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lunes, 7 de marzo de 2016

Itinerario espiritual siguiendo a Santo Tomás de Aquino en su Suma teológica

Capítulo 9
La Virgen María

Santo Tomás evoca los grandes privilegios de la Virgen María con motivo de la misión del Verbo a este mundo por su Encarnación (III, 31-35). El lugar de María en la realización de la obra de la salvación de la humanidad por el Verbo encarnado es tal, que merece ser evocada de manera muy particular.

Sí María, por su “fiat”, se convirtió milagrosamente en Madre de Dios, en Madre del Salvador, por el mismo hecho se convertía también en Madre de su Cuerpo místico, es decir, de todos los que habían de vivir de la vida de Jesús en esta tierra y en la eternidad. También se convirtió en Reina de los ángeles, y en Adversaria definitiva de los demonios.

Nosotros nos hemos hecho hijos suyos por el bautismo, y nos alimentamos de su carne y de su sangre en la Eucaristía. Ella es realmente nuestra Madre espiritual. Esta maternidad divina le ha valido privilegios únicos, y ante todo su inmaculada concepción con la plenitud de gracia desde el instante de su concepción. Ella es la única creatura humana exenta de las consecuencias del pecado original.

Otro privilegio inaudito: ella es Madre de Jesús y permanece virgen antes, durante y después del parto. Nada es imposible para Dios, como le dijo el Ángel Gabriel. El Niño Jesús salió del seno de la Virgen “ianuis clausis”, sin destruir su himen; Ella no sufrió los dolores de la maternidad. ¡Cuántos errores hay en los catecismos modernos sobre este punto! Ella quedó exenta, por lo tanto, de toda debilidad y de toda enfermedad, que son consecuencias del pecado original.


Y por fin, puesto que su cuerpo no era susceptible de corrupción, fue resucitado y llevado al Cielo: es el privilegio de su Asunción. Desde entonces Ella es la Reina del Cielo y de la Tierra. Ella es también, gracias a su Maternidad divina, la Mediadora de todas las gracias que se nos conceden; su Maternidad espiritual es universal. Si Jesús es la Cabeza del Cuerpo místico, María es su cuello, como dicen los Padres de la Iglesia.

Siendo María la Madre del Sacerdote eterno, ejerce una maternidad particular sobre todos los que participan del sacerdocio de Jesús. ¡Dígnese la Virgen María formar en nosotros sacerdotes a imagen de su divino Hijo! Que la devoción a María tenga un lugar de honor en todas las casas de la Fraternidad y en los corazones de todos sus miembros. María nos conservará en la fe católica. Ella no es liberal, ni modernista, ni ecumenista. Ella es alérgica a todos los errores, y con mayor razón, a las herejías y a la apostasía