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jueves, 18 de febrero de 2016

Memorias de de un mártir Cristero o “Entre las patas de los caballos”

“Nuestra arma es el boicot”

Nuestra arma es el boycot y el arma como tal es buena. Es una protesta permanente del pueblo que rechaza las leyes que lo oprimen, que no quiere seguir dando dinero a quienes le niegan libertad. Es un plebiscito mudo contra quienes temen la opinión popular. Es un mentís dado ante el mundo entero a los que dicen que no hay conflicto religioso, o que éste se entabla entre el gobierno y el clero, pues si el pueblo hace el boycot a pesar de los perjuicios directos que le acarrea, es porque el conflicto tiene lugar entre el gobierno y el pueblo. El boycot voluntario y triunfador debe compararse con la manifestación de la C. R. O. M., forzada y fracasada. Allí se vieron obligados a concurrir bajo la amenaza de la cláusula de exclusión, que, inicuamente aplicada por los líderes sindicales, los arroja de sus trabajos en caso de no asistir.

Aquí los invitamos libremente a sacrificarse si quieren que no se repitan hechos bochornosos como ése. Si queremos ser tratados como hombres libres y dignos dentro de nuestra propia patria debemos echarnos a la calle, a la vida pública, con nuestro esfuerzo, nuestra palabra, nuestra plegaria. Y esto debemos hacerlo desde hoy mismo, y debemos hacerlo todos; porque nadie tiene derecho de permanecer arrinconado con los brazos caídos. Demos un paso al frente para establecer el reinado de Cristo y démosle luego, en medio de los rifles y las espadas, en medio de los puños cerrados y las bayonetas de los verdugos. Una salva de aplausos subrayó las palabras de Luis, quien entusiasmó a su auditorio por la convicción y fuego que puso en cada uno de sus párrafos. A continuación pasó a la tribuna Manuel, quien hacía esa noche su debut como conferenciante, por lo que sumamente nervioso no pudo recordar la plática preparada; pero haciendo de tripas corazón dijo: "Todo lo que ha dicho mi compañero es irrefutable... Me uno a sus conclusiones... Voy a leer a ustedes la circular 2A donde se nos instruye acerca de cómo llevar el boycot". Al terminar su lectura agregó, señalando a Raúl: ahora, señores, mi compañero tomará la palabra. Este, desconcertado por tan inesperado final -pues según los planes esa noche sólo concurríamos como espectadores en preparación de nuestro próximo debut-, se paró y no encontrando otra cosa que hacer se dirigió a la tribuna. Su aspecto deportivo, su alta estatura y anchas espaldas, su mirada limpia y sonrisa franca le ganaron la simpatía de la concurrencia que le recibió con fuertes aplausos.

¡Compañeros! -exclamó Raúl--: Calles dice que la alarma y la agitación provocadas por su ley que reforma el código penal sobre delitos en materia de culto religioso, son meramente artificiales, pues basta no violar la ley para escapar del castigo. En este mismo orden de cosas, si yo propongo una ley que diga: Todo individuo de la especie humana que no ande en cuatro patas será pasado por las armas, la agitación y el descontento que provoque esta ley serán artificiales e infundados, puesto que bastará salir a la calle en cuatro patas para escapar al castigo. Un aplauso general interrumpió a Raúl, quien prosiguió: Según Calles eso es lo único que a los mexicanos debe preocupar: "Escapar al castigo". Cree que con ello se satisfacen todas nuestras aspiraciones y nuestros altos anhelos espirituales.

El entusiasmo de sus oyentes fue creciendo a medida que las palabras fluían de su boca rubricadas por sobrios y viriles movimientos. Concluyó diciendo: Calles, con el dinero de los contribuyentes, está inundando de publicaciones los sindicatos, las escuelas, las oficinas públicas. A través de esta propaganda podemos darnos cuenta de cuáles son sus intentos: implantar en nuestra, patria la tiranía bolchevique, con todas sus infamias, con todas sus abominaciones, con todas sus matanzas, con todas sus hambres.... y aquí como allá se repite el inhumano espectáculo de ese horrible contraste entre las orgías de Calles, Morones y socios, y las lágrimas, el luto y la desolación de todo un pueblo ... i Hipócritas, abajo las caretas! i El pueblo los conoce y los desprecia, largo de aquí! Al terminar nos pidieron saliéramos nosotros primero, acompañados por dos de los obreros organizadores. Mientras tanto el Tuercas devolvía a los gendarmes sus macanas y pistolas, y les daba cinco pesos para municiones, diciéndoles: -Sus balas las conservo de recuerdo y por su propia conveniencia guarden secreto de cuanto han oído o visto por aquí, pues no creo les tomen muy a bien haberse dejado desarmar. Semanariamente preparábamos una conferencia ajustada al tema señalado y lo íbamos repitiendo noche a noche donde los organizadores lo solicitaban. !Qué compromiso cuando nos tocaba un auditorio de personas prominentes! Una noche Raúl y Luis salieron del grupo apresuradamente para dar una conferencia solicitada ese mismo día. Al llegar los introdujeron al salón y el dueño de la casa les fue presentando a los concurrentes: el señor licenciado X, un joven acejotaemero; don fulano de tal, el doctor zutano. A cada presentación sentían les faltaba suelo.  

Al verse en aquel aprieto dijo Luis a Raúl: -Mira, manito, no nos queda sino un camino de salvación: hablar con entusiasmo y con valor y que Dios nos ayude. Hablaron como nunca lo habían hecho. La emoción se posesionó de todos hasta hacer prorrumpir al auditorio en estruendosos aplausos al concluir. Aquella noche fue memorable para los dos amigos que experimentaron el goce de poder expresar sus más hondos sentimientos. En otra ocasión nos divertimos de lo lindo con el temor de nuestros oyentes. Al llegar a la casa señalada para la conferencia empezamos a ver cosas extrañas que nos llamaron la atención. En la esquina estaba una pareja otoñal, aparentemente entregada a un flirteo tan fuera de época, que al verlos dijo Luis:

-Mira, éstos llegaron tarde.
-Sí, como veinte años tarde -le contesté.

Frente a la casa se encontraba un señor en traje de mezclilla que lucía como un Santo Cristo con carabina. El buen señor simulaba atender una pequeña mesa con panecillos caseros muy bien elaborados. Al llamar a la puerta, muy amable nos informó no estaba en casa la familia, y nos preguntó qué se nos ofrecía. Hasta entonces recordé nos había advertido el encargado responsable de la conferencia, un anciano de simpático aspecto, que para que la puerta nos fuera franqueada debíamos, a guisa de contraseña, pedir un vaso de agua, así que casi sin poder contener la risa ante todo aquel aparato de seguridad, contesté que deseaba me obsequiaran un vaso con agua.

-En seguida, caballeros, en seguida -dijo el buen señor de la mesita y con mucha solemnidad gritó su mercancía-: i Panecitos calientes, panecitos!Aquello era el ábrete sésamo, así es que la puerta se abrió y fuimos cortésmente invitados a entrar. Ya dentro nuestro regocijo fue en aumento, pues la concurrencia estaba compuesta de personas de edad en su mayor parte, a las que el organizador de la conferencia daba instrucciones de cómo debían proceder "en el caso desgraciado de que la policía hiciera irrupción en la casa".

-Simularemos un baile -decía el encargado-, pero qué digo simular, será necesario bailar realmente si éstos se introducen, y hay que hacerlo bien, con naturalidad, con soltura.

-Pero hace tanto tiempo que no bailamos -contestó una señora.
-y ahora son tan distintos los bailes -dijo otra.
-Además... yo he venido sola -balbuceó una tercera.
-¡No, no, no! -exclamó el organizador llevándose las manos a la cabeza-:

todas nuestras precauciones vendrían por tierra, serían contraproducentes. Es necesario hacer un simulacro general para que llegado el caso no nos tomen por sorpresa. y uniendo el dicho al hecho se puso a organizar el simulacro, lo que fue obra de romanos. Una señora acompañó al piano al dueño de la casa que tocó el violín y los demás bailamos, pues ni nosotros pudimos sustraernos al celo del organizador, quien acomodó a Raúl con una "señorita... si me hace el favor", lo que después le valió el remoquete de "perturbador de ancianas" con que le señalaron en el Grupo al conocerse la aventura.

Mientras tanto continuaban en la calle los gritos de ¡panecitos calientes, panecitos! y entraban nuevos concurrentes. Al último pasó la pareja de la esquina, cuya misión -nos dijo orgulloso el organizador- era prevenir al señor del traje de mezclilla la proximidad de la policía o de algún sospechoso. Después de todo aquello la conferencia era 10 de menos para nosotros, que fuimos premiados con la ovación silenciosa más grande que se haya tributado, pues por instrucciones del mismo organizador se podía aplaudir, "pero sin producir ruido alguno". Desde luego que este tipo de personas constituyó la excepción, y dado el miedo que sentían, su actitud era casi heroica con sólo asistir a escuchar lo que nosotros dijimos, y que a más de uno dejó aterrado. En contraste, un compañero del grupo, que acostumbraba pronunciar inflamadas arengas y "poner a éstos en su lugar", al terminar repartía tarjetas comerciales proponiéndose como contratista de pulido y encerado de pisos, sin que esto le reportara el menor trastorno y sí muchos clientes, según afirmaba. !Conqué alegría contábamos nuestras aventuras, entusiasmados por lo bien que nos recibían, por nuestro éxito oratorio, o por el descubrimiento de alguna hermosa niña! 


VI
CONFORME TRANSCURRÍA EL TIEMPO se hacían sentir más los efectos del boycot, especialmente en las ciudades del interior de la República, donde la vida social se encontraba paralizada y la situación económica revestía caracteres de gravedad; pero a cada manifestación de descontento de la población, Calles contestaba con actos de terror y barbarie. No había Estado de la República en que no hubiera corrido ya la sangre generosa de los que en una u otra forma resistieron, o simplemente manifestaron su inconformidad con las leyes arbitrarias y exóticas.

La policía veía complots dondequiera y daba gran publicidad al descubrimiento de los mismos, anunciando siempre que con ese golpe terminaba el movimiento subversivo de los católicos. Una de esas noticias que más conmovió a la opinión pública fue la de un pretendido complot de señoras, quienes según la policía se iban a levantar en armas, encabezadas por la conocida doctora Perches, "como lo probaba el hecho de haberles recogido rifles de chispa, arcabuces y pistolas de un tiro". Era evidente que esas armas indebidamente requisadas pertenecían a la colección de antigüedades y objetos de arte de la familia Perches. Comentábamos burlescamente la actividad policíaca en relación con este complot, y el apoyo que a la política de Calles ofreció la organización secreta yanqui de los Ku-Kux-Klanes, cuando llegó Pablo trayendo el primer número del minúsculo periódico clandestino llamado Desde mi Sótano, el cual íbamos a distribuir. Nos lo mostró y a continuación leyó: "Desde mi Sótano. -Dios y mi Derecho-. Registrado como artículo de primera necesidad.

-Responsable: los causantes del conflicto.- Director: Silvio Pellico.- Precio elástico desde un centavo hasta el infinito". Después leyó sus secciones Lo que la Prensa calla y La situación del momento.

-Esto es lo que necesitamos -comento Raúl-: la verdad ya estoy harto del sinnúmero de hojas mal impresas y peor escritas, donde cada quien lanza de su ronco pecho opiniones personales, muchas de ellas desorientadoras, o cuando menos tan cansadas que predisponen el ánimo para no leer la avalancha de impresos que padecemos.

-Pues si eso dices tú, que eres filósofo y literato -dijo Pichón-, qué diré yo que no me entran esas cosas! Fíjate que cuando recibo alguna circular de la Confederación de Estudiantes le hablo a Luis para preguntarle qué dice. A mí denme acción -prosiguió-o Y a propósito, quiero anunciarles la creación de una sociedad con esa característica. Como saben soy presidente del Grupo Pro Erosión, fundado en clase de geología, el cual tiene por emblema un desarmador, e impone a sus miembros el compromiso de quitar cuanto tornillo encuentren, pero es el caso que hemos llegado a una situación crítica, pues en la escuela ya casi no hay tornillo por quitar, y como cada vez que se va a abrir una puerta, un pupitre o una alacena, las hojas se caen, la dirección amenazó con la expulsión del alumno al que se le vea un desarmador, y ustedes comprenden que a estas alturas del año no podemos concedernos unas vacaciones así, por lo que decidimos obsequiar al Director un hermoso paquete con todos los tornillos logramos y disolver la sociedad Pro Erosión; pero los que somos sus socios no podemos permanecer inactivos y les he propuesto fundar una sociedad secreta, cooperativa y limitada, que se llamará Compañía de Compañeros Explotadores de Explosiones.