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miércoles, 29 de junio de 2016

La Misa de Siempre - Mons.Marcel Lefebvre


El Credo
(TERCERA parte)


6. Creo en el Espíritu Santo

A veces no confiamos bastante en las almas, es decir, en la posibilidad que tienen de crecer en la virtud, evidentemente con la gracia de Nuestro Señor. Ahora bien, sucede que los fieles se quedan cautivados cuando se les habla de los dones del Espíritu Santo, de las bienaventuranzas y de los frutos del  Espíritu Santo, que forman parte del organismo espiritual de todas las almas desde que reciben la gracia por el bautismo. Cuando se predican estas cosas, i cuántos fieles se quedan maravillados y dicen: nunca nos habían hablado de esto! No sabíamos que el Espíritu Santo obra de este modo en nosotros!" Dios ha querido divinizarnos y comunicarnos esta caridad inmensa con que Él mismo arde desde toda la eternidad. Ha querido comunicárnosla y lo ha hecho por una manifestación extraordinaria: por su Cruz, su Muerte y su Sangre derramada.'? "Un efecto de la misión invisible del Espíritu Santo y de su presencia en nosotros es nuestra deificación por la gracia."!" Alguien podría decir: "Parece exagerado emplear tan fácilmente la palabra 'deificación'. No podemos convertirnos en dioses". Por supuesto que no somos dioses. Como nuestra naturaleza es muy limitada, sólo podemos ser deificados dentro de esos límites!" La religión cristiana es una religión del Espíritu Santo, la religión del amor y de la caridad. Es una religión que ha transformado el mundo. Antes era el odio, el egoísmo, el orgullo y la búsqueda de los bienes de este mundo. Después de Nuestro Señor, es la ley de la caridad la que manda en los corazones, es la gracia santificante que transforma los corazones y las almas. De este modo se vieron desplegarse cosas maravillosas en la cristiandad: conventos que cubrieron toda la Europa cristiana. En todas partes donde se hallaba la religión católica se levantaban conventos, se multiplicaban las vocaciones, se multiplicaban las familias cristianas, familias numerosas en donde reinaba la caridad, y de donde salían las vocaciones que hicieron la cristiandad. ¡Algo maravilloso! Durante trece siglos la cristiandad reinó sobre toda esa tierra a tal punto que todavía existen vestigios de conventos y de magníficas iglesias, construidas durante ese tiempo de cristiandad.

Pues bien, tenemos que pedir a Dios que nos conserve en ese espíritu de la cristiandad y en ese espíritu de amor a Nuestro Señor.

7. Creo en la Iglesia católica
La Iglesia ha recibido este magnífico tesoro de parte de Nuestro Señor, que no es sino su sacrificio y, por consiguiente, su sacerdocio, para que se perpetúe y su Espíritu se difunda en los corazones por medio de la gracia santificante, que cura y eleva los corazones hacia Dios. Estos son los dones que nos ha hecho Nuestro Señor. Con el mismo impulso, Nuestro Señor difundió y confió esto a su Iglesia.!
No se puede concebir la Iglesia sin el sacrificio de la misa, ¿verdad? Realmente es su gran obra. Por eso vemos que sus hijos, sus discípulos más fieles y los que abrazan mejor su espíritu, se reúnen alrededor del altar. Todas las congregaciones religiosas tienen como corazón y centro al altar de Nuestro Señor Jesucristo."?

Además, Nuestro Señor quiso que la, Iglesia que fundaba fuera sobre todo sacerdotal; nosotros no podemos cambiar su naturaleza. Quiso que todas las almas se salvasen por Él, por su humanidad y por su Iglesia, que es como la prolongación de su humanidad a través del tiempo y del espacio. Todo esto es de una lógica irrefutable. No podemos decir: "iPues no! Hay algunas almas que pueden salvarse sin pasar por Nuestro Señor Jesucristo". Evidentemente, si nos ponemos a discutir sobre la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, no queda nada. Si Él es simplemente un hombre extraordinario, que domina totalmente la humanidad por su virtud, por su sabiduría y por .su ciencia, un Sócrates a la potencia infinita, si Nuestro Señor solamente es esto, no es nada con relación a Dios! De este modo, ahora algunos pretenden que Dios obra directamente en las almas comunicándoles su Espíritu simplemente a través de llamamientos a su Espíritu, como en el pentecostalismo y en muchas sectas de ese tipo. Eso es absolutamente falso y contrario a la voluntad de Nuestro Señor. Nuestro Señor quiere que su gracia pase a través de la Iglesia y a través de los sacramentos de una manera normal; Nuestro Señor, para mostrar su omnipotencia, hace que de modo extraordinario pueda pasar fuera de las sendas normales, pero nunca renuncia a lo que Él mismo ha establecido. Eso no puede ser. Sería destruir su propia obra, su creación y lo que ha establecido!"

8. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados

Creemos en un solo Dios y en un solo Señor: Jesucristo, que nació, padeció y derramó su Sangre por nosotros. Creemos en una sola Iglesia: unam, sanctam, catholicam Ecclesiam. Creemos en un solo bautismo. En nuestro Credo sale cuatro veces la palabra unum: unum Deum, unum Dominum ]esum Christum, unam sanctam catholicam Ecclesiam, unum baptisma. Cuatro veces decimos uno solo: un solo Dios, un solo Señor, una sola Iglesia y un solo bautismo; ¿Qué quiere decir esto? Es definir una sola religión: no hay dos, sino una sola religión católica, y no hay otra más. ( ... ) Si creemos que nuestra religión católica es la única, tenemos que sacar de ello las consecuencias, y las consecuencias son sencillas, muy sencillas: todos los hombres tienen que adherirse a esta Santa religión si quieren salvarse. Por esto tenemos que ser mísíoneros!"

No aceptamos esa famosa libertad religiosa inventada por el concilio Vaticano II, según la cual cada uno puede tener la religión de su conciencia. ¡Eso es algo falso! No hay libertad de conciencia, sino que lo que hay es la religión de Nuestro Señor Jesucristo, a la que tenemos que adherimos. Está el camino que Nuestro Señor Jesucristo abrió para ir al Cielo y no hay ningún otro. y Él mismo dijo: "El camino es estrecho." (Mt 7, 14)  Tomad vuestra Cruz y seguidme si queréis ser mis discípulos y si queréis entrar en el Cielo."