de sus planes que van en contra de LO VERDADERO Y LO SANTO de estos sacramentos. Y digo cuando menos porque en muchas almas fluctúa la idea cada vez más fuerte de su INVALIDEZ total, lo cual es lamentable y crea una verdadera y solida desconfianza)