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lunes, 11 de abril de 2016

¿ES VALIDA O INVALIDA LA NUEVA MISA?


Hablemos ahora de la realización del Sacrificio.

Los cuatro elementos que debemos distinguir son estos:

1) Cristo,

2) el sacerdote,

3) la Iglesia,

4) los fieles presentes.

En el "Novus Ordo" la posición atribuida a los fieles es autónoma (absoluta); de aquí que sea falsa desde el principio, desde la definición que el N97 de la "lnstitutio Generalis" nos da: Misa est sacra sinaxis seu congregatio populi Dei" (la Misa es la asamblea o congregación del pueblo de Diosl. Como falso es también que el saludo del sacerdote presidente manifieste la presencia del Señor, y que "con este saludo y con la respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada". Una verdadera presencia, ciertamente, de Cristo, pero solamente espiritual, y un misterio de la Iglesia, pero tan solo como una asamblea, que manifiesta y solicita una tal presencia.

Nota del Traductor Mexicano: Es obscura la expresión, en el contexto en que se halla, del "misterio de la Iglesia congregada". Yo veo no un misterio, sino muchos misterios en la congregación o reunión espiritual de todos los que estamos unidos o formamos una misma Iglesia Católica, regida por Cristo y el Papa su Vicario¡ pero no veo en sí ningún misterio en la congregación material, local, del pueblo de Dios. El saludo sacerdotal podrá ser un acto de cortesía, un gesto social, pero nunca la clave para representar e interpretar el misterio de la Iglesia congregada. Por otra parte, el misterio o los misterios de la Iglesia se dan también, en una sola alma regenerada por Cristo, aunque no esté material, localmente congregada con los otros fieles. En una Misa privada celebrada por un sacerdote con ayudante, se da también plenomente el misterio de la Iglesia congregada. El texto, que venimos presentando, explica después la tendencia del equívoco.

Una interpretación colectivista está constantemente subrayada, a) por las persistentes referencias al carácter comunal de la Misa (Nos. 74-152) por lo distinción hasta ahora inaudita entre la "Misa cum populo" (la Misa con el pueblo) y la "Misa sine populo" (Nos. 203- 231) por la definición de la "oratio universalis seu fideiium" (N" 45), en la que una vez más encontramos reafirmado "el oficio sacerdotal" del pueblo ("populus sui sacerdotii munus excercens" el pueblo ejercitando su oficio sacerdotal, presentado en una manera equívoca ya que ni siquiera se hace mención a su subordinacion al sacerdocio jerárquico del celebrante; tonto mas cuanto el sacerdote, como un mediador consagrado, se hace así el intérprete de todas las intenciones del pueblo, asi en la oración "Te igitur", como en los dos mementos.


En la "Prex eucharistica III" ("Vere Sanctus", p.123), las siguientes palabras son dirigidas al Señor: "Sonto eres en verdad, Señor, y con razón te alaban todos tus creaturas, ya que. . . das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo, sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha, desde donde sale el sol hasta el ocaso". Congrega el Señor a su pueblo para ofrecer el sacrificio: el pueblo, no el sacerdote, no Cristo, es el elemento indispensable en la celebración. Esta obscuridad o imprecisión en señalar quien es el que ofrece, hace que el pueblo mismo aparezca y se crea revestido con poderes autónomos sacerdotales. Puesta esta base, no sería remoto ni sorprendente que el pueblo, antes de mucho tiempo, fuese autorizado a unirse al sacerdote para pronunciar con él las fórmulas consecratorias, como de hecho ya se   está haciendo en algunas partes.

La posición del sacerdote está minimizada, cambiada y falsificada. En primer lugar, con relación al pueblo, para quien es ahora, a lo más, un presidente, o un hermano, no un ministro consagrado, que celebra (sacrifica, actúa) en nombre de Cristo, con el poder de Cristo. En segundo lugar, con relación a la Iglesia, como "quidam de populo" (uno de tantos del pueblo. En la definición de la "epiclesis" (N" 55), las invocaciones son anónimamente atribuidas a la Iglesia: la parte del sacerdote ha sido eliminada. "Epiclesis: con la que la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora el poder divino, para que los dones que han ofrecido los hombres, queden consagrados..." (17)

En el Confiteor, que ahora se hace colectivo, el sacerdote no es ya un juez, un testigo e intercesor con Dios. Es lógico, pues, que ya no tenga poder para dar la absolución, que ha sido del todo suprimida. El sacerdote, un miembro del pueblo de Dios, uno de todos los hermanos que asisten al sacrificio. Aun el ayudante lo llama así, en el Confiteor de la "Missa sine populo". Ya antes de esta última reforma litúrgica, había sido suprimida la significativa distinción entre la comunión del sacerdote -el momento en que el Eterno y Sumo Sacerdote y aquél que actuaba, en su nombre y con su poder, se unían en la más sagrada y sublime unión y la comunión de los fieles. Ni una sola palabra encontramos ahora acerca del poder del sacerdote, para sacrificar, o de su acción de la consagración, por la cual se realiza la transubstanciación, la Real Presencia de Cristo. En el "Novus Ordo" no aparece distinto a un ministro protestante.

La supresión o el uso optativo de muchas sagradas vestiduras (en algunos casos son suficientes al alba y la estola) (N, 298) destruye todavía más la conformidad original con Cristo. El sacerdote no está ya simbólicamente revestido con todas sus virtudes, y se convierte en un mero "graduado", al que una o dos señales pueden distinguir de la masa del pueblo (18) "un poco más hombre que el resto", para citar la involuntaria humorística definición de un predicador dominico. (19). Lo mismo como hiciera en la "mesa" y el altar, han establecido una separación entre lo que Dios había unido: el solo sacerdocio de la Palabra de Dios, del sacerdocio jerárquico, que ofrece el Sacrificio.

Finalmente, está la posición de la Iglesia con relación a Cristo. En un caso, a saber, en la "Misa sine populo" (en la Misa sin asamblea) se reconoce que la Misa es "Actio Christi et Ecclesiae", la acción de la Iglesia y Cristo (N. 4, d. Preb. Ord. N. 13), mientras que en el caso de la "Misa cum Populo", de la Misa con pueblo, esto no se menciona, exceptuando el propósito de "recordar a Cristo" y santificar a los que están presentes. Las palabras usadas son éstas: "asocia a sí mismo al pueblo, al ofrecer el sacrificio por Cristo en el Espíritu Santo a Dios Padre". En vez de estas palabras, debería decir que asocia al pueblo a Cristo, que se ofrece a sí mismo" per Spiritum Sanctum Deo Patri".




En el contexto de estas palabras, hay que notar las siguientes cosas:

1) La muy grave omisión de la frase: "Per Christum Dominum Nostrum" (por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina y reina etc.) la garantía dada a la Iglesia, en todos los siglos, de que sus plegarias son oídas. (Joan. XIV, 13-14, 15, 16,23)

2) El "pascalismo", que todo lo invade, casi como si no existiesen otros aspectos, muy diferentes e igualmente importantes de la comunicación de la gracia.

3) El muy extraño y dudoso escatologismo, por el cual la comunicación de la gracia sobrenatural, una realidad que es permanente y eterna, se abajo a las dimensiones del tiempo: oímos de un pueblo en peregrinación, la Iglesia peregrina -ya no se habla de la Iglesia Militante contra el poder de las Tinieblas-, que busca un futuro, que, habiendo perdido su vínculo con la eternidad, es concebido en términos puramente temporales. La Iglesia -Una, Santa, Católica, Apostólica- está tan disminuida, como claro aparece en la IV Plegaria Eucarística, cuya fórmula ha sustituido aquellas sublimes palabras del Canon Romanum "et omnibus ortodoxis atque catholicae, et apostolicae fidei cultoribus" (y todos los que profesan la fe ortodoxa, católica y apostólica), con estas palabras de un ecumenismo incomprensible e inadmisible, que literalmente, ni más, ni menos, dice así: "todos los que te buscan con un sincero corazón". Lo mismo en el Memento de los difuntos, cuando lo hay, no se dice ya "a aquellos que han muerto con la señal de la fe y duermen el sueño de la paz", sino "aquellos que han muerto en la paz de Cristo", y se añade, con manifiesto detrimento del concepto de la unidad visible, la multitud de todos los difuntos, "cuya fe sólo Tú conoces". Más todavía, en ninguna de estas tres nuevas Oraciones Eucarísticas, hay ninguna referencia, como ya se ha dicho, al estado de sufrimiento de los que ya murieron, en ninguno hay la posibilidad de un Memento particular: todo esto, es evidente, tiene que minar la fe en la naturaleza propiciatoria y redentora del Sacrificio. (20)

Omisiones desacralizantes rebajan y oscurecen en todas partes el misterio de la Iglesia. Ya no es presentada como una jerarquía sagrada: los ángeles y los Santos son silenciados y reducidos al anonimato, en la segunda parte del Confiteor colectivo han desaparecido, como testigos y jueces, en la persona de San Miguel, en la primera parte de ese así llamado "acto penitencial" (21).

Han desaparecido también las varias jerarquías de los ángeles (y esto sin precedente alguno), en el nuevo Prefacio de la "Plegaria Eucarística II". En el Communicantes ha sido suprimido el recuerdo de los Pontífices y Santos Mártires, sobre quienes la Iglesia de Roma está fundada y que fueron sin duda alguna, los que nos legaron las tradiciones apostólicas, destinadas a ser completadas en lo que, con San Gregorio, llegó o ser la Misa Romana. En el Libera nos, no se menciona ya a la Virgen Santísima, los Apóstoles y todos los santos: la intercesión de María y de los bienaventurados no es ya demandada aún en tiempos de peligro.

La unidad de la Iglesia está gravemente comprometida con la omisión verdaderamente incomprensible e intolerable, en todo el "Novus Ordo", incluyendo las tres nuevas "Plegarias Eucarísticas”, de los nombres de los Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, fundadores de la Iglesia de Roma, y los nombres de los otros Apóstoles, fundamento y distintivo de la Iglesia, una y universal. La única mención que de ellos queda está en el Communicantes del Canon Romano. Un claro ataque al dogma de la Comunión de los Santos es la omisión, cuando el sacerdote celebra sin ayudante, de todos los saludos, y de la bendición final, para no mencionar el ite Missa est, que ahora no se dice, ni en las Misas celebradas con un ayudante.

En el doble Confiteor (el del Sacerdote y el de los asistentes) se mostraba cómo el sacerdote, en su papel de Ministro de Cristo, inclinándose profundamente reconociendo su indignidad en tan sublime misión del "tremendo misterio", que iba a celebrarse por él en el "Aufer a nobis", que pronunciaba al entrar al Santo de los Santos, invocaba la intercesión (en la Oración Oramus te, Domine) y los méritos de los mártires, cuyas reliquias están sobre el altar. Todo esto ha sido ahora suprimido en la nueva liturgia. Lo que dijimos antes sobre el doble Confiteor y la doble comunión puede aplicarse aquí de nuevo. Todo el aspecto exterior del Santo Sacrificio, evidencia de su carácter sagrado, ha sido profanado. Véase, por ejemplo, lo que se ordena, para las ocasiones en que la Misa ha de ser celebrada, fuera de los recintos sagrados en esos casos, el altar puede ser remplazado por una simple "mesa", sin piedra consagrada o reliquias, y sin mantel alguno (Nos 260, 265.) Ya comentamos previamente estas cosas, en relación a lo que se refiere a la Real Presencia, la disociación del "convivium", de la cena, y del sacrificio, de la misma Real Presencia. El proceso de desacralización queda completado, gracias a los nuevos procedimientos de hacer las ofrendas: la referencia al pan ordinario, no al pan ázimo los ayudantes que sirven en el altar (los laicos que comulgan sub utraque specie (bajo las dos especies) ahora pueden tomar en sus manos así el purificador, como los vasos sagrados (N. 244, d) la atmósfera de distracción creada por la incesante entrada y salida del sacerdote, del diácono, subdiácono, salmista, comentador (el sacerdote, en realidad, se ha convertido en un comentador, ya que constantemente tiene que estar dando explicación acerca de lo que hace y va a hacerse, de los lectores (hombres y mujeres), de los ayudantes o laicos, de los que van entrando al templo y son conducidos a sus lugares, de los que llevan y clasifican las ofrendas. (“Daría la sensación de querer eliminar el Sacerdocio Católico y consagrar a los laico o seglares para cumplir la misión del sacerdote, cosa sumamente peligrosa, espero no sea así”. Nota del traductor)

(17) Para los luteranos, todos los cristianos son sacerdotes Y, por lo mismo, todos son oferentes de la "cena". Tanquerey en su "Synopsis Theologiae dogmaticae", dice: "Todos y cada uno de los sacerdotes, estrictamente hablando, son un ministro secundario del Sacrificio de la Misa. Cristo mismo es el ministro principal. Los fieles, por medio del sacerdote intermediario, ofrecen también, aunque no en un sentido estricto, el Sacrificio.

(18) Debemos notar de paso una increíble innovación, que ciertamente tiene que traer los efectos sicológicos más serios: ornamentos rojos, en vez de negros, en la liturgia del Viernes Santo. (N. 308 b). La conmemoración, digamos, de cualquier mártir, en vez del luto de toda la Iglesia por la muerte de su Divino Fundador. (cf Mediator Dei). (19) Padre Roquet, O. P.

(20) En algunas traducciones del CarÍon Romano, el "lo cus refrigerii, lucis et podo" era interpretado como un simple estudio ("de bendiciones, de luz y de paz"). ¿Que debemos entonces
decir, de la eliminación de toda explícita referencia de la Iglesia
purgante?


(21) En todo este tumulto de abreviaciones, hay tan sólo un punto positivo, que enriquece, no destruye: la mención de los pecados de omisión, en la acusación de los pecados, en el Confiteor.