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viernes, 4 de marzo de 2016

LE DESTRONARON - Del liberalismo a la apostasía La tragedia conciliar.


SEGUNDA PARTE

EL CATOLICISMO LIBERAL
CAPITULO XV
LA GRAN TRAICIÓN

Reconciliar la Iglesia con la Revolución: tal es la empresa de los liberales que se dicen católicos Los liberales que se dicen católicos sostienen que la doctrina católica del Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo y de la unión de la Iglesia con el Estado, es sin duda verdadera pero que es inaplicable, aún en los países católicos: En teoría se puede aceptar la tesis propuesta por los Papas y teólogos. En la práctica hay que ceder ante las circunstancias y tomar parte resueltamente por la hipótesis, es decir promover el pluralismo religioso y la libertad de cultos: “Los liberales católicos no han dejado de sostener que tienen tanta voluntad de ortodoxia como los más intransigentes y su única preocupación son los intereses de la Iglesia; la conciliación que han buscado no es teórica, abstracta, sino práctica.”

Es la famosa distinción entre la tesis (la doctrina) y la hipótesis (la práctica dadas las circunstancias). Notemos que se puede dar una interpretación correcta a esta distinción: la aplicación de los principios debe tener en cuenta las circunstancias, en virtud de la circunspección, que es parte de la virtud de la prudencia. De allí que la presencia dentro de una nación católica de fuertes minorías musulmana, judía y protestante, podrá sugerir la tole-rancia de esos cultos en una ciudad que por lo de-más es católica, de parte de un Estado que sigue reconociendo la verdadera religión, porque cree en el Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo. Pero, ¡ojo! ¡Para los católicos liberales no se trata de esto! Según ellos, los principios que siguen siendo reglas de acción por definición, en la práctica no deben ser aplicados ni predicados, porque son inaplicables según dicen. Evidentemente, esto es falso: ¿Acaso hay que renunciar a predicar y a aplicar los mandamientos de Dios, “no tendrás más que un solo Dios”, “no matarás”, “no cometerás adulterio”, sólo porque la gente ya no los quiere? ¿Sólo porque la mentalidad tiende a liberarse de toda tutela moral? ¿Habrá que renunciar al Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo sobre el país, con el pretexto de que Mahoma o Buda piden un lugar? En suma, rehúsan creer en la eficacia práctica de la verdad. Piensan poder afirmar en teoría los principios católicos, y obrar siempre en contra de esos principios; he aquí la incoherencia intrínseca de los liberales que se dicen católicos. He aquí lo que dice de ellos el Card. Billot, S. J.: “El liberalismo de los ‘católicos liberales’ escapa a toda clasificación y no tiene más que una nota distintiva y característica: la perfecta y absoluta incoherencia.”

El cardenal asegura que el título mismo de “católico liberal” es una contradicción en los términos y una incoherencia, puesto que “católico” supone sujeción al orden humano y divino de las cosas, mientras que “liberal” significa precisamente, emancipación de este orden y rebelión contra Nuestro Señor Jesucristo. He aquí, para concluir, como juzga el Card. Billot la famosa distinción entre tesis e hipótesis de los liberales que se dicen católicos: “Del hecho que el orden concreto de las cosas difiera de las condiciones ideales de la teoría, se deduce que las cosas concretas jamás tendrán la perfección del ideal, pero no se sigue más que eso.”

Por eso, del hecho que existan minorías disidentes en una nación católica, sigue que quizás no se realizará jamás la unanimidad religiosa perfecta, que el Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo no tendrá jamás la perfección que exponen los principios; ¡pero no se sigue que en la práctica se deba descartar ese reino, y que el pluralismo religioso deba convertirse en regla! Ya veis, pues, que en el catolicismo liberal (utilizo el término con repugnancia, porque es una blasfemia), hay una traición de los principios que no quiere revelarse y una apostasía práctica de la fe en el Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo. Se puede decir con razón: “el liberalismo es pecado”, hablando del liberalismo católico.


Hay también, volveré sobre este tema en el siguiente capítulo, en el fondo de este error un confusionismo intelectual, una manía de confusiones sostenidas, un rechazo de las definiciones. Por ejemplo, la confusión entre tolerancia y tolerantismo: la tolerancia es un principio católico y en ciertas circunstancias es un deber de caridad y de prudencia política para con las minorías; por el contrario, el tolerantismo es un error liberal que quiere conceder a todos los disidentes, indistintamente, en toda circunstancia y en justicia, los mismos derechos de que gozan los que están en la verdad, moral o religiosa. Ahora bien, como se puede notar también en otros ámbitos, convertir la caridad en justicia es subvertir el orden social, es eliminar la justicia y la caridad.