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viernes, 8 de julio de 2016

LOS MARTIRES MEXICANOS

FRASES CELEBRES DICHAS POR LOS DEFENSORES DE LA FE EN MEXICO (1926-1929)


“Cuando el pueblo católico se entero de la suspensión del culto religioso, nadie daba crédito a lo que oía parecíales una horrible pesadilla algo similar al fin del mundo. Difícil nos sería describir la conmoción que genero, tal suspensión, en los corazones de estos católicos mexicanos, esta se sentía y se palpaba tanto en el ámbito social como en el familiar. Un contemporáneo describe la situación de la siguiente manera: (Tomado de la Cristiada de Jean Meyer pág.95.)

"Desde el día en que el Episcopado anunció su decisión de suspender el culto público, empezó a ir gente con el fin de arreglar sus conciencias, no obstante que era tiempo de que andábamos en el beneficio de la labor, es decir, trabajando la tierra. Cada día que pasaba era más la apretura(concurrencia) de gente en el pueblo, de todos los ranchos(caseríos) circunvecinos acudía gente, en todos los pechos se escuchaba zozobra en todos los semblantes se veía palidez, en todos los ojos se veía tristeza y las gargantas se detenían para pronunciar palabra(sensación de angustia) y no era otra la pregunta más que ¿a que se debe esto? y ¿por qué cierran la Iglesia, que es lo que pasa? y solo se contestaba: pues quien sabe, yo no sé. En dicha parroquia había tres sacerdotes pero fueron insuficientes para confesar a tanta gente, no tenían tiempo ni descanso para ir a tomar sus alimentos, pasaban los días desde muy temprano hasta muy altas horas de la noche sentados en los confesionarios, pero no les fue posible confesar a aquella multitud. Los días y las horas transcurrían y pasaban y se esfumaban. Y la gente cabizbaja y pensativa, que no acataban, no aceitaban, no les cabía en el juicio (no comprendían).. .había caído como un rayo en todos los corazones en todas las mentes... pero no había remedio había que obedecer. Pero no era solo esto: la ley arbitraria dictada por Plutarco Elías Calles no terminaba ahí, en cerrar los templos, sino que tenía que salir de ahí Dios, aunque El había dicho: "He  aquí que Yo estaré con vosotros por los siglos de l o siglos" Esa promesa se había de quebrantar, tenía que irse a los bosques, tenía que abandonar su casa, así como El un día hecho a los mercaderes del templo diciéndoles: "Mi casa de oración", y un día tuvo que dejarla y huir como un criminal porque Calles lo había dicho. Se cerró el templo, el sagrario quedó vacío, ya no está Dios ahí, se fue a ser huésped de quien gustaba darle posada ya temiendo ser perjudicado por el gobierno; ya no se oyó el tañer de las camparas que llaman al pecador a que vaya a hacer oración. Sólo nos quedaba un consuelo: que estaba la puerta del templo abierta y los fieles por la tarde iban a rezar el rosario y a llorar sus culpas. El pueblo estaba de luto, se acabo la alegría, ya no había bienestar y tranquilidad, el corazón se sentía oprimido y, para completar todo esto, prohibía el gobierno la reunión en la calle como suele suceder que se para una persona con otra, pues esto era un delito grave.” Mientras otros decían: “Bueno luego que vimos dicho manifiesto, nos dijimos: pues ciertamente el gobierno espera que se respete, pero en tales y cuales cosas esto no nos conviene, y primero saltan pedazos de gente que se haga lo que el gobierno diga. En respuesta al impío decreto del gobierno que mandaba cerrar las puertas de la Iglesias.

Inmediatamente nos reunimos para ver cómo le hacíamos y opinar cómo le podríamos hacer, y tomamos el parecer a toda la gente, si eran de conformidad para defender la religión, y dijimos que sí, que estábamos dispuestos a pelar hasta morir...” 

Arenga de Anacleto Gonzales Flores después de la suspensión del culto católico en el 31 de julio de 1926.

“De sobra se que lo que va a comenzar para nosotros ahora es un calvario. Dispuestos hemos de estar a coger y a llevar nuestra cruz. A Uds., que han querido espontáneamente batir la masa y afrontar conmigo las más difíciles situaciones, los he llamado para plantearles ahora con crudeza el problema tal cual es. Si los convido en este momento a continuar la tarea, no quiero que alguno este engañado acerca del alcance que tiene la invitación: los convido a sacrificar su vida para salvar a México. Siento la sagrada obligación de no engañar, yo, que soy aquí el responsable de la decisión de todos. Si me preguntará alguno de Uds., que sacrificio le pido  para sellar el pacto que vamos a celebrar, le diría dos palabras: TU SANGRE. El que quiera seguir adelante, dejen de soñar con curules, triunfos militares, galones, brillo, victoria y dominio sobre los demás. México necesita una tradición de sangre para cimentar su vida libre de mañana. Para esa obra está puesta mi vida y para esa tradición les pido la vuestra.” (Anacleto González Flores.)

Otras arengas o exhortaciones dirigidas al pueblo católico de México que, por su importancia y profundidad podemos poner aquí aunque se hayan dado antes de este decreto del cierre del culto divino en las Iglesias.

“El actual régimen de gobierno que oprime a la mayoría de los mexicanos, manteniéndolos humillados, bajo la férula de un grupo de hombres sin conciencia y sin honor, procede de los principios destructores y subversivos de un sistema político que pretende convertir a la Patria en un campo de brutal explotación y a los ciudadanos en un rebaño de envilecidos esclavos.

La privación absoluta de las libertades religiosa, política, de enseñanza, de trabajo, de prensa; la negación de Dios y formación de un pueblo ateo; la destrucción de la propiedad privada por medio del despojo; la socialización de las fuentes productoras del país; la ruina del obrero libre por medio de organizaciones radicalmente revolucionarias; la malversación de los bienes públicos y el saqueo de los bienes privados; el desconocimiento de las obligaciones internacionales; tal es, substancialmente, el monstruoso sistema del régimen actual...” (Manifiesto pág. 79 La persecución religiosa en México. M. Ángel León. Ed. Ictión) (Discurso dado por medio de manifiesto al pueblo antes de la cesación del culto divino)

"Ángeles santos, que en cálices preciosos recibís la Sangre que brota de esas llagas No las llenéis hasta los bordes! Dejad lugar para la sangre nuestra! Queremos, como el gran San Pablo, poner con las tribulaciones nuestras lo que le falta a la Pasión de Cristo, para México, el hijito mimado de María Guadalupe, sea también el soldado más valiente del Rey muerto que reina vivo!" (Palabras con las que se cerro el Congreso Eucarístico de 1920)

La cesación del culto y el cierre de las Iglesias fue, sin duda, un factor determinante. La jerarquía eclesiástica quizá, con esta medida, esperaba este resultado, pero ya no se podían detener. Por otro lado, los movimientos armados que comenzaron a levantarse en varios estados de México ante el endurecimiento de la posición del gobierno con relación a la Iglesia. Los famosos inventarios hechos a las Iglesias fue la mecha que provoco este gran incendio. Los levantamientos armados Cristeros en defensa de la fe.


DEL APOGEO DEL MOVIMIENTO CRISTERO A LOS ARREGLOS

¿Quién mejor que el general en jefe de los Cristeros sabrá expresarnos el sentir de los mismos con respecto a la acción del clero y a los arreglos que Roma buscaba? He aquí la carta que él dirigió a los ilustres prelados sobre los rumores que se corrían entre las tropas acerca de los mencionados arreglos: "Desde que comenzó nuestra lucha, no ha dejado de ocuparse periódicamente la prensa nacional, y aun la extranjera, de posibles arreglos entre el llamado gobierno y algún miembro señalado del Episcopado mexicano, para terminar el problema religioso. Siempre que tal noticia ha aparecido han sentido los hombres en lucha que un escalofrío de muerte los invade, peor mil veces que todos los peligros que se han decidido a arrastrar, peor, mucho peor que todas las amarguras que han debido apurar. Cada vez que la prensa nos dice de un obispo posible parlamentario con el callismo, sentimos como una bofetada en pleno rostro, tanto más dolorosa cuanto que viene de quien podríamos esperar un consuelo, una palabra de aliento en nuestra lucha; aliento y consuelo que con una sola honorabilísima excepción de nadie hemos recibido”. “Estas noticias que de manera tan irregular ha dado la prensa, y las que nunca han sido desmentidas de manera oficial por nuestros obispos, siempre han sido de fatales consecuencias para nosotros; los que dirigimos en el campo la batalla siempre hemos podido notar que a raíz de una de ellas se suspende el crecimiento de nuestra organización, y para volver a obtenerlo hemos debido hacer grandes esfuerzos. Siempre han sido estas noticias como duchazos de agua fría a nuestro cálido entusiasmo...”. Sobre este mismo tema nos da otro testimonio el P. Arroyo: "...Y al ver esta digna actitud de los católicos, todo mundo creyó que el enemigo sería vencido puesto que la Iglesia sería heroicamente defendida por el pueblo católico mexicano. ¡Que decepción! Todo fue llamarada de petate, porque la mayoría aplastante de obispos y sacerdotes temieron al enemigo, pronto buscaron acomodamiento y cayeron en la conformidad criminal, se sumergieron en la maldita inercia, esperando todos puros milagros del cielo que dieran libertad a la Iglesia. Todos se conformaron en exhortar y recitar unas cuantas oraciones... Los sacerdotes, más estrictos que nunca, en su mayoría acudieron a la teología y sin más consideraciones decretaron la ilicitud de la lucha violenta en defensa de la Iglesia y optaron por acudir y poner en práctica el consejo evangélico de dejarse herir y presentar luego la otra mejilla. De ahí que, como en los tiempos neronianos, aconsejaban al pueblo a que pasivamente ofreciera su cuello al verdugo”. (Extracto de la carta del General Enrique Gorostieta Velarde cuando se empezó a rumorear sobre unos arreglos de la Iglesia con el gobierno de México. Afortunadamente este gran católico converso, antes era ateo, murió antes de ver la traición del clero mexicano en su mayoría a los cristeros. COMO SIEMPRE SON LAS AUTORIDADES ECLESIASTICAS QUIENES PACTAN ESTAS TRAICIONES.

“Los enemigos no hay que buscarlos fuera están dentro de la Iglesia y son los más peligrosos” (Dicho popular)