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miércoles, 3 de agosto de 2016

¿ES VALIDA O INVALIDA LA NUEVA MISA?

Homilia de Benedicto XVI en una Iglesia Luterana
LA ORACION POR LA IGLESIA MILITANTE.

La "Oración por la Iglesia Militante" dice: "Todopoderoso y Sempiterno Dios, que por el santo Apóstol nos has enseñado oraciones y suplicaciones y a dar gracias por todos los hombres, humildemente te pedimos, con gran confianza, el que aceptes, nuestros dones y recibas estas nuestras oraciones, que nosotros ofrecemos a Vuestra Divina Majestad, suplicándoos que continuamente inspiréis a tu Iglesia" universal; con él espíritu de verdad, de unidad y de concordia, y concedednos que todos aquellos que en verdad confesamos tu Santo Nombre estemos concordes en la verdad de tu Santa Palabra y vivamos en la unidad y en un amor divino. Os pedimos, también el que salvéis y defendáis a todos los Reyes cristianos, príncipes y Gobernantes, y especialmente a vuestro siervo Eduardo, nuestro Rey, para que bajo él seamos, divina y pacíficamente, gobernados; y conceded que todo su concejo y todos aquellos que tienen alguna autoridad, bajo él, que prudente e indiferentemente administren la justicia, para castigo de los malvados y viciosos y para mantener la verdadera religión y virtud de Dios. Conceded, Oh Padre Celestial, vuestra gracia a todos los Obispos, Pastores curas, para que por su vida y doctrina avancen vuestra verdadera y viva Palabra y administren correcta y debidamente vuestros santos sacramentos: y a todo el pueblo dad vuestra, gracia celestial, y en especial, a la asamblea aquí presente, para que con humilde corazón y debida reverencia, escuchen y reciban vuestra santa Palabra, sirviéndoos, en verdad, en rectitud y santidad, todos los días, dé su vida. Y debemos también suplicar de vuestra bondad, oh Señor, el que confortéis y socorráis a todos aquellos que, en esta vida transitoria, están en tribulación, en sufrimiento, necesidad, enfermedad o cualquier otra adversidad. Concedednos esto, Oh Padre, por Jesucristo, nuestro único mediador y abogado. Amén".

El cambio es suficientemente dramático y drástico. Dejando a un lado las omisiones del Papa y de los Santos, que eran de esperarse, ha desaparecido toda mención de las oblaciones. haec dona, haec munera, haec sancta sacrificia illibata, (Que aceptes y bendigas estos dones, estos presentes, estos santos sacrificios sin mancilla) que son parte esencial del Te igitur (Te sulicamos).  En la antigua liturgia de la Iglesia, se ha tributado siempre gran honor a las ofrendas del pan y del vino. Esas ofrendas son inmaculatam hostiam, calicem salutaris de las antiquísimas oraciones del ofertorio, así como la afirmación de su excelencia en el Te igitur, que deben ser presentadas a Dios, con la súplica de hacerlas in omnibus benedictam, adscriptam, ratam, rationabilem acceptabilemque, (La oración esta antes de la consagración y dice asi: “La cual oblación te suplicamos ¡oh Dios!, te dignes hacerlas en todo bendita, confirmada, razonable y agradable, a fin de que se conviertan para nosotros en el cuerpo y sangre de tu amantísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo) para el milagro, que ha de tener lugar después en la transubstanciación. Y siempre, como Jungmann lo ha demostrado, "es el pensamiento de la inminente transubstanciación el que ha condicionado la insistencia de su santificación". (23)

Esto tan sólo era un anatema para Cranmer. "Como Lutero, Cranmer creía que cualquier forma de ofertorio "apestaba como una oblación". (24). Por eso suprimió todas las oraciones del ofertorio, aun aquella que muchos consideraban la más hermosa de ellas, "Deus, qui humanae naturae ... " (¡OH Dios que de modo admirable creaste la dignidad de la naturaleza humana y de modo mas admirable la restauraste, dadnos por este misterio de esta agus y de este vino... Esta sencilla y simple oración solo la encontraremos en la Misa de Siempre, pero nunca en la nueva misa porque, como otras tantas oraciones, simplemente las han suprimido y me pregunto, con qué autoridad desacralizan lo sacro y santo?) y toda otra mención de "oblación del pan o del vino.

La dificultad de Cranmer consistía en que al poner el pan y el vino sobre el altar podría parecer el pueblo como el ofertorio de la antigua Misa papista. Si debía inculcarse a la asamblea una idea del todo nueva, era necesario hacer algo que borrase toda reminiscencia del antiguo ofertorio. Cranmer encontró la solución ordenando que, al llegar a este punto, los encargados del orden hiciesen la colecta del dinero y, de esta manera, la oración sólo debía referirse al dinero, a la colecta recogida. Y, puesto que las limosnas no habían sido ofrecidas, ni siquiera tocadas por el ministro, no podía haber peligro de que fuesen consideradas como una "oblación", en el sentido tradicional. Como advierte Gregory Dix, éste es un ingenioso ardid del trabajo humano, realizado en la liturgia y, por lo tanto, merece nuestra admiración. Y, por supuesto, la referencia a las limosnas era la única que la asamblea oía y entendía. Porque un punto esencial de la "reforma" era que el Canon silencioso de la Misa Romana, que había estado en uso desde el siglo octavo (241, debía desaparecer, para que el nuevo Canon, dicho en lengua vernácula y en voz alta, pudiese tener el debido efecto en la gente.

A las omisiones hechas por Cranmer en sus cambios esenciales, el reformador añadió una muy importante, omitiendo el nombrar al Papa y poniendo en su lugar el nombre del soberano. Diez y seis años antes, Enrique VIII había ordenado el Bidding Prayers, en la lengua vernácula, por el cual, en forma de peticiones correctamente redactadas, los pensamientos, del pueblo fuesen encaminados por los canales correctos de la política y la teología. Principalmente se quería inculcar a todos que el Rey era la suprema cabeza de la Iglesia de Inglaterra. No debía mencionarse al Papa, a no ser con insultos y menosprecio. El Bidding Prayers fue un invento útil para acomodarse a los varios aspectos de la vida contemporánea, pero la razón de su introducción y la esencia de su utilidad fue su énfasis en la supremacía religiosa del Rey.

Cranmer, aunque abolió las oraciones que entonces se usaban, conservó y puso todavía, mayor énfasis sobre este punto, al poner la oración por el Rey y el Estado (del cual la Iglesia es tan solo una parte) en lugar del TE IGITUR, por el Papa y por la Iglesia. Es interesante notar que la reciente inclusión  del Bidding Prayer en la “nueva misa” puede -al menos en Inglaterra- tener el mismo efecto. Así la primera petición, pudiera ser por la reina y la Real Familia sobre el mismo Papa (aquí el autor deja de nuevo a Cranmer y su reina para hablar del Papa) , (que, por su lugar en la misa, toma la precedencia en el tiempo para, redención nuestra, quien hizo allí (por su única oblación de sí mismo una sola vez ofrecida) un completo, perfecto y suficiente sacrificio, oblación y satisfacción por los pecados de todo el mundo y que instituyó y en su Sagrado Evangelio nos mondó continuar una perpetua, memoria de esa preciosa muerte hasta que él venga de nuevo").


Así “la oración por la Iglesia Militante” con su omisión a toda referencia a las oblaciones, de Nuestra Señora, de los santos y del Papa y toda la Iglesia CATOLICA, extendida por el mundo no obra la preparación para la consagración. su omisión como todas las demás tanto en la misa de Cranmer como en la misa nueva corren el grave riesgo de su INVADIDES que al parecer la Iglesia conciliar asi lo quiere al formar, en la actualidad, un consejo para tratar sobre las diaconisas lo cual nuestra duda se dicipa y de realizarse esto estaríamos ante una misa más que INVALIDA, sacrílega.