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miércoles, 22 de junio de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO


DIFERENCIACIoN DE LOS ANGELES
ENTRE SI (a.iv)


Además del orden del universo, al cual todas las cosas concurren, hay en todos y cada uno de los grados de seres creados por Dios un orden admirable, que no puede faltar en los seres más perfectos, en esa multitud grande, aunque indeterminada, de ángeles de que hablan los libros sagrados, y que exige alguna diferencia entre ellos mismos.

Pero las Escrituras no dicen en qué consista esa diferencia, aunque hablen de ciertos grados superiores e inferiores entre ellos, ni el magisterio de la Iglesia es más explícito, aun admitida la ordenación de los ángeles en jerarquías y coros. De ahí que la razón humana ha de buscar esa diferenciación en la naturaleza intrínseca de los ángeles, que es lo que Santo Tomás se propone en este artículo 4.° Nótese, ante todo, con el Santo (1 . q. 47, a.2), que hay en las cosas que conocemos directamente dos clases de distinción, una material y otra formal. La primera es causa de la distinción y multiplicación de los individuos dentro de la misma especie, constituyendo la distinción numérica; la segunda causa la distinción específica. ¿Cuál de ellas habrá de ponerse en los ángeles? Esta cuestión fue muy discutida en todos los tiempos, y en la cual, ante el silencio de la divina revelación, los Santos Padres nada determinaron tampoco. He aquí cómo se expresa a este propósito San Agustín: "Creo con fe firme que existen los ángeles y no dudo que difieran, pero ignoro en qué difieren... Así, pues, firmísimamente creo y tengo fe firme de que difieren algo entre sí. Pero, aunque me desprecies a mí, a quien tienes por gran doctor, ignoro qué sean: y en qué se diferencien entre sí" (Ad Oros. contr. Priscil.., cap. 11 y 14: ML 47, 678). "Digan los que puedan en qué difieren los ángeles, si pueden probar lo que afirman; yo confieso mi ignorancia en esto" (Enquir., cap. 58: ML 40, 259).

Son los teólogos los que han tratado de buscar una solución, basados en principios de puro orden racional, dando origen a varias sentencias, que Santo Tomás enumera, rechazándolas, al principio del artículo, y que en cierto modo incluyen otras que surgieron después.  La primera opinión, que menciona también en otros lugares (cf. Cont. Gent., lib. 1, cap. 95, etc.), atribuyéndola a Orígenes (De principiis l, cap. 8: MG 11, 176, y III, cap. 9: MG 11, 229), afirmaba que todas las substancias espirituales incluso las almas humanas, eran de una misma especie.

Tal doctrina fue condenada por el papa Virgilio (640-555) en el canon 1.° contra los origenistas (Denz, 203) Otros, a quienes se refiere la segunda, opinión aquí mencionada, distinguiendo específicamente las almas de Ios ángeles, ponían a éstos todos de la misma especie. A esta sentencia se inclinó San Alberto Magno, O. P., aunque vacilando (Summa Theol.; p 2.", tr. 2, q. 8, ed. Vives, vol. 32, p. 137; In Il Sent., disto 9, a. 7, ed.cit., vol. 27, p. 204, Y dist. 25, a. 5, p. 430). Decididamente la defiende San Buenaventura, O. F. M. (In II Sent. Dist. 3, p. 1.", a. 2, q. 1, Y dist. 9, q. 1, a. únic., ed. Quaracchi, tomo 1, pp. 103 Y 242), Y posteriormente Enrique de Gante (Quodlib. II, qq. 8 y 11, q. 1), Escoto, O. F. M. (II Sent., dist. 3, q. 7) ; Durando (II Sent., dist. 3, q.3) y otros.

La tercera opinión, admitiendo la distinción específica entre los diversas órdenes y jerarquías, pone dentro de cada orden varios o todos los individuos de la misma especie, diferenciándose únicamente por razón de sus ministerios y oficios o por los dones sobrenaturales. Así opinaron Alejandro de Halés, O. F. M. (Summa theol., P. 2.", q. 20, membr. 6, .a, 2, nn, 113 Y 114, ed .. Quaracchi, 2, 153 Y í55) , Gabriel Bíel (H Sent.) disto 3, q. úndc., a'2, concl. 3), Dionísío Cartujano (II Sent., dist. 3, q. 3) Y otros posteriores. Para Santo Tomás, ninguna de estas sentencias es admisible. La razón es obvia y simple corolario de la doctrina anteriormente expuesta acerca de la perfecta inmaterialidad de los ángeles. Donde no hay materia no hay principio de distinción numérica; así que los ángeles habrán de distinguirse según la forma. Ahora bien, la distinción formal es específica. Luego es imposible que los ángeles difieran entre sí sólo numéricamente, y es necesario poner entre cada uno de ellos, con relación a los otros, distinción especifica.

La lógica es así, y Santo Tomás no es de esos espíritus eclécticos, enfermizos y contemporizadores que se arredran ante las consecuencias a que conducen los principios que una vez sientan, ni es tampoco de aquellos a quienes solamente salva la falta de lógica. "Si los ángeles no son compuestos de materia y forma, siguese que es imposible haya dos de la misma especie". Y si para combatir esta doctrina se pusiese en los ángeles alguna materia, aunque fuese espiritual, la distinción habría de ser necesariamente mayor, pues habría que recurrir para distínguelos a la distinción: de sus facultades, que necesariamente entrañaría una distinción genérica, no sólo específica (cf. De spiritualibus creaturis, a 8). Aparte de la confirmación aducida en la respuesta ad 2, encuentra el Santo una confirmación accesoria de su doctrina en la incorruptibilidad de los ángeles: "Vemos-dice-que en las cosas incorruptibles no hay más que un individuo de cada especie; porque la especie se conserva en ellos suficientemente par Un solo individuo. Mas en las cosas generables y corruptibles hay muchos individuos en cada especie, para la conservación de la dicha especie" (1. p., q. 47, a. 2).

Esta actitud resuelta y decidida del Angélico le hizo acreedor a que, tres años justos después de su muerte, su doctrina en este punto fuese incluida entre las 219 proposiciones consideradas como de los averroístas y con ellas condenada por Esteban Tempier el 7 de marzo de 1277 (DENIFLE, O. P., Chartularium. Univers. Parisiensis, vol. 1, Parisiis 1889, props, 81 y 96, pp. 548 Y 549), condenación que fue levantada por su sucesor en el obispado de París en 1325, después de la canonización del Santo.

Hoy, en cambio; su doctrina, aceptada por muchos teólogos, se halla así compendiada en la tesis 11 de las 24 tesis tomistas de la Sagrada Congregación de Estudios: "La materia sellada por la cantidad es el principio de la individuación, o sea de la distinción numérica, imposible en los espíritus puros entre un individuo y otro dentro de la misma especie" (Acta Apost. Sedis, 6, 1914, p. 385). Resumimos todo lo anterior con la doctrina del mismo doctor Angélico: Como dice el Filósofo, en los seres de la misma especie no es posible hallar un primero y un segundo. Pero en los ángeles, incluso en los del mismo orden, los hay primeros, medios y últimos, como dice Dionisio. Luego no son de una misma especie. Sin embargo, esto es imposible. Las cosas que tienen la misma especie y difieren numéricamente, convienen en la forma y se distinguen por la materia. Si, pues, los ángeles no están, como hemos dicho, compuestos de materia y forma, siguese que es imposible [13] que existan dos ángeles de la misma especie: tan imposible como decir que hay muchas blancuras separadas o que hay muchas humanidades, puesto que las blancuras no son muchas sino por el hecho de estar en muchas substancias.


Pero es que ni aun en la hipótesis de que los ángeles tuviesen materia podría haber muchos de la misma especie. En tal caso sería preciso que el principio de su distinción fuese la materia, y no ciertamente por la división de su cantidad, puesto que son incorpóreo s, sino por la diversidad de su potencialidad. Pero sucede que esta diversidad de la materia produce no sólo diversidad de especie, sino también de género.