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jueves, 28 de julio de 2016

MONS. DE CASTRO MAYER


UN GRAN PALADIN EN DEFENZA DE LA TRADICION MILENARIA DE LA IGLESIA:
MONS. DE CASTRO MAYER


Estimados lectores de este blog, no hace mucho leí la hermosa exhortación que el muy estimado don Rafael nos hizo para dar a conocer a Monseñor de Castro Mayer como un gran hombre de Dios y amantísimo hijo de la Santa Madre Iglesia. No es mi intención hablar in extenso de su vida y sus obras, conocidas para muchos, sino solo exponer o narrar su participación en el Concilio Vaticano II, su obra como lo fue la Union Pia San Juan Maria Vianney, mi experiencia con él durante mi seminario en la Reja Argentina y, finalmente la caída en manos de la Roma moderna y apostata. El nombre de quien esto narrara no importa. Si entre quienes lean estas líneas se encuentran personas que enriquezcan esta modesta aportación mucho les agradeceré su información. De ante mano muchas gracias y que Dios los bendiga.


Introducción



La Santa Madre Iglesia siempre ha honrado a quienes han sido sus verdaderos hijos, celosos de la gloria de su castísimo esposo Nuestro Señor Jesucristo, convencidos defensores de la honra de nuestra Madre la Iglesia, fieles defensores de la doctrina de su divino Maestro y fervientes devotos de la Madre de Dios. Y bajo esta perspectiva se encuentran los dos grandes paladines de nuestra fe; Monseñor Marcel Lefebvre y Monseñor Antonio de Castro Mayer. Considero que no hay, por el momento, ni habrá quizá por un tiempo más quienes los superen, pero si quizá quien los emulen. Admiremos y pidamos su valiosa intercesión ante el Altísimo para perseverar en el combate constante y cada vez más difícil de la fe por lo que ellos con gran generosidad y una inmensa caridad nos trasmitieron y por la cual dieron sus vidas hasta la muerte, el depósito inviolable de la fe. En lo personal y en lo más privado de mi alma, puesto que el modernismo actual no los considera viables para la beatificación, bendito sea Dios, lo que vendría a ser una mancha muy grande en su límpida trayectoria y confiable en defensa de la fe lo cual es una gran garantía para nosotros que somos sus herederos, sin merito alguno de nuestra parte y solo por la gracia divina, que, probablemente desde el cielo ellos interceden para que no flaqueemos ni desmallemos en este combate. A ellos me  encomiendo, rogando que, a pesar de mis flaquezas, debilidades y miserias se acuerden de este pobre pecador e intercedan por él para seguir cuando menos su huellas de los que en ellos vi, me enseñaron y me movieron a pensar, en mi sencillez, en dos grandes santos por supuesto dejando a la Santa Iglesia la última palabra cuando el modernismo sea derrotado, vencido y puesto a los pies del Rey de Reyes y Señor de Señores al Él sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos, amen.

Quiero dedicar el presente escrito a ellos como prenda de mi filial devoción. Pido a la Augustisíma trinidad y sobre todo al Espíritu de verdad de quien soy un eterno adorador me refiero al Espíritu Santo, refresque mi memoria, haga agradable y fácil esta redacción y me libre de errores que, involuntariamente puedan aparecer en ella y A la Santísima Virgen María su intercesión ante ellos para que me fortalezcan en los combates actúale que, debido a lo intenso de ellos, los extraño muchísimo. Considero una gracia inmerecida para este pobre y miserable pecador, que la misericordia divina me haya permitido, en su inmensa bondad conocer a estos dos grandes pilares de nuestra fe milenaria en momentos en que parecía inminente el triunfo total de la revolución mundial contra todo lo que es Santo.

Monseñor de Antonio de Castro Mayer en el Concilio Vaticano II



Como comenzó esa santa amistad y hermandad en la fe de los dos? Lo que sigue es un extracto de la “biografía” de Monseñor Lefebvre que por otro lado, nos da una primogénita imagen de lo que será hasta nuestros tiempos en modernismo y liberalismo dentro de la Iglesia, he aquí lo que lo que en esta biografía se escribe: Para oponerse eficazmente a la preponderancia liberal, se fundó el “caetus Internaciolis Patrum” cuya inspiración fue obra de Monseñor Antonio de Castro Mayer como autor de la  “Carta pastoral sobre el apostolado moderno”( libro que tuve en mis manos) que en aquel momento era Obispo de la diócesis de Campos Brasil, quien lo presento a su colega y compatriota Monseñor Geraldo de Proenca de Sigaud, obispo de Jacarezinho, futuro obispo de Diamantina, resuelto desde el principio a organizar las fuerzas dispersas que se oponían a la mayoría progresista del Concilio. Desde 1934, el Canónico de Castro Mayer y el Padre Sigaud, ambos profesores del Seminario Mayor de San Pablo, colaboraban con el periódico “O Legionario” órgano de la Congregación Mariana de Santa Cecilia con el fin de combatir las infiltraciones progresistas e izquierdistas en la Acción Católica Brasileña, acción que fue sancionada y fueron castigados en febrero de 1945 y marzo de 1946. A pesar de ello,  El nuncio Aloisi Mesella intercedió por los valientes clérigos ante S. S. Pio XII quien nombra al Padre Sigaud Obispo de Jacarezinho (1947) y al Canónico de Castro Mayer Obispo coadjutor de Campos (1948).


En 1951, Monseñor de Castro Mayer fundo en Campos la publicación mensual Catolicismo que se extendieron por todo Brasil. Remplazados por los de la TFP el Obispo y el Profesor Plinio Correa de Oliveira, lograron oponerse victoriosamente a las intrigas comunistas de reforma agraria de la era Goulart” cuyas reformas eran apoyadas por el Arzobispo Helder Cámara, creando así un clima ideológico y espiritual que provoco la caída del presidente criptocomunista Joao Goulart. Sobre esta acción Monseñor Lefebvre diría en su momento: “Hay que reconocer que la TFP fue la que salvo a Brasil del comunismo” (En 1986 debido a las desviaciones de la TFP, se dio una conferencia muy sustanciosa a los seminaristas presentes, entre los cuales estaba quien esto relata, por el mismo Monseñor de Castro Mayer quien informo con lujo de detalles sobre la actual situación de la TFP, la mencionare cuando corresponda) Mientras tanto, en 1962, el grupo de Catolicismo estableció en Roma un secretariado para seguir de cerca el desarrollo del Concilio. Fue en esas circunstancias que, por propuesta de los dos Prelados brasileños, Monseñor Lefebvre acepto formar con ellos un “piccolo comitato” o grupo de estudios para oponerse a las ideas liberales del Concilio siguiendo la línea de pensamiento del Cardenal Ruffini. Se reunieron  en el corso d´Italia, en la procura de los Padres del Espíritu Santo, y organizaron en Roma conferencias-encuentros destinados a los Padres Conciliares durante la primera sesión.

Monseñor Lefebvre, hablando de la encomiable labor de estos dos grandes Prelados brasileños, dijo: “El alma del Caetus era Monseñor Proenca Sigaud en la función de secretario; yo mismo, como antiguo delegado apostólico y como superior de los Padres del Espíritu Santo era la cobertura”, como el título de presidente; Monseñor de Castro Mayer era el vicepresidente y el pensador”, mientras que Monseñor Carli era la Pluma” por su competencia, su espíritu vivo y el don de gentes propio de los italianos” Esto llevo a que pablo VI, llamara a Monseñor Lefebvre para pedir un informe y dar autorización para reunir a todos los Padres Conciliares con las mismas inquietudes de estos tres ilustres Prelados, pero, por desgracia no fue para bien.  Bajo esta “autorización” el 5 de agosto a noviembre de 1964 la agrupación eligió su nombre definitivo de “Caetus Internacionais Patrum” ¡Que tardía fue la creación de esa asociación de Padres en comparación con los grupos de tendencia progresista, que funcionaron desde las primeras sesiones! Pero, por fin la simplicidad de los hijos de la luz reaccionaba contra la premeditación febril de los innovadores. Con ser muy insignificantes sus recursos naturales del Caetus comparados con los de la Alianza Europea, que disponía de todos los medios de comunicación, en particular del todopoderoso INDOC(Centro Internacional de Documentación y Comunicación) quien al final de la tercera sesión distribuyo cuatro millones de volantes.

Monseñor Lefebvre termina diciendo sobre la acción del Caetus lo siguiente, que es muy importante tener en cuenta puesto que genero un lazo muy fuerte de unión, hermandad y amistad entre estos dos Grandes Prelados que se rompió con la muerte y continua eternamente en el cielo: “Pudimos, a pesar de todo, limitar los daños, cambiar algunas afirmaciones inexactas o peligrosas, agregar alguna que otra frase para rectificar tal proposición tendenciosa o tal expresión ambigua.
A pesar de todo, debo confesar que no pudimos purificar al Concilio del espíritu liberal y modernista que impregnaba la mayoría de los esquemas, ya que sus redactores eran- precisamente- los expertos y los Padres imbuidos de aquel espíritu. Ahora bien, ¿Qué quieren ustedes?, cuando un documento se encuentra redactado en su conjunto con un falso espíritu, es prácticamente imposible expurgarlo de ese espíritu; habría que volver a escribirlo para darle un espíritu católico.


Lo que pudimos hacer, por los modo que presentamos

Padre Arturo Vargas Meza