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jueves, 7 de julio de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

Las apariciones de los ángeles
(a. 2)


El proceso seguido en la exposición anterior y la perfección natural intrínseca de los ángeles que excluye necesariamente en ellos su unión esencial en razón de forma con un cuerpo, por ser substancias intelectuales específicamente completas, no lleva consigo la imposibilidad de toda otra unión posible. Santo Tomás explica aquí brevemente, pero de una manera precisa y clara, el hecho de las apariciones angélicas, así como el modo, tanto de la aparición como de la formación del cuerpo, y el fin de las mismas apariciones.

a) EL HECHO DE LAS APARICIONES.

Si bien no hay una sola razón de orden filosófico que exija la unión permanente de la substancia angélica a una naturaleza corpórea, no ya substancialmente, pero ni siquiera accidentalmente, tampoco existe razón alguna para negar la posibilidad de una unión accidental transitoria. El hecho de tal unión circunstancial nos lo da reiteradamente la Sagrada Escritura, en la que hemos visto se hace frecuentemente mención de las apariciones angélicas en cuerpos de cuya realidad y objetividad no permite dudar la misma narración bíblica, que distingue perfectamente los casos en que se trata de apariciones imaginarias a una sola persona, de los otros casos en que esas apariciones son vistas sensible e indistintamente por todos o por muchos a la vez.

El principio crítico y experimental en que aquí se apoya el Angélico, teniendo por base la veracidad de nuestros sentidos, es tan racional y tan obvio, que echa por tierra toda falsa hipótesis de alucinación individual o de sugestión colectiva.

b) EL MODO DE LA UNIÓN DEL ÁNGEL CON EL CUERPO EN QUE SE APARECE.

No se trata de una unión lógica, sino de una unión real. No es tampoco la unión intencional que se da entre el sujeto que conoce y la representación del objeto conocido. A más de éstos, varios otros son los modos imaginables de unión entre un espíritu y un cuerpo.

Ya se ha excluido de los ángeles la unión formal (a. 1), en la que una forma actúa la materia, como el alma actúa el cuerpo, puesto que los ángeles son formas específicamente completas No puede, por otra parte, darse en ellos, con relación a un cuerpo, la unión hipostática propiamente tal, como se da en Cristo entre la naturaleza divina y la humana, unión que, sin embargo, parece poner Tertuliano en este caso (De carne Christi cap. 6: ML 2, 809).

Tal unión no es posible, pues la subsistencia de los ángeles es limitada y finita, y solamente una subsistencia infinita puede comunicarse a una naturaleza distinta de la propia. Ni la unión del ángel al cuerpo en que aparece ha de entenderse como unión asimilativa, cual se da entre la substancia del alimento y la del ser que lo toma, convirtiéndolo en su propia substancia.

Queda, pues, como posible una unión accidental, no permanente, sino transitoria y circunstancial. Bien entendido, sin embargo, que las apariciones angélicas no se realizan por la simple presencia del ángel en un cuerpo, pues en ese caso, siempre que el ángel obra en un lugar, debería decirse que toma y se une al cuerpo en el cual obra. La presencia se requiere, pero no basta.


Para Santo Tomás, la unión única que explica las apariciones angélicas es la unión accidental que se da entre el motor y el móvil. Y esto no de cualquier manera, con la simple unión que se da, por ejemplo, entre el instrumento y el que obra con él, sino una unión representativa y simbólica, de modo que las propiedades sensibles del cuerpo que el ángel toma y mueve y en el que aparece representen la persona del ángel o algunas de sus propiedades espirituales, o también las de Dios mismo, de quien los ángeles son simples enviados (“El cuerpo se une al ángel, no como a su forma ni tampoco solamente como a su motor, sino como a un motor representado por el cuerpo móvil asumido. La razón es porque, así como en la Sagrada Escritura se describen las propiedades de los seres intelectuales bajo formas o representaciones sensibles, así también los ángeles, por virtud divina, se forman cuerpos sensibles tales que sean aptos para representar las propiedades inteligibles del ángel, y esto es lo que significa que los ángeles tomen cuerpo”).    (ad 2).      

Tal es la doctrina aquí afirmada por el Santo y repetida en otros lugares de sus obras. "Toma cuerpo el ángel, no uniéndolo a su naturaleza como el hombre toma el alimento, ni uniéndolo a su persona como, el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana, sino para su representación, de la misma manera que las cosas inteligibles pueden ser representadas por las cosas sensibles. Y entonces Se dice que el ángel toma cuerpo cuando forma algún cuerpo apto para la representación de sí mismo" (De Potentia, q. 6, a. 7 ad 1). En otro lugar dice: "En cuanto que una virtud espiritual mueve algún cuerpo, lo une así como el qua mueve una cosa se une a la cosa movida. Pero, además, cuando el ángel forma ese cuerpo que mueve ... , de tal modo que aparezcan en él algunas propiedades visibles, congruentes a sus propiedades invisibles, entonces es cuando se dice que toma dicho cuerpo" (II Sent., dist. 8, q. 1, a. 2).

Resumiendo: cuatro cosas se requieren para las apariciones: que el ángel forme un cuerpo, que esté presente en él, que se una a él accidentalmente y que ese cuerpo sea apto para representar las propiedades de la naturaleza angélica.