utfidelesinveniatur

lunes, 7 de marzo de 2016

"CARTAS PASTORALES Y ESCRITOS por S.E. MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE"

Carta Pastoral n° 21
DESPUÉS DE LA ELECCION AL GENERALATO 

El 26 de julio, los miembros del Capítulo General me designaron sucesor del R.P. Griffin en el cargo de Superior General. Esa misma noche, en Roma, me venía la respuesta oficiosa del Santo Padre, que bendecía el voto de los capitulares.

Así se me presentaron, en menos de 24 horas y por caminos que se imponían como providenciales, la dolorosa separación de la diócesis de Tulle -a la que estaba profundamente ligado y que no merecía tener un obispo tan efímero- y una grave responsabilidad en el horizonte, como la de dirigir una familia religiosa cuya vitalidad y santidad tienen una repercusión tan importante para millones de almas que la Iglesia le confía. Felizmente el mismo San Pablo afirmó varias veces que no podemos nada por nosotros mismos, y que podemos todo en Dios: “Tal confianza para con Dios la tenemos por Cristo; no porque seamos capaces por nosotros mismos de pensar cosa alguna como propia nuestra, sino que nuestra capacidad viene de Dios” (II Corintios, III, 4-5).

El Capítulo, que ha manifestado esta ayuda constante de Nuestro Señor, encontrará ecos sin tardar. Deseamos vivamente que los efectos de las resoluciones que han sido adoptadas se hagan sentir rápidamente. Sería demasiado extenso brindarles aquí un resumen sucinto de todos los votos y proyectos formulados en el curso de estas semanas de trabajo en común. Los tendré al tanto en mis próximas cartas.

Pero lo que nos reconfortará será saber que la caridad más grande y la unión se han manifestado en el curso de estas jornadas tan importantes para la Congregación. Que Dios sea alabado y que nuestros predecesores sean felicitados. Luego de darles, hace dos días, mi adiós definitivo a los diocesanos de Tulle, en ocasión de la peregrinación a Roma, donde tuve la satisfacción de acompañarlos, me veo desde ahora entregado totalmente a mi nueva tarea. Al asumirla, siento dos deseos que parecen un tanto contradictorios: uno, es ser todo a todos y todo a cada uno de ustedes, de ayudarlos y reconfortarlos según lo sientan de acuerdo a su estado y función; y, por otra parte, pienso que es necesario liberarme de los detalles demasiado individuales y particulares para interesarme principalmente en las tareas esenciales y primordiales de la Congregación, seguir sin descanso la santificación de los apóstoles para la salvación de sus almas y las de quienes les son confiados, buscar que se multipliquen los enviados y darles toda la formación necesaria para el cumplimiento de su apostolado, tal como se presenta hoy en las regiones donde tendrán que dedicarse, adaptar la organización de la Congregación a la obtención de estos fines esenciales, dado el número actual de sus miembros, la diversidad de sus tareas y las peculiaridades de las provincias.

Para cumplir con estos fines, no dudo que podré contar con la buena voluntad de todos y, en particular, de mis colaboradores más próximos. Por eso, como la Iglesia -que es la imagen de Dios- nos muestra el ejemplo a lo largo del curso de la historia, debemos mantener con firmeza los principios fundamentales y absolutos que condicionan la vida misma de la Congregación, es decir, nuestra fe en Nuestro Señor, en Pedro, en la Iglesia, en la obra de nuestros fundadores aprobados por la Iglesia, y tendremos que mirar resueltamente al presente y al futuro para mantener y desarrollar relaciones vitales con las almas encarnadas en circunstancias de tiempo, lugar, vida familiar, social y política que no son las mismas de ayer. Sin embargo, estoy persuadido de que el cumplimiento de estas tareas esenciales de la Congregación serán una ocasión frecuente de estar más cerca de ustedes. He aquí mis grandes preocupaciones y tareas.

Un primer medio de estar cerca de cada uno de ustedes es la hojita impresa que les llega a todos. El boletín general siempre ha difundido los avisos del mes del Superior General. Sin embargo, no dudaré en hacer aparecer la carta del Superior General en separatas, traducidas a los diversos idiomas, a fin de que todos puedan aprovechar estas exhortaciones y directivas que, con la gracia de Dios, podrán serles útiles. Es un primer medio de estar presente; hay otros, como los contactos regulares tomados con quienes la Providencia coloca para guiarlos: los Obispos, los Superiores provinciales y principales. Siempre se preverán reuniones y se sugerirán entrevistas a estos superiores, a fin de ayudar en sus tareas a todos los obreros apostólicos que nos son confiados. Por último, sobre todo la oración incesante y la caridad será lo que nos venga del Espíritu Santo para que estemos constantemente unidos trabajando por la gloria de Dios y la salvación de las almas, cada uno en su lugar.  Me encomiendo a las oraciones de todos, para obtener de Nuestro Señor, por el Corazón Inmaculado de María, las gracias necesarias para cumplir mi tarea según los deseos de Dios. Que los Padres no olviden celebrar la Misa mensual por las intenciones del Superior General; que nuestros queridísimos hermanos se junten con los sacerdotes en el Santo Sacrificio de la Misa para interceder en favor de estas mismas intenciones.

Entre estas indicaciones, señalamos especialmente en testimonio de apostolado y fraternal reconocimiento: que Dios se digne bendecir al R.P. Griffin, nuestro predecesor, y a los miembros del Consejo General precedente, por toda la dedicación que han manifestado para con nuestra querida Congregación en el curso de estos últimos 12 años.

Que el Señor los bendiga y la Virgen María los guarde.
(año 1962)