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lunes, 18 de abril de 2016

MUCHAS GRACIAS MONS. MARCEL LEFEBVRE. - R. P. Arturo Vargas Meza

¡MUCHAS GRACIAS! 


MONS. MARCEL LEFEBVRE.


Cuando Jesucristo nuestro redentor caminaba con la cruz a cuestas rumbo al Calvario se encontró con unas mujeres que lloraban el lamentable estado de nuestro salvador. El, en un acto inmenso de compasión salido de su corazón amantísimo, les dijo: “Hijas de Jerusalén no lloréis por mí, sino por vosotras mismas. Porque si esto hacen en el leño verde, que no harán en el seco”. El gran profeta David cuando le anunciaron la muerte de su enemigo el rey Saúl y de su gran amigo Jonatán rasgo sus vestiduras e hizo luto por ellos. Pero no se alegro ni hizo fiesta por la muerte de ellos, digno ejemplo de emulación, más en estos tiempos de la gran crisis de la Iglesia Católica. Hace años (1991) el día de la anunciación de la virgen entregaba su alma al creador Mons. Marcel Lefebvre, cuya obra no debe ser olvidada pues fue el fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X en medio de las grandes batallas que tuvo que librar contra de autoridades eclesiásticas romanas y muy hostiles a su Obra. La razón de estos feroces ataques nacía de su corazón fiel discípulo de Jesucristo, filial hijo de la Madre del Redentor y fiel hijo de la Iglesia Católica de siempre.

La Fraternidad San Pio X creció mucho bajo la mirada paternal de este gran Arzobispo y paladín de la Iglesia, defensor acérrimo de de los dogmas de la fe, de la doctrina de Jesucristo, del Sacrificio de la Misa y del sacerdocio Católico, en estos cuatro pilares comenzaron a edificarse los seminarios con los que cuenta, actualmente dicha Congregación. Esto no hubiese sido posible sin la ayuda generosa de muchos católicos en el mundo que vieron en él al hombre que la providencia suele sucintar en momentos tan calamitosos para su Iglesia. La adhesión a su obra se dio por todos lados del mundo católico y la generosidad de todas estas almas de buena voluntad quienes le dieron el crecimiento enorme a la Congregación, lo que enfureció aun mas a sus enemigos los modernistas acérrimos enemigos de la Iglesia Católica a la que el entrego su juventud, su edad adulta y su vejes hasta su muerte, muerte por cierto ejemplar y valiente pues murió en el “exilio” como dicen ahora. Su presencia para mi valió mi conversión porque si bien era católico como tantos en el mundo, no practicaba para nada dicho catolicismo en la que ahora conozco como “Iglesia Nueva”, entre a uno de sus seminarios, comí con él, converse con él, y recibí todas las ordenes sagradas de sus manos Arzobispales y, por último, como un presagio de su pronta muerte tuve una larga conversación con él. Sería un mal agradecido primero a la providencia divina por haber puesto en mi camino a un hombre tan integro, tan convencido de lo que estaba haciendo, tan amante de Jesucristo y celoso cuidador de su doctrina, en fin, como solíamos decir “un hombre de Dios” y quizá un santo, solo la Iglesia en un futuro próximo sabrá juzgar con justicia si lo es o no y en segundo lugar a él.

Su muerte para más de un sacerdote significo una gran desgracia, pero debíamos aceptar la voluntad divina en medio de nuestro dolor. Fue como si hubiésemos perdido un padre y diría algo más que eso porque para una persona como el no existe palabras que exprese totalmenten su trabajo y acción. Quizá muchos podrían decir: “Pero cometió muchos errores, no hizo lo que tenía que hacer, dirán otros, y, finalmente otros se alegraron de su muerte y lo más lamentable que esos se encontraban entre nosotros. Diré a los primeros, los grandes santos siempre fueron perfectos? ¿Por ejemplo Un san Agustín? Por no decir más nombres pues el santoral está lleno de ellos, en cuanto a los segundos, han hecho ustedes más que él? Cumplen por ahora, cuando menos con sus deberes de estado como Dios manda? El no era Dios y con todo hizo mucho más de lo que se le podía pedir a un mortal en todo caso no importa esta opinión de los que pronto nos convertiremos en polvo sino lo la de Dios que se refleja en las obras hechas para su gloria y alabanza. En cuanto a los que se alegraron de su muerte solo puedo decirles como si fuera el mismo Monseñor quien les dijera “Yo muero, pero Dios no muere” ¡Viva Cristo Rey!

Lo más lamentable de todo esto es que con su muerte también murió su GRAN OBRA en su ataúd se encontraban no uno sino dos cuerpos y eso en cierta manera lo percibíamos muchos  pues no salió otro Judas Macabeos del gran Patriarca Matatías que no solo se revistiera de espíritu de su OBRA COLOSAL sino que la bandera hasta ahora no ha sido enarbolada como debió haberlo hecho cuando menos uno de los obispos de su entera confianza, sino que estos sucesores volvieron su mirada a Egipto y ambicionaron sus cebollas y comenzaron ese retorno asía ese lugar sin reparar que no cumplieron con la promesa de José de ser sepultado en la tierra prometida, el cielo. Tampoco surgió un Josué capaz de conducir al pueblo católico a la tierra prometida, como se lo mostro el Señor por boca del gran Moisés y creo que debemos esperar solo un milagro para ver ondear de nuevo en lo más alto del mundo la señal inequívoca de la CRUZ antaño ganadora de grandes batallas porque de sus sucesores en el episcopado NO SE VE A NADIE QUE CON EL CORDERO PISE EL LAGAR como Monseñor lo hizo. Los enemigos de la Iglesia Católica con toda seguridad están de manteles largos, pues son los sepultureros encargados de echar la tierra a lo que quedaba LA OBRA DE MONSEÑOR y estoy seguro que pondrán una losa muy pesada para que no resucite dicha obra, como en el pasado lo hicieron sus maestros en el arte con Nuestro divino Salvador.

Asistimos pues a otro sepelio y es también triste, lamentable y deplorable pues quienes también gozaron de su compañía, sus coloquios y su CONFIANZA sean ahora los que cargan este ataúd traicionando con su acción cobarde, a los sacerdotes y seglares que querían continuar en el combate poniéndolos entre la espada y la pared entre elegir regresar a Egipto (Roma modernista) o continuar con Josué asía la tierra prometida (el cielo). Dilema al que nunca los hubiera puesto el fundador de la Congracian por más que ellos afirmen y reafirmen todo lo contrario es que, se han olvidado de quienes le conocimos también y no estamos de acuerdo con ellos en afirmar lo contrario de los verdaderos deseos del justo que dice: “Ame la verdad y aborrecí la iniquidad”? y por eso murió en el “EXILIO”.

Un buen día dije a uno de los cuatro obispos, disculpen mi error ortográfico está hecho a propósito, “Prefiero morir en el “Exilio” antes que regresar a Egipto (Roma Modernista)” y solo se quedo callado y así sigue hasta ahora. Que puede hacer sino acompañar el cotejo fúnebre que va a sepultar la obra de Monseñor Lefebvre, espero en Dios no sea uno de los primeros en echar la primera o tercera palada que de la cuarta no sé si lo hará pues como él dice: “Yo no lo sé, solo Dios lo sabe”. Estimados cofrades que en el “EXILIO ESTAMOS” no es del momento de alegrarse de la desgracia ajena ni tampoco hacer leña del árbol caído, recordemos más que nunca las palabras de nuestro querido Apóstol San Pablo: “El que está parado, mire no caiga” y más bien recemos por la salvación de unos y por la dura decisión que darán otros entre salir del “EXILIO” o continuar en el. En cuanto a nosotros Dios Nuestro Señor nos alcance mayores gracias para perseverar en su santo servicio y, porque no, rogar a nuestra Madre del cielo para que interceda por nosotros pues Ella antes ya paso, pasa y pasara hasta el fin del mundo por estas situaciones tan complicadas e inexplicables para nosotros. En cuanto ruego a ustedes recen por mí para mantenerme fiel a mis juramentos de defender la verdad y combatir con todas mis fuerzas el error, vuestro en Cristo Jesús.

R. P. Arturo Vargas Meza


P. D._ dejo a vuestra disposición un video con no digo las últimas palabras de Monseñor Lefebvre, pero si muy significativas dichas antes de su muerte, y, por otro lado un video de cuando el superior general en turno ab aeterno recibió del Cardenal Levada las ordenes de sus nuevos “superiores”

Palabras de Mons. Lefebvre


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