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jueves, 12 de noviembre de 2015

EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA OBRA DE MONS, MARCEL LEFEBVRE.(Continuación...)



PARTE II: DECLARACIÓN DOCTRINAL DEL 15 DE ABRIL DE 2012


1. Circunstancias que rodean la declaración.

Mons. Fellay y el Cardenal Levada



Antes de movernos al análisis de la Declaración Doctrinal (DD), dada al Cardenal Levada por Mons. Fellay el 15 de Abril de 2012, recordemos eventos que precedieron inmediatamente a su composición:

-          16 de Marzo de 2012, el Cardenal Levada respondió vía correspondencia a Mons. Fellay, rechazando su Preámbulo Doctrinal (DP2).

-          15 de Abril de 2012, Mons. Fellay manda su Declaración Doctrinal (DD).

-          13 de Junio de 2012, la Declaración Doctrinal (DD) fue rechazada por Roma, que presentó un nuevo Preámbulo Doctrinal (DP3).


  1. Carta del Cardenal Levada fechada 16 de Marzo 2012.
En esta carta, el Cardenal Levada le expresó a Mons. Fellay su “tristeza” al enterarse de su “rechazo de aceptar el texto del Preámbulo (del 14 de Septiembre de 2011) que le fue dado (por él).” El Cardenal comenzó por rechazar lo que llamaba “soluciones alternativas”, propuestas por la Sociedad, eso es el Preámbulo Doctrinal (DP2), con fecha del 30 de Noviembre de 2011, que fue escrito enteramente por la Sociedad. Después, él afirmó que estas soluciones no eran “suficientes para resolver los problemas doctrinales que están en la raíz de la ruptura con la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, porque éstas no señalan directamente los asuntos controversiales, en relación a las enseñanzas del Vaticano II y el Magisterio Papal que le sucedió.” Citó a Benedicto XVI, al momento de levantar las “excomuniones” en el 2009, quien reprochó a la Sociedad diciendo “ustedes no pueden congelar la autoridad magisterial” en el periodo previo al Concilio Vaticano II, que, además, “contiene toda la historia doctrinal de la Iglesia.” Particularmente, él hizo referencia al párrafo III del Preámbulo Doctrinal, sobre “la unidad del Magisterio,” que, de acuerdo a él, excluye toda oposición entre el presente y el Magisterio precedente, porque pensando de otra manera “significa poner objetivamente el juicio de uno sobre el Magisterio en sí.”  

Luego, el Cardenal se vuelve amenazante:
“El rechazar el Preámbulo Doctrinal, aprobado expresamente por el Santo Padre, es negar de facto la fidelidad al Romano Pontífice y al Magisterio de la Iglesia presente (cf. nn. I y II del Preámbulo Doctrinal); esto involucra una ruptura de comunión con el Romano Pontífice y las consecuencias canónicas que sobrevienen, de acuerdo a los cánones 751 y 1364 del Código de Derecho Canónico.”

En otras palabras, el Cardenal amenaza en declarar a la Sociedad como “cismática” y de infligirle una nueva excomunión si Mons. Fellay no regresa al Preámbulo presentado por Roma. Finalmente, él invita a Mons. Fellay a “considerar las serias consecuencias de la posición que (él) ha tomado, si decide hacerla definitiva,” a “reconsiderar” su rechazo del Preámbulo Doctrinal (DP1) y le dio de un mes para dar su respuesta definitiva.

A decir verdad, el Cardenal Levada tiene razón en pedirle a Mons. Fellay de dar su opinión sobre los “puntos controversiales” del Concilio y el Magisterio post-conciliar, que fueron la causa de la “ruptura” entre la Sociedad y Roma. De hecho, estos problemas no fueron mencionados en el DP2 de Mons. Fellay.  

  1. La reacción de Monseñor Fellay a la Carta del Cardenal Levada.
A partir de ese momento, Mons. Fellay fue partido entre negarse a ir más lejos y el deseo de ser reconocido por Roma.
  1. Un optimismo sin fundamento: ¡Roma ha cambiado!
Mons. Fellay demostró un dichoso optimismo, que apareció en su Editorial de CorUnum no. 101 en Marzo de 2012, que merece un examen detallado. Él empieza con una retrospectiva de los eventos de los últimos años, que deberían disuadir toda confianza en Roma.
Sobre las discusiones doctrinales de 2009-2011, él está algo desilusionado: “La ausencia de evaluación por parte de Roma sobre las discusiones doctrinales…las discusiones han terminado, es cierto, algo abruptamente.” Y sobre los contenidos de las mismas discusiones, él reconoció que un acuerdo doctrinal con Roma es imposible: “Nuestros expertos han demostrado bien que el conflicto existente entre, por un lado, la enseñanza de la Iglesia antes del Concilio y, por el otro, el del Concilio Vaticano II y sus consecuencias.”

Luego, él menciona las nuevas proposiciones de Roma (15 de Septiembre de 2011) y las respuestas de la Sociedad: “Entonces, hemos recibido la propuesta (Preámbulo Doctrinal 1) que intentó hacernos entrar en el esquema de la hermenéutica de la continuidad… la primera vez, el 1 de Diciembre, y una segunda vez el 12 de Enero; le comunicamos a Roma el hecho de que es imposible para nosotros firmar un documento que contenga tales ambigüedades.”

No obstante, Mons. Fellay parece no ser capaz de entender lo que Roma quiere en práctica:
“La propuesta hecha por esa misma Congregación: el reconocer a la Sociedad concediéndole un estado canónico de prelatura personal, a condición de que firmemos un documento ambiguo, del que ya hablamos en la última publicación de CorUnum (no.100). Esto es sorprendente, en la medida que las discusiones manifestaron un profundo desacuerdo en casi todos los puntos que fueron tratados.” “Esto es sorprendente”: Mons. Fellay tiene problemas viendo que si Roma accedió con la Sociedad de exponer sus posiciones durante las discusiones, pero no más, es porque ellos simplemente están esperando una nueva fase, para nuevas negociaciones con un Preámbulo Doctrinal listo para ser firmado en vista de un estatuto jurídico.

Luego Mons. Fellay expuso un falso argumento (un sofisma) en el que él reveló su nueva estrategia hacia Roma. Después de haberle reafirmado a todos que él está manteniendo la Fe (que es) primera y suprema,” declaró que “la situación de la Iglesia puede obligarnos a realizar actos de prudencia en relación y correspondencia con la situación concreta.” En otras palabras, si la “situación concreta” cambia en Roma, nosotros debemos cambiar nuestra actitud hacia Roma (CorUnum, Marzo 2012).

Él mencionó que, en relación a las futuras negociaciones con Roma, el Capítulo de 2006 dijo:
“El Capítulo de 2006 estableció una clara línea de conducta en materia concerniente a nuestra situación con respecto a Roma. Le damos prioridad a la fe, sin buscar para nuestra parte una solución práctica antes de resolver la cuestión doctrinal(CorUnum, Marzo 2012).
Lo que aquí es impactante, es que él llama la condición  sine qua non del Capítulo de 2006 una simple “línea de conducta,” no un principio, así eventualmente modificable de acuerdo a las circunstancias. Y él hará exactamente lo contrario a lo que decidió el Capítulo de 2006— ¡él iba a buscar una “solución práctica antes de resolver la cuestión doctrinal”!
Pero a fin de convencer a la SSPX de que debemos cambiar nuestra percepción hacia Roma, él intenta mostrar que la “situación concreta” en Roma ha cambiado para bien cuando se refiere a “una observación histórica concerniente a la situación presente de la Iglesia” (Con Unum, Marzo 2012).

Entonces, él hace un paralelo entre el año 2006 (por el Capítulo) y el año 2011 para intentar demostrar que ha habido un cambio en Roma, que demanda un cambio también en nosotros.
Él ofrece como “prueba” de este cambio algunos “hechos,” de los que él mismo no parece estar convencido al usar expresiones como siendo “no muy visible,” “tímido,” “frustrado,” “colocado bajo el celemín,” “incluso a través de su aplicación hay algo que deja a desear,” etc.
Él habla de “dos movimientos opuestos, desiguales (en Roma),” que de hecho es sólo una batalla entre los conservadores y los extremistas, pero remarca que todas estas personas son conciliares. Él es sensible al halago de sus “nuevos amigos en Roma,” y dice que “obispos jóvenes, algunos de los cuales clara, pero discretamente, nos expresan su simpatía… ¡Puede ser que en Roma estas cosas son más manifiestas! ¡Ahora tenemos contactos amistosos en los Dicasterios más importantes, y también en el séquito del Papa!”

Si le creemos, esta descripción lleva a pensar erróneamente que la Iglesia Conciliar está muriendo, desintegrándose. Incluso, afirma que “el movimiento (de restauración) no puede ser detenido.” Y, para coronar sus ilusiones, va tan lejos como para afirmar que “la Divina Providencia se está expresando a través de la realidad de los eventos,” (sic) eso es, que ¡él considera que la Providencia está detrás de estos pequeños eventos, no del todo convincente, de que Roma se está convirtiendo! Como siempre, él invoca un tipo de “sobrenaturalismo,” que manifiesta sólo sus propias ilusiones.

Así, llega a su conclusión:
“Si esto es cierto, y estoy convencido de ello, esto requiere que tomemos una nueva posición con respecto a la Iglesia oficial. Está en el contexto que nos preguntemos a nosotros mismos sobre el reconocimiento de la Sociedad por la Iglesia oficial. Nuestros nuevos amigos en Roma declaran que el impacto de tal reconocimiento sería extremadamente poderoso sobre toda la Iglesia, como una confirmación de la importancia de la Tradición para Ella.”Luego, para calmar las filas de los que se oponen a un acuerdo, él afirma tranquilizadoramente: “Sin embargo, tal realización concreta requiere dos puntos absolutamente necesarios a fin de asegurar nuestra supervivencia: El primero es que a la Sociedad no le sean demandadas concesiones que afecten la fe y lo que sigue a ella (liturgia, sacramentos, moralidad, disciplina). El segundo es que la libertad real y autonomía de acción le sean concedidas a la Sociedad, y que estas libertades le permitan vivir y desarrollarse en circunstancias concretas… Las circunstancias concretas nos mostrarán cuando el tiempo llegue de “dar el paso” hacia la Iglesia oficial. Hoy en día, a pesar de la obertura Romana del 14 de Septiembre, y por las condiciones que han sido establecidas, esto todavía parece imposible.”


CONTINUA...