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sábado, 6 de febrero de 2016

DEL MISTERIO DE LA PASION - San Buenaventura (Continuación)


JESÚS, CLAVADO EN CRUZ

26. Hartos ya de insultos y befas aquellos malvados, nuestro mansísimo Rey se puso de nuevo sus vestiduras, de las que otra vez será despojado. Y con la cruz sobre sus hombros es  conducido al Calvario. Allí, desnudo del todo, ceñido solamente  a los riñones un vil sudario, es arrojado con furia sobre el  leño de la cruz, tendido, estirado, dilatado corno piel, traspasado  y fijado en la cruz de pies y manos con escarpias, hecho todo  una llaga su cuerpo. Sus vestidos, divididos en piezas, son repartidos corno despojos, salvo la túnica inconsútil, adjudicada  por suerte a uno solo.  Contempla ahora, alma mía, cómo aquel que es Dios bendito sobre todas las cosas, desde la planta de los pies hasta la  coronilla de la cabeza, se ve sumergido en el mar de la pasión,  recibiendo en su alma todo el golpe de sus aguas, por salvar te a  ti de las olas de las pasiones. Coronado de espinas, agobiado por  el peso de la cruz, llevando sobre sí el madero de la propia ignominia, es conducido al lugar del suplicio, desnudado de sus vestidos, a fin de que, por los cardenales y hendiduras abiertas en sus espaldas y costado por los azotes, aparezca como un leproso; y luego atravesado de parte a parte por los clavos, se te muestra tu Amado deshecho con heridas sobre heridas, y todo  por sanarte a ti. ‘Quién me diese que volara mi súplica, y Dios  me concediera lo que deseo? Quisiera ser 'traspasado todo, en el alma y en la carne, ser crucificado con mi Amor. 


JESÚS, PUESTO ENTRE LADRONES

27. Para mayor confusión, ignominia, deshonra y dolor, el Cordero inocente es crucificado fuera de la ciudad, en el lugar de los malhechores, en día de fiesta, a la hora meridiana, en medio de dos ladrones, y levantado en alto para espectáculo de todos, entre los llantos de los amigos y los insultos de los enemigos. Y los que pasaban movían la cabeza, y los presentes le escarnecían diciendo que salió a otros y no podía salvarse a sí mismo. De tales escarnios ni siquiera se abstuvo uno de los ladrones. Entre tanto, el mansísimo Cordero oraba tiernamente al Padre por los que le crucificaban y escarnecían, y con maravillosa caridad prometía el paraíso al otro ladrón, que le confesabay suplicaba. i Oh palabra llena de gracia y dulzura: Padre, perdónales.' i Oh palabra llena de amor y condescendencia: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Respira ya con la esperanza del perdón, i oh alma!, por pecadora que seas, con tal que sigas las huellas del paciente Señor Dios tuyo, "quien en medio de sus tormentos ni una sola vez desplegó sus labios para exhalar una queja, ni proferir una palabra de excusa, de amenaza o maldición contra aquellos canes malditos. Antes al contrario, dijo lo que nunca había oído los siglos: palabras de bendición a sus propios enemigos". Di, pues, con entera confianza: Piedad, Dios mío, Piedad y misericordia, pues en Ti confía mi alma. i Oh, sí merecieses, como el ladrón, oír en el trance de la muerte: Hoy serás conmigo en el paraíso! 



JESÚS, ANHELEADO

28. Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba consumado, para que se cumpliese la Escritura, dijo: Sed tengo. Ofreciéronle entonces en una esponja vinagre mezclado con hiel -según testimonio de Juan, presente a la escena- y añadió: Todo está cumplido; como si en el gusto de aquel brebaje consistiera la suma, la quinta esencia de la pasión. Adán prevaricador ocasionó nuestra ruina gustando del fruto suave del árbol vedado, y así fue oportuno y conveniente hallar remedio a nuestra salud por camino opuesto: lo amargo contra lo dulce. Más. Así como en todos sus miembros se clavaban a porfía las sutiles saetas del dolor, que apuraban su espíritu, era también conveniente no quedasen sin alguna pena la boca y la lengua, vehículos del alimento y de la palabra. Y de esta suerte se cumplía en nuestro médico el dicho del profeta: Me colmó de amargura: embriagó me dé ajenjos. y debía también cumplirse en la dulcísima y amorosíssimo Madre aquella otra profecía: Púsome desovada, consumida de tristeza todo' el día. y ahora, ¿ qué lengua será bastante a declarar, o qué entendimiento a comprender, oh Virgen Santa, la inmensidad de tus desolaciones? Presente a todos estos martirios, participando en todos ellos, viste con tus propios ojos aquella carne bendita y santa, que tú virginalmente concebiste, y tiernamente alimentaste y criaste a tus pechos, y tantas veces reclinaste en tu seno y besaste juntando labios con labios; vístela, digo, desgarrada por los azotes, agujereada por las espinas. La viste ya herida con la caña, ya injuriada con puñadas y bofetones, y taladrada con clavos, ya pendiente del madero de la cruz, más y más rasgada con su propio peso, expuesta a topos los escarnios y en fin abrevada de hiel y vinagre. y viste el alma! Viste con los ojos de la mente aquella alma divinísima repleta de la hiel de todas las amarguras, ya sacudida de espirituales estremecimientos, ya llena de pavor, ya de tedio, ya agonizante, ya acongojada, ya turbada, ya abatida por la tristeza y el dolor, parte por el ardiente celo de reparar el divino honor, violado por el pecado, parte por la afectuosa conmiseración de nuestras miserias, parte por la compasión que de ti, su Madre dulcísima, tenía cuando, desgarrado  corazón, viéndole presente, te dirigió una mirada¡ de piedad y aquella dulce despedida: Mujer, he ahí a tu hijo, para consuelo de tu alma angustiada, pues conocía que tú era la traspasada con la espada de la compasión más fuertemente que si fuera herida en tu propio cuerpo. Un espectáculo de fiesta, se volvían dándose golpes de pecho. Entonces el más hermoso de los hijos de los hombres, nublados los 0íos y las mejillas cárdenas, pareció el más deforme dé los hombres, echo holocausto de suavísimo olor en el acatamiento de la gloria del Padre, para alejar de nosotros su cólera.