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viernes, 29 de enero de 2016

"Presencia de Satan en el Mundo Moderno"

Algunos luciferianos o
abogados de Lucifer.

Boullan y los Maviavitas En el presente capítulo, desearíamos dar algunos ejemplos recientes de lucifenanismo. El primero será el del abate Boullan. Jean-Antoine Boullan nació el 18 de febrero de 1824, en Saint Porchaire (Charente-Maritime), y murió en Lyon el 4 de enero de 1893. Sabemos poca cosa de su carrera, aparte de que se hizo sacerdote en 1848. Frecuentó a escritores ocultistas, vivió en un medio que él mismo definió, en su "Confesión", como de mujeres "locas y demoníacas, según el juicio que uno puede formarse". Una de estas mujeres es, además, epiléptica. Ahora bien, en esa misma "Confesión" reconoce que "no tenía aptitudes" para dirigir a las mujeres.

Parece mucho más probable que fuese "dirigido" por ellas. Es, no obstante, inteligente. Pero está trabajando por una curiosidad malsana a la vez que por inclinaciones sensuales que llegan hasta la obsesión. Explica él mismo sus faltas en la forma siguiente: "Mis pecados — escribe — tienen una triple fuente, origen y principio: en primer lugar, la debilidad y la fragilidad de mi naturaleza corrompida; las ilusiones del demonio propias a engañarme y extraviar mi espíritu; por fin, mi modo de entender las cosas, que me arrastra a varias cosas dignas de censura y reprensión." Seguimos de cerca aquí las páginas que le son dedicadas en Satán de los Estudios carmelitanos, completándolas con algunos datos extraídos de la Enciclopedia católica. Semejante confesión presenta las marcas de la sinceridad. El abate Boullan reconoce entonces sus errores y sus faltas. Existe en él una mezcla de buenas intenciones, mediante las cuales se ciega, y de acciones culpables sobre las cuales intenta ilusionarse. Pretende haber querido sanar a posesos. Para ello ha tratado de estudiar los efectos del pecado y los límites de la acción del diablo en el transcurso de sus "experiencias" con mujeres perversas. Se deja

—podemos creerlo
— convertir por Satán al punto de considerarse "Juan Bautista vuelto a descender sobre la tierra". Se hace sucesor del herético Vintras, quien "se consideraba una reencarnación del profeta Elías".

Sabemos que en el Evangelio, Juan Bautista está presentado como un nuevo Elías. Un sucesor de Vintras no podía ser, pues, sino Juan Bautista. Desde el momento que es esto, tiene una misión. Ha nacido reformador. Necesita agrupar a su alrededor discípulos para levantar el "poder de Dios" contra la Iglesia Romana. Según él, la Iglesia Romana está librada a Satán. Los sacerdotes católicos son, de acuerdo con su expresión, "los demonios del sacerdocio".

La cuestión dinero le preocupa en grado sumo. Su "Confesión" nos lo muestra "ganando mucha plata" en París, antes de fundar su obra. No dice de dónde viene este dinero. Pero se le va a la cabeza. Compra un castillo y gasta en él sumas considerables. En su espíritu el bien y el mal se han convertido en algo tan confuso que comete una estafa en 1861 y, después de ser enjuiciado, pasa tres años en la cárcel (1861-1864). La investigación judicial establece que utilizaba sus seudoconocimientos sobrenaturales para explotar a las almas crédulas y substraerles dinero. Este dinero, por otra parte, no lo guardaba.

Tenía el placer extraño de recibirlo de unos para repartirlo entre otros. En su "Confesión", pronuncia anatemas incendiarias contra los "demonios del sacerdocio" que lo han denunciado a Roma para hacerlo condenar junto con su amiga la ex religiosa Adéle Chevalier, quien fué objeto de un milagro en La Salette y que después cayó en el vicio, arrastrando al abate Boullan junto con ella era su caída.

Será llevado ante los tribunales eclesiásticos romanos y encarcelado en las prisiones del Santo Oficio, de donde lo liberará la invasión de los piamonteses en 1870. A todos los que lo persiguieron, el abate Boullan les prometía las penas del infierno, eternas o temporales, como asimismo la prisión en la torre de Babel, o el castigo de pagarle todas sus deudas. Sus extravagancias son tales que los mismos discípulos de Vintras lo excluyen de su círculo. La historia de este sacerdote extraviado, que fue víctima del ocultismo y el erotismo, sería sencillamente lamentable y común si no hubiera pertenecido a una cadena y dejado una continuación. Perteneció a una cadena y su caso nos da una vislumbre afligente de todo un mundo de manifestaciones y de intrigas tenebrosas.


LOS LUCIFERIANOS: BOULLAN Y LOS MARIAVITAS



Ocultismo de Eliphas Lévi, el ilusionismo de Vintras, ésta reencarnación de Elías, la teosofía de Madame Blavatsky, las creaciones de Guaita, luego de csár Péladan, bajo el título de Rosa-Cruz, y quizá también, en un plano más amplio todavía, los ritos misteriosos de la francmasonería "iniciática" — condenando el ateísmo del Gran Oriente de Francia — no son más que una cantidad determinada de estas doctrinas esotéricas que se agitan en las profundidades de nuestras sociedades modernas. Y en todo esto no es indudablemente justo ver formas del satanismo actual. Pero el abate Boullan ha dejado también una descendencia: el cisma de los Mariavitas.

¿Qué son los Mariavitas? Los Mariavitas son una secta seudomística fundada en Polonia, en 1906, por un sacerdote excomulgado, Jan Kowalski, y por una visionaria, Francisca Kozlowska (1862-1922). Ahora bien, los fundadores se inculaban estrechamente con el abate Boullan. Habían pertenecido a sus obras, participado en su actuación, compartido su ilusionismo. Kowalski y su colega Procnievski eran ambos franciscanos. María Francisca Kozlowska era una religiosa franciscana. Habían pertenecido a la clientela del abate Boullan y de su profetiza, la ex religiosa Adéle Chevalier, la que fué objeto de un milagro en La Salette. Se los encuentra en este medio sospechoso entre 1888 y 1893. En esta fecha el abate Boullan muere. Los polacos regresan, entonces, a su país. En 1894, empiezan los vaticinios de María Felicitas, a quien pronto llamarán la Matouchka: la madre.

El nuevo movimiento profesa una devoción particular por la Virgen María. No hablan, muy piadosamente, sino de "imitar la vida de la Virgen María" —Mariae vitam imitari—. De ahí el nombre de Mariavitas. María Francisca Kozlowska no teme atribuirse a sí misma la "inhabitación de la Virgen". En 1903, el santo papa Pío X los condenan. Lejos de someterse, los Mariavitas se separan en masa de la Iglesia. Se ha calculado en casi un millón el número de sus adherentes, y en trescientos el de los sacerdotes y religiosas que los dirigen o fanatizan, en la época de la fundación oficial del cisma, en 1906. Kowalski se convierte en patriarca de la secta. Obtiene, para él y algunos colegas, la consagración episcopal — válida — por parte del episcopado viejo-católico y jansenista de Utrecht, en 1909.

En diciembre de 1910, la condenación con la cual el papa Pío X los ha marcado es confirmada y publicada en el Acta Sanctae Sedis. Pero pronto estalla el escándalo. En la secta se tiene la presunción de autorizar la práctica de los "casamientos místicos" y jactarse de ello, plagiado, como el resto, del abate Boullan. Estos casamientos están destinados, se asegura, a obtener "la procreación sin concupiscencia de hijos que, en esta forma, no tendrán el pecado original". Del "casamiento místico" se pasa muy rápido a la "poligamia mística" o "poligamia espiritual". Los viejo católico, entonces, protestan y se enfadan. En el Congreso Internacional de su secta, en 1924, en Berna, excomulgan a toda la Iglesia Mariavita, que cuenta aún en esa fecha con seiscientos mil fieles. Desde esa época el patriarca y varios de sus obispos han tenido que responder, en su país, por graves acusaciones sobre cuestiones de costumbre, y la Corte de Justicia los ha sentenciado a condenas ruidosas. Según la Enciclopedia Católica, en el vocablo Mariaviti, tomo VIII, de 1952, su número no pasaba entonces de los cincuenta mil, con un arzobispo, tres obispos, treinta sacerdotes y quinientas hermanas. Los Mariavitas viven, según ellos, de acuerdo con las Reglas de San Francisco: los sacerdotes obedecen a la primera Regla, las religiosas a la segunda y los fieles a la de la Tercera Orden de nuevo ahí el satanismo se limita a "parodiar" las organizaciones ortodoxas. ¡Ensucia al franciscanismo, por falta de poder hacer mejor!

El caso inquietante de Léon Bloy ¿Habrá que aproximar al caso del ex abate Boullan y los exaltados del mariavitismo, el del célebre escritor Léon Bloy? Plantear la cuestión, hace aún poco tiempo, hubiera parecido una especie de sacrilegio; en todo caso una actitud insoportable. Pero ocurrió que en 1957 apareció una obra sorprendente firmada por R. Barbeau, y que llevaba este título algo ruidoso: Un profeta luciferiano, Léon Bloy (París, Ediciones Montaigne, Aubier). Justo es dejar la palabra a su autor para que nos diga sus intenciones y nos participe sus descubrimientos. Durante más de tres años — dice — formó parte de un "Círculo Léon Bloy", dirigido en Montreal por el R. P. Guy Courteau, S. J., que veía en Bloy al hombre más capaz de sacar de la apatía a los "burgueses" y abrir a los intelectuales los senderos de la Iglesia. Sabemos, en efecto, que la influencia de Léon Bloy fué considerable al principio de este siglo; que hombres como Maritain (y su mujer), Pierre von der Meer de Walcheren, Léopold Levaux, etc., proclamaron a toda voz que le debían su conversión ai catolicismo. Tuvo por amigos — muy generosos — a Pierre Termier, René Martineau, Jacques Debout y otros más. Sus admiradores son hombres como Hubert Colleye, que escribió, en 1930, El alma de Léon Bloy; M. J. Lory, El pensamiento religioso de Léon Bloy, 1951; Stanislas Fumet, Misión de Léon Bloy, 1935; Albert Béguin, Bloy, místico del dolor, 1948, etc.