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miércoles, 11 de noviembre de 2015

INTERVENCIÓN DIVINA EN LAS CRISIS DE LA IGLESIA 3º Parte


TRIUNFO MUNDIAL DE LA HEREJIA. 


El Patriarca hereje de Constantinopla recibió la carta del Papa como una victoria completa para su tesis, utilizando para su causa la autoridad del Papa y el deber que todos los fieles tenemos de obedecerlo, como cabeza suprema de la Iglesia (Situación que se planteo a los mismos fieles después de Concilio Vaticano II, con las consecuencias que ya nos son conocidas y resumidas por estas palabras de Mons. Lefebvre “Queridos amigos Roma perdió la fe, Roma va asía la apostasía” (octubre de 1987) por desgracia no podemos afirmar lo contrario, con gran consternación vemos como la Roma actual ya no es la Maestra de la Verdad sino maestra de la herejía modernista que resume en si a todas las herejías a las que la Iglesia se ha enfrentada durante toda su historia. Hoy como antes se nos pide obediencia, obediencia que no tiene razón de ser por ir en contra de la Verdad Única ni tampoco la puede imponer la congregación San Pio X si se quiere conducir a los fieles a un redil que ya no es el de Nuestro Señor Jesucristo so pena de la negación de los sacramentos para aquellos que no están de acuerdo con ellos, es lamentable, es lamentable…) lo que desgraciadamente fue un golpe demoledor para la causa ortodoxa, clérigos y seglares hasta el momento firmes en la ortodoxia, al ver que el Papa Honorio I apoyaba al Patriarca Sergio y desautorizaba la labor de San Sofronio, consideraron un deber de conciencia obedecer al Papa y abandonar a San Sofronio pasándose en masa al bando de la herejía. (Desde Pablo VI hasta Juan Pablo II Mons. Lefebvre se vio perseguido, desautorizado y descreditado. A pesar de todo eso él se mantuvo firme e inconmovible a tal punto de ser “excomulgado” por la consagración de los obispos y morir en ese supuesto estado de “EXCOMUNION” para que ahora sean sus propios discípulos quienes lo entregan a quienes perdieron la fe como más arriba dijimos y esta conducta es reprobable y llevada al colmo cuando afirman con cierta irrealidad que, “Para mí, Lefebvre habría dicho que sí”, según lo afirmo en su momento Mons. Fellay, en sus declaraciones a de Vatican Isider) Pero Cristo Nuestro Señor si bien permite que su Iglesia pase por agudas pruebas y crisis que, duran décadas, o siglos, quizá para probar la entereza y fidelidad de los buenos cristianos; NO PERMITE NUNCA QUE LA SANTA IGLESIA LLEGUE A SER DEFINITIVAMENTE VENCIDA, y la salva, dando un apoyo sobrenatural a esos santos caudillos que hace surgir siempre en estas ocasiones (Así ha sido siempre, lo es y lo será. Muy oscuro parecía el destino de la Iglesia cuando termino el Concilio Vaticano II, señales de un caudillo no se veían y Dios, en su misericordia divina, nos envió dos; Mons. Lefebvre y Mons. De Castro Mayer a quienes tuve la dicha de conocerlos, tratar familiarmente dado que, en su sencillez y simplicidad, se prestaban, admirar y respetar y mi ordenación providencialmente se la debo a Mons. Lefebvre de cuyas manos recibí el sacramento del sacerdocio y, en consecuencia, recibí lo que él recibió esa hermosa herencia apostólica que ahora con la gracia de Dios Nuestro Señor Jesucristo y la ayuda de su Santísima Madre, quiero defender y trasmitir, quiera Dios logre mi intento.) San Sofronio, al leer la carta del Papa, recibió un golpe tan inesperado como contundente, pero asistido de la divina inspiración y de gran fortaleza que nunca falta a estos grandes santos, lejos de doblegarse a las ordenes del Papa y, considerando que este había sido engañado por Sergio, mando al Sumo Pontífice al presbítero Esteban con el fin de que este explicara a Honorio I con toda amplitud los términos y alcance de la controversia y, a la vez, le entregara la carta sinódifica en defensa de la ortodoxia. (Quien no ve en esta actitud la conducta de el gran apóstol amonestando a San Pedro cuyo emulo lo fue el mismo Mons. Lefebvre no solo los que compartimos con él la mesa, asistimos a sus conferencias y platicamos con él, sino también los que no lo conocieron más que por sus libros y sus alocuciones por los medios de comunicación, vimos en él a otro San Sofronio guardando las debidas distancias y los tiempos. ¿Cuántas veces no advirtió a los sumos Pontífices sus errores y sus desviaciones doctrinales? Muchas. Ya en presencia de ellos, ya por escrito, ya privadamente como en público llamo la atención a los jerarcas de la Iglesia modernista hasta que comprendió que seguir así era perder el tiempo y desistió, no sin un inmenso dolor de su alma como quien era un verdadero hijo de la Iglesia y un hombre de Dios) El Papa recibió al enviado de San Sofronio, pero desdichadamente, desecho sus puntos de vista ( paradójicamente lo mismo le sucedió a Mons. Lefebvre lo escucharon hasta que se les acabo la paciencia para después despedirlo o dejarlo largas horas esperando o enviando a otra autoridad para que lo atendiera ( recuerdo de sus platicas espirituales a los seminaristas de la Reja) y le confirmo la orden de guardar silencio, mandando una segunda carta de la cual solo se conservan algunos fragmentos donde se lee: “EN CRISTO NO DEBEMOS NOSOTROS AFIRMAR DOS VOLUNTADES SOLAMENTE DEBEMOS CONFESAR DOS NATURALEZAS UNIDAS EN UN SOLO CRISTO…DEBEMOS RECONOCER UN OPERANTE UNICO QUE ES CRISTO, EN SUS DOS NATURALEZAS, Y EN VEZ DE DOS ENERGIAS (VOLUNTADES) QUE SEAN PROCLAMADAS MEJOR, CON NOSOTROS, LAS DOS NATURALEZAS” 

CONTINUA...