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lunes, 21 de marzo de 2016

La Misa de Siempre - Mons.Marcel Lefebvre



La Misa de Siempre
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.LA ANTE-MISA.

1. LA ANTE - MISA
O MISA DE LOS CATECÚMENOS

Para acceder al gran misterio de la Cruz de Nuestro Señor, es indispensable una preparación. Por esto, durante la primera parte de la misa, la Iglesia une a la alabanza oraciones propias para suscitar la humildad y la contrición interiores, pues alimenta nuestra fe con textos que propone a nuestra meditación. La primera parte de la misa, llamada misa de los catecúmenos, está consagrada a la alabanza y a la compunción", pero sobre todo a la enseñanza. Se resume en el Credo.Convenía que la santa misa fuera la ocasión de una enseñanza y de una comunicación del Verbo de Dios "que ilumina a todo hombre que viene a este mundo"." (Jn 1, 9) ( ... ) Esta primera parte de la misa tiene que aumentar nuestra fe en Nuestro Señor Jesucristo, y esta fe, a su vez, tiene que ser la fuente del celo de manifestar a Nuestro Señor a las almas."

La señal de la Cruz

El Celebrante:

+ In nomine Patris, er Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El signo de Cruz, símbolo del sacrificio de Nuestro Señor, recuerda por qué medio fue restablecido el orden destruido por el pecado.

LA MISA DE SIEMPRE

Creemos que en Dios hay tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Hemos sido bautizados en el nombre de estas tres Personas y las mencionamos constantemente al hacer la señal de la Cruz: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Por lo tanto, es una creencia que ha entrado en nuestra vida y un principio fundamental de la vida cristiana.

La Cruz hace pensar en la Santísima Trinidad, pues es el Hijo el que está clavado en la Cruz por amor a su Padre y, por lo tanto, lleno del Espíritu Santo. Las tres Personas de la Santísima Trinidad rodean la Cruz." La Cruz es la expresión más profunda y más admirable de lo que ha hecho por nosotros Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

El orden se ha restablecido por la Cruz. En el momento en que Nuestro Señor murió, se restableció el orden, fue vencido el demonio y Dios fue servido como debía de ser," Todas las gracias vienen de la Cruz, del Calvario y del corazón atravesado, de donde brotaron sangre yagua. La sangre representa el sacrificio de la misa y el agua representa el bautismo que borra los pecados. Por consiguiente, hemos adquirido la redención de nuestros pecados por medio del sacrificio de Nuestro Señor. Es algo que debemos tener siempre presente en el pensamiento."

La Antífona Introibo ad altare Dei


V. Introibo ad altare Dei.

R. Ad Deum qui laetfiicat juventutem meam  

V. Subiré al altar de Dios.

Al Dios que es la alegría de mi juventud


La misa nos introduce ante Nuestro Señor Jesucristo. Es la fuente de alegría y de la verdadera felicidad de los que eligen seguirlo en su sacrificio y permanecer con Él.


1. Subiré al altar de Dios
¿Dónde encontraremos a Nuestro Señor Jesucristo? ¿Tendremos que ir al monte de la Transfiguración en Palestina? No Lo encontraremos en nuestros altares, puesto que Nuestro Señor Jesucristo está en ellos; ahí es donde lo encontraremos en todo su esplendor (...) y tendremos los mismos sentimientos que los Apóstoles en el monte de la Transfiguración, motivo por el cual no podemos dejar nuestros altares."Nuestro altar es el Sinaí; nuestro altar es el Tabor; ahí se encuentra Nuestro Señor en toda su gloria. Si pudiéramos ver el altar como los ángeles y Santos lo ven, también nosotros tendríamos el rostro iluminado y resplandeciente de alegría y de la gloria de Nuestro Señor. Al pie de nuestros altares encontraremos la luz de Nuestro Señor. Esta luz es la emanación de la caridad de Dios y de esa vida de Dios que tiene que colmar nuestras almas."

2. Al Dios que es la alegría de mi juventud
El santo sacrificio de la misa tiene que ser para vosotros la fuente de toda vuestra espiritualidad la fuente de vuestra alegría y la fuente de vuestro gozo. Tenéis que encontrar en la santa misa y en la comunión de cada mañana vuestro mayor gozo. La misa tiene que daros, además de la alegría, una paz inalterable. Si vuestra fe, vuestra doctrina y vuestra espiritualidad están fundadas en el santo sacrificio de la misa, estáis en la verdad. No nos podemos equivocar cuando establecemos nuestra fe en el santo sacrificio de la misa."


El salmo 42: Judica me


Ad Deum qui lætificat juventutem meam.
Judica me, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta: ab homine
iniquo, et doloso erue me.

Quia tu est, Deus, fortitudo mea: quare me repulisti, et quare tristis
incedo, dum affligit me inimicus?
Emitte lucem tuam, et veritatem tuam: ipsa me deduxerunt, et adduxerunt in montem sanctum tuum, et in tabernacula tua.

Et introibo ad altare Dei: ad Deum qui lætificat juventutem meam.
Confitebor tibi in cithara, Deus, Deus meus: quare tristis es, anima mea, et
quare conturbas me?

Spera in Deo, quoniam adhuc confitebor illi: salutare vultus mei, et
Deus meus.
Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto.

Sicut erat in principio, et nunc, et semper: et in sæcula sæculorum.
Amen.
Introibo ad altare Dei.

(Español)

 † En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Ant. Me acercaré al altar de Dios.
R. Al Dios que alegra mi juventud.

Hazme justicia, ¡oh Dios!, y defiende mi causa contra la gente malvada: del
hombre perverso y engañoso, líbrame.
R. Pues Tú, ¡oh Dios!, eres mi fortaleza: ¿por qué me rechazas, y por qué ando
triste y oprimido por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad: ellas me guiarán y conducirán a tu monte santo, y a
tus moradas.
R. Y me acercaré al altar de Dios: a Dios que alegra mi juventud.

Te alabaré el son de la cítara; ¡oh Dios, Dios mío! ¿Por qué estás triste, alma
mía, y por qué me conturbas?
R. Espera en Dios, que aún le alabaré, Salvador de mi vida y mi Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Amén.


Nuestro Señor, signo de contradicción, fue muy amado pero también muy odiado hasta el punto de ser perseguido y entregado a la muerte. Ofreció su vida por amor a su Padre y a las almas. En este salmo podemos ver a Nuestro Señor implorando el auxilio de su Padre en medio de las pruebas que lo llevaron hasta el altar del sacrificio. El sacerdote, otro Cristo, tiene a su vez que sacar sus fuerzas de Dios para llevar generosamente la Cruz en pos de Él.


1. Nuestro Señor, signo de contradicción

Al decir al principio de la misa: ]udica me, Deus, et disceme causam meam de gente non sancta: ab homine iniquo, et doloso erue me, "Júzgame Tú, oh Dios, y defiende mi causa de la gente malvada; líbrame del hombre inicuo y engañador", parece que nos llamamos a nosotros mismos puros y a los demás impuros, ¡y tal es la verdad! No podemos negar que hay gente que no quiere a Nuestro Señor Jesucristo. En el himno [de la fiesta de Cristo Rey] "la multitud impía grita: "No queremos que Cristo reine". Pues sí, esa multitud existe. Está en todas partes en el mundo y ahora más que nunca se oyen estas palabras: "No queremos que Cristo reine". Pues bien, nosotros, en cambio, tenemos que afirmar este deseo y voluntad de procurar siempre el reinado de Nuestro Señor,"Al principio de los tiempos, cuando pecaron nuestros primeros padres, empezó un combate y sigue todavía en nuestros días. Somos los testigos de este combate gigantesco entre Nuestro Señor Jesucristo y Satanás, y entre los discípulos de Satanás y los discípulos de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. En el Antiguo Testamento vemos cómo vivieron este combate los que formaron el pueblo de Israel, esa tribu elegida por Dios para que de ella naciera el que sería vencedor del demonio, del mundo y del pecado, Nuestro Señor Jesucristo. Este pueblo de Israel, que figura a la Iglesia, tuvo que luchar firme y fuertemente contra los que pretendían su destrucción y contra Satanás que quería destruido. Salió de Egipto para permanecer durante cuarenta años en el desierto, dejando tras sí a todo el ejército del Faraón engullido por las olas. ¿No representa eso un combate? Este combate se perpetuó en tiempos de Nuestro Señor. Nuestro Señor fue la víctima, pero la víctima triunfante. (...) Desde entonces, la historia de la Iglesia no es sino la lucha entre el demonio y los que son fieles a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Su Cruz fue la señal de la victoria de Constantino sobre sus enemigos. A partir de entonces, la Iglesia triunfó de todos los que querían su desaparición. Después, la historia de Francia, en particular, es una imagen extraordinaria de esta lucha para permanecer católica. Francia tiene que permanecer católica puesto que es la hija primogénita de la Iglesia. Hoy se cierne sobre ella la amenaza de volverse protestante, atea, pagana, apóstata y abandonar a Nuestro Señor Jesucristo y no tener ninguna otra religión sino la de la lujuria, el placer, el dinero y la concupiscencia. Por eso, en el momento en que se está discutiendo sobre el asesinato de niños con la ley del aborto, y pronto sobre el asesinato de los ancianos con la eutanasia, tenemos que ser defensores de nuestra Santa religión y luchar contra los que nos quieren reducir al peor de los paganismos. ( ... ) Hoy queremos hacer el juramento de guardar la Ley de Dios, el amor a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y ser fieles a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo."