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viernes, 24 de junio de 2016

Ite Missa Est

24 DE JUNIO

LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA


MISA

La Misa está compuesta de diversos pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento. La Iglesia, dicen los liturgistas, quiere con ello indicarnos que Juan es el lazo de unión de ambas alianzas y participa de cada una. Es el broche de oro que une el doble manto de la ley y de la gracia 1 en el pecho del Pontífice eterno.

El Introito es de Isaías; en la Epístola encontraremos entero el texto de donde está tomado. El salmo que antiguamente se cantaba con él, es el XCI, del que solamente queda en uso el primer versículo, aunque la razón por la que primitivamente se le escogió, está en el verso siguiente y en el trece: Es bueno anunciar tu misericordia por la mañana y manifestar tu verdad por la noche... El justo florecerá como la palma; y se multiplicará como el cedro del Líbano.

INTROITO
Desde el vientre de mi madre me llamó el Señor con mi nombre: y puso mi boca como espada aguda: me protegió bajo la sombra de su mano, y me puso como una saeta escogida. — Salmo: Es bueno alabar al Señor: y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.  Gloria al Padre.

La colecta recoge los votos del pueblo cristiano, en este día tan grande a causa del nacimiento del Precursor. Implora la abundancia de las alegrías espirituales, gracia propia de esta festividad como lo anunció Gabriel; y, aludiendo a la misión del hijo de Zacarías, que consiste en enderezar los caminos de salvación, suplica que ningún cristiano se descarríe de los senderos de la vida eterna.

COLECTA
Oh! Dios, que nos hiciste venerable este día con la natividad de San Juan: da a tus pueblos la gracia de los gozos espirituales; y dirige las almas de todos los fieles por la senda de la eterna salvación. Por nuestro Señor.

EPISTOLA
Lección del Profeta Isaías. (XLIX, 1-3, 5-7).
Oíd, islas, y atended, pueblos, de lejos: el Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre se recordó de mi nombre. Y puso mi boca como espada aguda: me protegió bajo la sombra de su mano, y me puso como una saeta escogida: me escondió en su aljaba. Y díjome: Tú eres mi siervo, Israel, porque me gloriaré de ti. Y ahora me dice el Señor, haciéndome siervo suyo desde el vientre materno: Mira, te he dado como luz de las gentes, para que seas mi salud hasta el extremo de la tierra. Los reyes verán, y se levantarán los príncipes, y adorarán por el Señor y por el Santo de Israel, que te eligió.

GRATITUD DE LOS GENTILES. — Hijos de la Iglesia, entremos en sus pensamientos; comprendamos qué agradecimiento debe ser el nuestro, de nosotros gentiles, hacia aquel a quien toda carne deberá el haber conocido al Salvador. Desde el desierto, donde su voz zahería el orgullo de los descendientes de los patriarcas, nos veía suceder a la soberbia sinagoga; sin aminorar en nada las exigencias divinas, su austera predicación tenía, para los futuros privilegiados del Esposo acentos que nunca conocieron los judíos: "Raza de víboras, decía a éstos: ¿quién os enseña a huir de la ira que ha de venir? Haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no digáis: Tenemos por Padre a Abraham. Porque os digo que puede Dios de estas piedras hacer nacer hijos de Abraham. Porque ya está puesta la segur a la raíz, y el árbol que no dé buen fruto, será cortado y echado al fuego". Mas a los despreciados publícanos, a los soldados detestados, a todos los corazones estériles de la gentilidad, comparables ciertamente a las rocas del desierto, Juan Bautista anunciaba la gracia, que refrescaría y fecundaría con la justicia sus almas secas. "Publícanos, no exijáis más de lo que os está ordenado; soldados, contentaos con vuestro sueldo. Moisés dió la ley; pero mejor es la gracia, obra de aquel a quien yo anuncio he aquí el que quita los pecados del mundo2 y nos da a todos de su plenitud".

INGRATITUD DE LOS JUDÍOS. — ¡Qué nuevos horizontes para estos despreciados, a los que el desdén de Israel había considerado por tanto tiempo como vitandos! Mas, para la sinagoga, semejante golpe al pretendido privilegio de Judá, era un crimen. Había soportado las invectivas lacerantes del hijo de Zacarías; se había mostrado pronta a aclamarle como a Cristo'; mas invitarla a marchar a una con la impura gentilidad, a ella que se decía tan pura, era demasiado: Juan, desde este momento, fué juzgado como lo sería su Señor. Jesús, insistirá más tarde sobre la diferente acogida que dispensaron a su Precursor los distintos oyentes; de ello sacará la base de la sentencia de reprobación contra los judíos. "En verdad os digo que los publícanos y las rameras os precederán en el reino de Dios; pues Juan vino a vosotros en camino de justicia y no le creísteis, y los publícanos y la rameras le creyeron, y vosotros, viéndole, ni aún hicisteis penitencia después". Después que Isaías ha profetizado la venida de Juan y del Salvador, Jeremías, figura de ambos, aparece en el Gradual; él también fué santificado en el vientre materno y preparado desde entonces para el ministerio que debía cumplir. El Verso deja en suspenso el anuncio de la palabra del Señor; según el rito usado antiguamente, se completaba repitiendo el Gradual. El Verso aleluyático está tomado del Evangelio, del Benedictus.

GRADUAL
Antes que te formara en el seno, te conocí: y, antes que salieras de vientre, te santifiqué.  Extendió el Señor su mano, y tocó mi boca, y díjome. Aleluya, aleluya. Tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo: irás delante del Señor, para preparar sus caminos. Aleluya.

EVANGELIO
(Continuación del Santo Evangelio según S. Lucas, l, 56-68).
Cumplió se la a Isabel el tiempo del parto y dió a luz un hijo. Y oyeron sus vecinos y parientes que el Señor había glorificado su misericordia con ella, y la felicitaron. Y sucedió en el octavo día que vinieron a circuncidar al niño, y le llamaban Zacarías, con el nombre de su padre. Y, respondiendo su madre, dijo: De ningún modo, sino que se llamará Juan. Y dijéronle: No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Y le indicaron a su padre cómo quería que se llamase. Y, pidiendo una tablilla, escribió diciendo: Juan es su nombre. Y se extrañaron todos. Y se abrió al punto su boca, y se soltó su lengua, y habló bendiciendo a Dios. Y se apoderó el temor de todos sus vecinos: y se divulgaron todas estas cosas por todas las montañas de Judea: y se preguntaban todos los que las oían, diciendo: ¿Quién crees que será ese niño? Porque la mano del Señor estaba con él. Y Zacarías, su padre, fué lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y obrado la redención de su pueblo.

LOS SANTUARIOS DE AIN-KARIM. — Después de los lugares santificados por el paso en este mundo del Verbo hecho carne, no hay otro, en Palestina, que pueda interesar tanto al alma cristiana como aquel donde se cumplieron los sucesos que cuenta este Evangelio. La ciudad que ilustró el nacimiento del Precursor, se encuentra dos leguas al Oeste de Jerusalén, así como Belén donde nació el Salvador está dos leguas al Sur de la Ciudad Santa. El peregrino que se dirige a S. Juan-de-la-Montaña, saliendo por la puerta de Jaffa, encuentra primeramente el Monasterio griego de Santa Cruz. Después, continuando su marcha a través del macizo de los montes de Judá, escala una cumbre desde donde se divisa el Mediterráneo. La casa de Obed-Edom, en la que habitó tres meses el arca santa, se elevaba en este lugar, de donde un rápido sendero conduce al lugar en que María, la verdadera arca de la alianza, pasó tres meses de bendición en casa de su prima Isabel. Dos santuarios, distantes uno de otro aproximadamente unos mil pasos, consagran los grandes recuerdos que acaba de relatarnos S. Lucas: En el uno fue concebido y nació Juan Bautista; en el otro tuvo lugar la circuncisión del Precursor, ocho días después de su nacimiento. El primero reemplaza a la casa urbana de Zacarías; en su forma actual se remonta a una época anterior a las cruzadas. Es una hermosa Iglesia con tres naves y cúpula. El altar mayor está dedicado a San Zacarías; el de la derecha a Sta. Isabel. A la izquierda, siete gradas de mármol conducen a una cripta cavada en la roca y que no es sino el aposento más retirado de la casa primitiva: es el santuario de la Natividad de S. Juan. Cuatro lámparas amortiguan la oscuridad de esta cripta veneranda, mientras que otras seis, suspendidas de la mesa del altar, alumbran esta inscripción grabada en el mármol del pavimento: HIC PRAECURSOR DOMINI NATUS EST: Unámonos en este día a los hijos de S. Francisco, guardianes de tan inefables recuerdos. Las tradiciones locales colocan a alguna distancia de este primer santuario, como ya hemos dicho, el recuerdo de la circuncisión del Precursor. Además de la casa urbana, Zacarías poseía otra más aislada. Isabel se había retirado a ella durante los primeros meses de su embarazo, para gustar en el silencio el don de Dios'. Allí la encontró la Virgen al venir de Nazaret, allí se produjo el sublime salto de gozo de los niños y de las madres, allí el Magníficat probó al cielo que en adelante la tierra le sobrepujaba en la alabanza y el amor. Convenía que el cántico de Zacarías, el cántico de la mañana, resonase por primera vez en el lugar donde el de la tarde se había elevado como columna de incienso de suave olor. Urbano V, en 1368, ordenó se cantase el Credo el día de la Natividad de San Juan Bautista y durante su Octava, para que el Precursor no pareciese inferior a los Apóstoles. La antigua costumbre de suprimir el Símbolo en esta fiesta ha prevalecido sin embargo: no como señal de inferioridad respecto de aquel que se eleva por encima de todos los que anunciaron el reino de Dios, sino para indicar que acabó su curso antes de la promulgación del Evangelio.

El Ofertorio está sacado del salmo del Introito: es el verso que antiguamente formaba el Introito de la 2.* Misa del Santo, al alba.

OFERTORIO
El justo florecerá como la palmera: se multiplicará como el cedro del Líbano.

La Secreta pone de relieve el doble carácter de Profeta y Apóstol, constitutivo de la grandeza de San Juan; el sacrificio que se ofrece en su honor, aumentará su gloria al poner de nuevo ante nuestros ojos al cordero de Dios que anunció y que mostró al mundo.

SECRETA
Llenamos, Señor, tus altares de dones, celebrando con el debido honor la natividad de aquel que predijo había de venir y que mostró ya presente al Salvador,a nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina.


El Esposo toma posesión de la Esposa, y Juan Bautista le preparó el camino, como lo indica la Antífona de la Comunión. El momento de los Misterios es aquel en que, cada día, repite: "El que tiene la Esposa, ése es el Esposo; mas el amigo del Esposo, que está con él y le oye, se llena de gozo con la voz del Esposo. Asi, pues, este mi gozo ha quedado cumplido".

COMUNION
Tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo: porqué irás delante del Señor, para preparar sus caminos. Si la alegría se desborda en el amigo del Esposo, ¿cómo la Esposa, en este bendito momento de Misterios, no será toda ella alegría y agradecimiento? Exalte, pues, en la Poscomunión a aquel que la hizo conocer a su Salvador y Señor.

POSCOMUNION
Alégrese, oh Dios, tu Iglesia con la generación de San Juan Bautista, por quien conoció al autor de su regeneración, a nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina.

OFICIO PERMANENTE DEL PRECURSOR. — También nosotros, oh! Precursor del Mesías, tomamos parte en la alegría que trae al mundo tu nacimiento. Este anunciaba la propia venida del Hijo de Dios. Ahora bien, cada año el Emmanuel vuelve a nacer de nuevo en la Iglesia y en las almas; y así hoy, como hace veinte siglos, no quiere venir a este mundo sin que tú, como entonces, hayas preparado los caminos de este nacimiento por el que se nos da a cada uno el Salvador. Apenas finalizó la serie de misterios que dieron cumplimiento a la glorificación del Hombre-Dios y fundación de la Iglesia, cuando ya alborea en el horizonte Navidad; ya, en su cuna, Juan salta de gozo y revela la proximidad del Niño-Dios. Amable profeta del Altísimo, que, sin poder hablar aún, ya sobrepasas a todos los grandes profetas: muy pronto parecerá que el desierto te ha arrebatado para siempre del trato de los hombres. Mas en los días de Adviento, la Iglesia te encontrará de nuevo; y ella nos volverá sin cesar a tus sublimes enseñanzas, al testimonio que tú mismo darás de Aquel a quien ella espera. Comienza desde ahora a preparar nuestras almas; vuelto de nuevo a este mundo en este alegre día, venido como mensajero de la cercana llegada del Señor, ¿podrías permanecer inerte por un momento ante la obra inmensa que te incumbe respecto de nosotros?

DIGNOS FRUTOS DE PENITENCIA. — Desterrar el pecado, domar las pasiones, enderezar los instintos descarriados de la pobre naturaleza caída: todo esto sin duda se habría ya practicado, todo esto se habría ejecutado hace tiempo, si hubiésemos correspondido a tus pasadas fatigas. Sin embargo de eso, es muy cierto que apenas en muchos se ha comenzado a roturar esas tierras rebeldes, en donde las piedras y las zarzas han desafiado tus cuidados desde hace años. Lo reconocemos, confundidos al confesarnos culpables: te descubrimos a ti y a Dios Todopoderoso nuestras faltas, como nos enseña la Iglesia a hacerlo al principio del Santo Sacrificio; mas al mismo tiempo te pedimos con ella intercedas< por nosotros ante Dios nuestro Señor. Así lo proclamabas en el desierto: de estas mismas piedras Dios puede sacar hijos de Abraham.


PRESENCIA DE SAN JUAN EN LA MISA. — Diariamente las solemnes fórmulas oblacionales, preparatorias de la inmolación renovada del Salvador, nos muestran la parte honrosa y poderosa que te corresponde en este augusto Sacrificio; tu nombre, vuelto a pronunciar cuando la víctima sagrada está sobre el altar, ruega entonces por nosotros, pecadores, al Dios misericordioso. ¡Ojalá nos sea propicio, en atención a tus méritos y a nuestra miseria, y a la súplica perseverante de la Iglesia, trocando nuestros corazones y reemplazando sus malas inclinaciones por los atractivos de la virtud, que nos alcanzarán la visita del Emmanuel! En este momento sagrado de los Misterios, invocado tres veces según la fórmula que tú nos enseñaste, el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, se apiadará de nosotros y nos concederá la paz: esta paz preciosa con el cielo, con la tierra y con nosotros mismos, que nos preparará para el Esposo haciéndonos Hijos de Dios según tú mismo atestiguas cada día por boca del sacerdote al finalizar el Santo Sacrificio. Entonces ¡oh Precursor! será completa nuestra alegría como la tuya; dará comienzo la unión sagrada, de la que este día de tu nacimiento encierra para nosotros una esperanza tan lisonjera, y, desde este mundo y bajo el velo de la fe, será una realidad sublime, en espera de la clara visión de la eternidad.