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viernes, 5 de agosto de 2016

A CUARENTA AÑOS DE LA DECLARACION DE MONS. LEFEVBRE

El Obispo Anglicano James Roque y Mons.Fellay
A CUARENTA AÑOS DE LA DECLARACION DE MONS. LEFEVBRE

Ante los sucesos acaecidos en San Pablo Brasil entre la Fraternidad San Pio X y un obispo “tradicional” anglicano es bueno traer a la memoria las palabras de Monseñor Lefebvre dichas hace cuarenta años con el fin unirnos espiritual y formalmente a esta declaración de fe y de adhesión a esta declaración católica par que, con ella manifestar nuestro malestar ante la actitud ecumenista de Mons. Fellay. Las palabras de Mons. Lefebvre si bien son cortas sin embargo son de una profundidad teológica fruto de una fe solida que reinaba en su alma sacerdotal y es el esta fe la que debe reinar en nuestros corazones artos de tanto modernismo cada vez mas descarado y de una Fraternidad cada vez mas vacilante , por un lado, y por otro mas conforme con la mentalidad modernista que impera en la Roma modernista. Antes de recibir la ordenación sacerdotal se nos hacia decir en el cual se nos pedia rechazar al modernismo y servir a la fe católica de siempre recordemos que este juramento fue introducido por San Pio decimo cuando tuvo ese sueño sobre el modernismo. al hacer este acto de fe nosotros desagraviamos a la Iglesia católica de este acto llevado acabo por uno de sus miembros que debería defenderla y no insultarla Si bien la declaración de Mons., Lefebvre no tiene este carácter si encierra, en cierta manera, algo de solemnidad porque implica el compromiso formal nuestro de rechazar al modernismo actual con todas sus consecuencias nefastas. Además es una declaración de fe que, a base de repetirla, se va reafirmando en nuestras almas tan ávidas de esta fe católica



Cuarenta años! Desde hace varios meses que se habla ya de esto porque celebrar un aniversario, se prepara, es cierto. Cada vez más se habla de este aniversario porque hemos decidido festejarlo en Roma, lo que no es sencillo por diferentes razones. Pero cuarenta años… es verdaderamente un período largo de historia… nuestras alumnas no habían nacido todavía y gran parte de sus padres tampoco o en todo caso no estaban en edad de interesarse en la “crisis de la Iglesia!” y sin embargo, esta crisis no está por terminar pronto, aunque unos lo piensen, y hay decisiones que tomar en conocimiento de causa, hay un combate que tenemos que llevar todavía y que no parece tampoco estar cerca su fin, aún si, durante todos estos años que han pasado, escuelas, capillas, seminarios, conventos, noviciados han sido construidos y han crecido en número- a pesar de oposiciones continuas- aún si es posible de asistir sin problema a la misa tradicional. Todo lo que permite guardar y transmitir la Fe tenemos que utilizarla, defenderla y desarrollarla.

El enemigo pudo creer en un cierto momento que iba a ganar la batalla, pero a pesar de sus maniobras y astucias, la misa continuó viva y a dar vida y el sacerdocio sin el cual ella no existiría. En efecto, un año antes Monseñor Lefèbvre hacía la declaración memorable que acaba de cumplir también cuarenta años.

<<Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la Fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa Fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.

 Todas esas reformas, en efecto, contribuyeron y contribuyen todavía a la demolición de la Iglesia, a la ruina del Sacerdocio, al aniquilamiento del Sacrificio y de los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, los seminarios, la catequesis, enseñanza nacida del liberalismo y del protestantismo, condenada repetidas veces por el Magisterio solemne de la Iglesia.

Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra Fe católica claramente expresada y profesada por el Magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos.

Es por ello que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la estrella del Magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice y a las generaciones futuras. <<”Si llegara a suceder, dice San Pablo en su epístola a los Gálatas, que nosotros mismos- no solamente un ángel venido del cielo- estas palabras son conocidas pero se olvida algunas veces esa pequeña palabra, nosotros mismos o un ángel del cielo: si nos aut ángelus de caelo- << si nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8). >> San Pablo se hace anatema el mismo si él enseña algo que no ha enseñado en el pasado. ¿No es lo que nos repite o debe repetirnos el Santo Padre hoy? Y si una cierta contradicción se manifestara en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los dicasterios, entonces elegimos lo que siempre ha sido enseñado y hacemos oídos sordos a las novedades destructoras de la Iglesia. No es posible modificar profundamente la “lex orandi” sin modificar la “lex credendi”.

A la misa nueva corresponde catecismo nuevo, sacerdocio nuevo, seminarios nuevos, universidades nuevas, Iglesia carismática, pentecostal, todas cosas opuestas a la ortodoxia y al magisterio de siempre. Habiendo esta Reforma nacido del liberalismo, del modernismo, está totalmente envenenada; sale de la herejía y desemboca en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Es pues imposible a todo católico consciente y fiel adoptar esta Reforma y someterse a ella de cualquier manera que sea. La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico a aceptar la Reforma.

Es por ello que nos atenemos firmemente a todo lo que ha sido creído y practicado respecto a la Fe, las costumbres, el culto, la enseñanza del catecismo, la formación del sacerdocio, la institución de la Iglesia, hasta 1962, antes de la influencia nefasta del Concilio Vaticano II. Y haciendo esto, con la gracia de Dios, el auxilio de la Virgen María, de San José, de San Pío X, estamos convencidos de mantenernos fieles a la Iglesia Católica y Romana, a todos los sucesores de Pedro, y de ser los “fideles dispensatores mysteriorum Domini Nostri Jesu Christi in Spiritu Sancto”. Amén.>>