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viernes, 15 de abril de 2016

Memorias de de un mártir Cristero o “Entre las patas de los caballos”


Al salir los féretros

Al salir los féretros a la calle la multitud se hincó y guardó solemne silencio que fue roto por un grito de i Viva Cristo Rey! Estalló al mismo tiempo un inesperado aplauso, mientras sobre las cajas caía una lluvia de flores que arrojaban las personas a su paso. Fue necesario que un numeroso grupo de acejotaemeros nos impusiéramos para organizar el cortejo, pues la multitud se lanzaba en verdaderas oleadas tratando de tocar los féretros. Desde luego decidimos no utilizar las carrozas fúnebres. Turnándonos los llevamos en hombros hasta el panteón de Dolores, y eran muchísimos los que a cada turno suplicaban se les permitiera cargarlos. Al llegar al Paseo de la Reforma ya el cortejo tenía forma definida. Lo encabezaba una columna como de trescientos automóviles, los cuales presentaban un frente cerrado a cualquier intento que pudieran hacer los callistas para disolvemos. En seguida, los cuerpos y tras ellos una multitud que se extendía por varias calles. Detrás otra formación interminable de carruajes. En las aceras y ventanas la gente se agolpaba, y se arrodillaba al paso de los mártires. De las casas y de los vehículos públicos salían a nuestro paso más personas que se sumaban a la columna. Al llegar la cabeza a la parte alta de la calzada que conduce al Panteón de Dolores, pudimos ver que el cortejo se prolongaba hasta perderse de vista, y en el Cementerio estaba ya reunida otra multitud, tal vez mayor que la que a pie y rezando había acompañado a los Pro. Al reunirse las dos multitudes el acto perdió su carácter de duelo y adquirió los aspectos de una apoteosis. El pueblo entonaba el Himno Nacional, lanzaba vivas a Cristo Rey, a los mártires, a la Virgen de Guadalupe. Aplaudían y lloraban; otros reían y gritaban. El cortejo se dirigió a la cripta que la Compañía de Jesús tiene en Dolores y se inició el acto del entierro del Padre Pro. Volvió a reinar un silencio imponente que sobrecogió a toda la multitud.

Terminado el entierro del Padre volvieron a oírse los gritos y vivas mientras nos dirigíamos a la fosa preparada para Humberto. Allí también se hizo silencio mientras se bendecía el sepulcro y bajaba el cadáver. En seguida Don Miguel Pro, padre de las víctimas, tomó una pala y arrojó la primera tierra que habría de cubrir lo, exclamando: Hemos terminado, Te Deum Laudamus. Para los miembros del Grupo Daniel O'Connell de la ACJM, todo esto fue especialmente doloroso, pues Humberto y Roberto pertenecían al Grupo, los habíamos tratado estrechamente, y se habían hecho querer por su carácter jovial y espíritu de camaradería. El Padre era también muy querido. El nos había dirigido a los conferenciantes de la sección de propaganda oral; fue el primer Asistente Eclesiástico de la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos, y numerosas veces, arrostrando los peligros con un buen humor envidiable, nos había llevado la Sagrada Comunión y dicho la Santa Misa. El entierro de Luis Segura Vilchis, destacadísima figura dentro de la A. C. J. M., por sus cualidades de jefe, su reciedumbre y heroísmo, constituyó igualmente grandioso homenaje a su memoria y un público reconocimiento a su hombría de bien. Se le enterró en el Panteón del Tepeyac, casi a la misma hora que a los Pro. Juan Tirado fue inhumado en Dolores al día siguiente a las diez. Lo acompañaban numerosas personas y representaciones de sociedades y asociaciones.

El Universal Gráfico iba a publicar fotografías del entierro de los Pro, mas le fueron decomisadas por la policía y se concretó entonces a dar una información reducida y en términos muy generales; pero junto a ésta, en primera plana y en forma visible, publicó sin mayor explicación lo siguiente:

-¿Qué me dice usted de lo que hacen los bolchevistas?

-Se disponen a tomar parte en la próxima conferencia para el desarme, lo que es muy significativo.

-No, no me refiero a Rusia sino a... -¡Ah! (No quiere usted saber de Rusia?, pues nada, que Bratianio, ministro Rumano, falleció de una operación, y el príncipe Carlos o sus partidarios ...

-¡Tampoco, tampoco, yo digo de aquí, de México!

-¡Todo bien, gracias! y por Toluca?

Este diálogo era por sí muy significativo y la gente acostumbrada a leer entre líneas, lo entendió perfectamente. Por varios días continuamos preocupadísimos por Roberto Pro, pues seguía incomunicado en los fatídicos sótanos y la prensa informó que se le custodiaba estrechamente, "pues desea atentar contra su vida al saber la noticia de la muerte de sus hermanos", y bien conocidas eran las actividades del sanguinario general Palomera López, Jefe de la Policía montada, quien constantemente aplicaba la ley fuga a los detenidos, los que, según las versiones que después daba, habían tratado de huir y se les había disparado, o bien se suicidaban en sus celdas. Por fin fue expulsado del país. Se embarcó en Veracruz rumbo a La Habana, y no se le permitió comunicarse con nadie.

XVI

EL APOTEÓTICO ENTIERRO DE LOS MÁRTIRES de la Inspección de Policía atemorizó a los tiranos, quienes dispuestos a dominar por el terror crearon al efecto un organismo semioficial, al que llamaron Liga de Defensa Revolucionaria.

El Universal Gráfico dio la siguiente información:
La Liga de Defensa Revolucionaria vendrá a ser en México una especie de sociedad de camisas negras, donde sólo tendrán cabida aquellos elementos de extracción netamente revolucionaria y que reúnan la cualidad de ser hombres de acción" principios. Se llamarán los camisas blancas, tomando esa característica de que la mayoría de los que la compondrán son campesinos. La Organización se regirá por la disciplina militar. El elemento campesino será el pie de guerra de la Liga que contará en su seno otros grupos de acción formados por hombres decididos, cuya misión será: para los unos, de carácter de ejecutores de cualquier clase de medidas y para los otros, los que se encargarán de responder por las vidas de todos aquellos revolucionarios que son necesarios para garantizar la idea y la acción en el país.

Al día siguiente El Universal ampliaba la noticia de su vespertino y decía:  La Liga de Defensa Revolucionaria formará las listas rojas de aquellas personas a las que considere enemigas. Anoche celebraron una importante sesión secreta sus directores con el fin tomar los primeros acuerdos sobre las actividades que van a desplegarse para contrarrestar, según sus propósitos, la labor de los elementos que consideran enemigos. Fueron numerosos los acuerdos tomados; pero el de más importancia y que seguramente causará sensación, es el de que comisiones especiales fueron nombradas para levantar un padrón con los nombres de todas las personas consideradas enemigas de la revolución, quienes van a ser colocadas en listas negras, que estarán constantemente a la mano de los miembros activos de la Liga, para castigar en ellas con toda energía, cualquier maniobra que consideren afecte el desenvolvimiento revolucionario de México, según sus puntos de vista. La formación de tales listas negras no quedó en simple proyecto, pues hoy en la mañana, los empadronadores dieron principio a su labor sirviéndose de los datos que tenían los servicios secretos de las dependencias oficiales e Inspección General de Policía.


Terminado el censo -prosigue El Universal- se establecerá estrecha vigilancia sobre las personas de quienes se sospeche cualquier actividad y apenas se les compruebe, la Liga se encargará de castigarlas por medio de sus ramificaciones secretas. El domingo siguiente a las ejecuciones en la Inspección General de Policía, el general Obregón pronunció en Toluca un discurso proclamando la destrucción de todo aquel que no se le someta y que por este solo hecho merezca el epíteto de reaccionario y la execración consiguiente. El 28 de noviembre, Excélsior lo publicó en primera plana y con grandes titulares: DA SU APOYO EL SR. GRAL. OBREGÓN A LA LIGA DE DEFENSA REVOLUCIONARIA. Declara que hay que castigar la reacción en cada uno de sus miembros visibles, ya que los directores han traspasado las fronteras del país. El señor general Álvaro Obregón, en la manifestación que en su honor organizó el día de ayer en la ciudad de Toluca el Partido Socialista del Trabajo del Estado de México, pronunció el siguiente discurso: De 1910 a la fecha la Revolución se ha visto muchas veces en peligro porque sus directores han incurrido, o hemos incurrido, si me vale la palabra, en el error substancial de suponer que la Revolución ha triunfado en algunas de las épocas en que movimientos sociales y políticos han determinado un triunfo transitorio. La Revolución Mexicana no puede pensar en obtener la victoria definitiva en ninguna de las épocas de su lucha, porque sustenta en sus anhelos una nobilísima generación de aspectos sociales y aspectos humanitarios y políticos, que no son sino la eterna lucha entre el bien y el mal, que no es sino la eterna lucha entre los valores morales y espirituales contra los valores materiales.  Es necesario entonces que velemos como una guardia que monta protegiendo un torreón; que velemos constantemente con las pupilas puestas sobre el horizonte de nuestros destinos para no permitir que la reacción, alevosa, venga con sus maquinaciones a entorpecer el desarrollo sucesivo de las aspiraciones del pueblo de México, y es necesario que la reacción sepa que no pudiendo combatir a las cabezas visibles, a las cabezas dirigentes de sus maniobras, porque ya emigraron de nuestro territorio, iremos contra su organismo, iremos contra cada uno de sus miembros, :v con esa noble finalidad se ha organizado la Liga de Defensa Revolucionaria, la que, por lo que me han dicho sus directores, obrará de acuerdo con las necesidades y las exigencias del elemento revolucionario contra la reacción, y procederá como se procede cuando se trata de combatir un enemigo colectivo sin cabezas visibles, Ya hemos visto cómo se procede cuando nos pica una hormiga: no buscamos a la hormiga que nos pica para matarla, sino que cogemos un balde de agua caliente y lo arrojamos sobre el hormiguero, Cuando nos pica un alacrán, cogemos una linterna para buscarlo y si encontramos a otro alacrán, no lo dejamos vivo porque no nos ha picado; lo matamos, porque también puede emponzoñarnos con su veneno y es necesario que la reacción abandone la idea de vencernos; ella no tiene armas suficientes, porque las armas que dan el derecho a la victoria son las armas que radican en el espíritu no armas que radican en el vientre. Es necesario que sepa la reacción que si ella trae dinamita en sus manos criminales, nosotros llevamos la dinamita en el espíritu para conocerla. Obregón habló más de la cuenta, Sencillamente explicó al país por qué habían asesinado a los Pro, al decir: "cuando nos pica una hormiga no buscamos a la hormiga que nos pica para matarla, sino que cogemos un balde de agua caliente y lo arrojamos sobre el hormiguero, Cuando nos pica un alacrán, cogemos una linterna para buscarlo y si encontramos a otro alacrán, no lo dejamos vivo porque no nos ha picado: lo matamos, , , Para él las hormigas y los alacranes eran los que le hacían oposición y no se trató de hacer justicia, ni de averiguar la verdad, sino de matar al sacerdote que habían encontrado, "aun cuando no fuera quien le había picado", y no satisfecho aún, aprobó la formación de una organización para castigar a sus enemigos y a eso le llamó noble finalidad, El semanario El Yunque, que dio pruebas de valor, hasta que por ello fue clausurado, al comentar el discurso dijo: ¿En qué lado de la barricada se halla el general Obregón? cuando habla de la lucha entre el bien y el mal? ¿El es paladín de aquél? Entonces, que no hable de odios inextinguibles y de cruento y eterno batallar, porque todo ello está reñido con la bondad, con la tolerancia, con la benevolencia, que son las armas de los fuertes de espíritu. ¿Es, por el contrario, caballero del mal? Entonces que no haga vanos alardes de nobilísimos anhelos, de aspectos humanitarios, que no invoque victorias obtenidas con las armas impalpables pero invencibles del alma.