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viernes, 18 de marzo de 2016

LE DESTRONARON - Del liberalismo a la apostasía La tragedia conciliar.

CAPITULO XVII
LOS PAPAS Y
EL CATOLICISMO LIBERAL


“El liberalismo católico es un verdadero flagelo.”
Pío IX, Discurso a los peregrinos de Nevers

El Padre Roussel reunió en su libro toda una serie de declaraciones del Papa Pío IX que condenan la tentativa católico-liberal de casar a la Iglesia con la Revolución. He aquí algunas de ellas que sería bueno meditar:

“Lo que aflige a vuestro país y le impide merecer las bendiciones de Dios es esa mezcla de principios. Diré claramente y no lo callaré; lo que temo no son todos esos miserables de la Comuna de París... Lo que temo es esa desdichada política, ese liberalismo católico que es el verdadero desastre..., ese juego de oscilación que destruirá la Religión. Es necesario, sin duda, practicar la caridad, hacer todo lo posible para salvar a quienes andan descarriados; sin embargo, no es necesario para ello comulgar con sus opiniones...”

“Advertid, entonces, venerable Hermano (el Obispo de Quimper), a los miembros de la Asociación Católica que, en las muchas ocasiones en que Nos, hemos condenado a los adeptos de las opiniones liberales, no nos hemos referido a aquellos que odian a la Iglesia y que hubiera sido inútil designar; sino más bien, señalamos a aquellos que, conservando y manteniendo escondido el virus de los principios liberales que han bebido con la leche bajo la excusa de que no está infectada de una malicia manifiesta y no es dañosa para la Religión, según ellos, así la inoculan fácilmente en las almas y propagan de esta manera las semillas de esa revolución por la cual el mundo está destruido desde hace tanto tiempo.”

“No obstante, y siendo cierto que los hijos de este siglo son más sagaces que los hijos de la luz, sus engaños (los de los enemigos de la Iglesia) tendrían sin duda menos éxitos si un gran número entre aquellos que llevan el nombre de católicos, no les tendieran una mano amiga. Si, ¡así es! Hay quienes tienen la apariencia de querer marchar de acuerdo con nuestros enemigos, y se esfuerzan por establecer una alianza entre la luz y las tinieblas, un acuerdo entre la justicia y la iniquidad, por medio de esas doctrinas llamadas ‘católico-liberales’, las que, apoyándose sobre los principios más perniciosos, adulan el poder laico cuando invade las cosas espirituales y empuja los espíritus, por lo menos, a la tolerancia de leyes más inicuas, tan tranquilamente como si no hubiese sido escrito que nadie puede servir a dos señores. Así, éstos, ciertamente, son más peligrosos y más funestos que los enemigos declarados, porque secundan sus esfuerzos como desapercibidos y aún ignorantes, porque se mantienen en el último extremo de las opiniones formalmente condenadas, y toman una cierta apariencia de integridad y de doctrina irreprochable, tentando de esta manera a los imprudentes amigos de conciliaciones, engañando a las personas rectas, que se revelarían contra un error manifiesto. Así es como ellos dividen los ánimos, desgarran la unidad, y debilitan las fuerzas que debieran reunir para conducirlas juntas contra el enemigo...”

“No podemos menos que aprobar el haber emprendido la defensa y explicación de las decisiones de Nuestro Syllabus, sobre todo de aquellas que condenan al liberalismo que se dice católico; que cuenta con un gran número de adherentes aún entre hombres rectos que parecen casi no apartarse de la verdad, y es más peligroso para los demás, engaña más fácilmente a aquellos que no están prevenidos, destruyendo el espíritu católico insensiblemente y de manera escondida, disminuye la fuerza de los católicos y aumenta la de sus enemigos.”

Después de semejantes condenaciones, ¡que se atrevan los católicos liberales a rechazar los calificativos de traidores, de transfugas, de enemigos peligrosos de la Iglesia! Para terminar con el catolicismo liberal considerado en general, he aquí el juicio de un testigo autorizado: Emilio Keller, diputado francés en 1865, en su libro Le Syllabus de Pie IX – Pie IX et les Príncipes de 89 [El Syllabus de Pío IX - Pío IX y los Principios del ‘89]:

“¿Cuál es pues, esta transacción que se busca desde hace largos años y que hoy día se nombra cada vez con más insistencia? ¿Qué lugar quiere darse a la Iglesia en un edificio del cual en un principio debía ser excluida? Los liberales y los gobernantes la aceptan de buena gana como auxiliar. Pero al margen de Ella y de su autoridad, se reservan plena in-dependencia, soberanía sin límite y entera libertad de acción. Abandonan en sus manos el dominio de las conciencias con tal de que por su parte, Ella les entregue la política y reconozca la eficacia social de las ideas modernas conocidas con el nombre de principios del '89. Gracias a esta trampa seductora, muchos espíritus generosos no comprenden que estas proposiciones tan moderadas deban rechazarse. Algunos se alejan de la Iglesia imaginando, cosa absurda, que realmente Ella exige el sacrificio del progreso y de la libertad. Seguros de lo contrario, pero no osando negar la fuerza de las fórmulas modernas, otros hacen esfuerzos laboriosos para que la Iglesia se decida como ellos a la reconciliación ofrecida. A fuerza de buena voluntad, creen haberse demostrado a sí mismos, que salvo algunos matices, los principios de 1789 son puramente cristianos y que sería una gran astucia apoderarse de ellos y llevarlos gradualmente y a la chita callando a ser reconocidos y bendecidos por la Santa Sede.”

Es exactamente lo que ocurrió durante el Concilio Vaticano II: los liberale lograron que fueran bendecidos por el Papa y por el Concilio los principios de 1789. Trataré de demostrárselo luego.