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viernes, 23 de octubre de 2015

Novena del Glorioso Principe y Sagrado Arcángel San Rafael


Médico y medicina de los dolientes,
Guía y defensa de los caminantes,
Abogado y protector de los pretendientes,

Consuelo y alivio de los afligidos.

 DEVOCIÓN E INTRODUCCIÓN


La devoción al Glorioso San Rafael es un medio poderosísimo para alcanzar de Dios Nuestro Señor bienes espirituales y temporales. Aconsejamos a todos los fieles cristianos que tengan por abogado a este Santo Arcángel, para obtener la salud del alma y el cuerpo, con innumerables bienes y frutos y la bendición de la majestad de Dios, por la intercesión de este poderoso Arcángel, quien tantas señas ha dado a los mortales de ser el que los favorece ante el Señor. Por tenerle olvidado experimentamos notables faltas en muchas cosas, en particular en la salud. Tengan devoción a este soberano Arcángel y la obtendrán por ser medicina de Dios. 

En virtud de nuestra gran miseria, nos es muy necesario el favor de San Rafael. Es verdad que Dios hace grandes favores a los hombres por medio de los demás Santos, pero nuestra Santa Madre la Iglesia dice: “Baje del cielo Rafael, médico de la salud, y curemos de todas las enfermedades”. Pudiendo llamar a otros Santos, sin embargo llamó a San Rafael, como a quien corresponde este oficio por haber sido destinado por el Señor para remedio de los mortales. 

Los gloriosos Padres de la Iglesia, como San Agustín y San Jerónimo, afirman que cuando se ve una milagrosa curación, fue enviado Rafael por el Señor para remedio de aquella dolencia. No hablo de las curaciones que hizo con la remoción de las aguas en la piscina de Betesda, ni las que realizó con Tobías padre e hijo; ni con Sara, esposa de Tobías hijo, quienes vivieron hasta la quinta generación, porque de ésto nos ocuparemos en la novena. Tampoco diré lo que hizo con el glorioso patriarca San Juan de Dios, como nos lo refiere en su vida, ni lo que hizo con San Pedro mártir. Sólo diré una para gloria de España, por desgracia desagradecida por el olvido en el que tiene a este Soberano médico de la Cámara del palacio del Señor.

A la ciudad de Córdoba vino una peste que la llenó de muertos, castigo de la mano de Dios, de suerte que la mayoría moría sin confesión, porque murieron muchos confesores y los pocos que quedaron no podían asistir a todos los enfermos. Andaba entre ellos Fray Simón de Sousa, comendador de Nuestra Señora de la Merced, quien era devoto de este Soberano Arcángel, demostrándolo no sólo confesando, sino también dando limosna a los pobres en honor del glorioso Arcángel. Traspasado de dolor al ver aquella desdicha, vino de noche al convento y entró en el coro, e implorando a la Reina de los Ángeles, le pedía enviase al médico “Perfecto Rafael”, y a él, que lo favoreciera como amigo en aquel castigo del Señor. A estos clamores de Fray Simón no se hizo sordo este poderoso Arcángel, apareciéndosele y diciéndole estas palabras:

“Yo soy Rafael, que vengo a premiar tu ruego y la limosna que a los ojos del Señor vale tanto, como la humildad y la caridad, que por Ti ha levantado el azote de su justicia sobre este pueblo. Dile al obispo que ponga mi imagen en el pináculo de la torre de la catedral y exhorte a los fieles a mi devoción, y serán aliviados siempre que a la Reina de los Ángeles pidan la medicina del Señor, y a los que portaren mi imagen los libraré de todo mal, en particular del demonio Asmodeo, príncipe de la lujuria, pecado por el cual muchas almas pierden la gracia de Dios”.

Todo cuanto le dijo San Rafael a Fray Simón, éste se lo declaró al obispo, quien hizo cuanto San Rafael pidió, quedando la ciudad libre del azote de Dios. En señal de profunda gratitud, el obispo instituyó su fiesta el 7 de mayo. Actualmente se celebra en la iglesia universal el 24 de octubre. Esto hace con sus devotos este poderoso Arcángel. Lo mismo hará con nosotros si hacemos lo que debemos, es decir, si damos limosna en honra suya, por la cual obtenemos salud, bienes e hijos y nos alcanza el cielo. Por el contrario, el amontonar tesoros no dando a los pobres, sólo nos acarrea tropiezos, caídas y, lo que es más lamentable, la pérdida de Dios. Tengamos un amigo para todo; no esperamos hasta el día de la tribulación. Pero, ¿qué día no es de tribulación, en este mísero mar lleno de tantas olas? Seamos de los barcos que llegan al puerto de salvación y no de los desdichados que naufragan en el mar profundo del abismo. Con esta devoción nosotros tenemos un amigo tan fiel y bueno, ya que a él sólo le interesa nuestro bien, para gozar de la bienaventuranza eterna obtenida por la Preciosísima Sangre del Cordero Inmaculado.

Te suplicamos, Soberano Arcángel, mires el bien del prójimo con aquella caridad con la que miraste a todos, en especial a los Santos que hemos mencionado.


       ADVERTENCIAS

         Forma de hacer esta novena con mayor perfección y fruto

En primer lugar, confesarse y comulgar para estar en gracia de Dios, pues así nos concederá su Majestad, como amigos suyos, los favores que le pidamos y deseamos. Si por cualquier fuerza mayor esta confesión y comunión no se pueden hacer el primer día, se puede trasladar a cualquier día de la semana.

En segundo lugar, reavivar en nuestras almas la devoción a la Reina de los Ángeles, acrecentando nuestra confianza en su maternal protección, pues como sabemos, todos los beneficios y favores que Dios da a sus hijos pasan y se distribuyen entre ellos por las manos de su Santísima Madre.

En tercer lugar, procuremos imitar aquellas virtudes especiales que practicaba el Santo Tobías, por las cuales mereció que el Santo Arcángel le concediera singulares favores. Dichas virtudes las menciona el mismo Santo Arcángel y son: la oración, la limosna y la piedad con los difuntos, pues como dice la historia Sagrada, el Santo Arcángel presentó ante el acatamiento Divino las oraciones y ruegos de Tobías, consiguiendo de Nuestro Señor más de lo que deseaba.


                                                                      Dia Primero 

                                        Hecha la señal de la cruz, se dirá el siguiente:

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Vos, que no queréis la muerte del pecador sino que se convierta y viva, vedme postrado a vuestros pies santísimos, lleno de arrepentimiento por la multitud de mis pecados. Yo los detesto con toda mi alma, no sólo porque he merecido por ellos el infierno y perdido el paraíso, sino más bien porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno, a un Dueño tan amable, a vuestra infinita Majestad. ¡Oh, Señor mío, Dios mío!  Siento un profundo dolor; os pido perdón e imploro vuestra misericordia. ¡Misericordia, oh, mi amado Jesús, misericordia! En adelante, estoy resuelto a morir antes de volveros a ofender, contando para ello con el auxilio de vuestra divina gracia, la intercesión de vuestra Madre Inmaculada y de mi protector, el Arcángel San Rafael. Amén. 

                                   ORACIÓN A SAN RAFAEL

¡Glorioso Arcángel Rafael, que estáis presente ante el trono del Altísimo! Yo, vuestro indigno pero devoto protegido, me prosterno en vuestra presencia. Conociendo por una parte mi indignidad y por otra vuestra ardiente caridad, os suplico, desde lo íntimo del corazón, os dignéis escuchar mis humildes ruegos y presentarlos ante el acatamiento divino, para obtener por vuestra mediación las gracias de que me encuentro más necesitado en el alma y en el cuerpo. Os pido especialmente, ¡oh glorioso Arcángel! Os dignéis alcanzarme la gracia de….. (aquí se especifica el favor que se desea obtener). Mas, si prevéis que el objeto de mi súplica no ha de contribuir a la mayor gloria de Dios y salvación de mi alma, os ruego, oh celestial Protector mío, escojáis vos misma para mí la gracia que conozcáis me ha de conducir con más seguridad a la eterna salvación, y ser más útil al remedio de mis necesidades temporales. No miréis tanto a mis deseos, cuanto a mi verdadero bien. Lleno de una entera confianza en vos, espero alcanzar lo que solicito por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.


                               


   CONSIDERACIÓN PRIMERA
 
 SAN RAFAEL, GUIA DE LOS VIAJEROS

SAN RAFAEL, GUIA DE LOS VIAJEROS

I- Debiendo el anciano Tobías enviar a su hijo desde Nínive donde moraban, hasta Rages, ciudad de los Medos,  para exigir de su deudor Gabelo una importante suma de dinero, y sabiendo que este hijo carecía de experiencia en los viajes, le encargó que se buscase un guía fiel, que conociese bien el camino y prometiese a tal conductor la debida recompensa. Tan pronto hubo salido el piadoso adolescente, cuando de pronto encontró a un gallardo mancebo en actitud de viajar. Era éste el Arcángel San Rafael, que en esta forma había bajado del cielo para acompañarle. Atraído por la hermosa presencia del extranjero que se adelantó hacia él, le preguntó el joven Tobías si sabía el camino que conducía al país de los Medos. –Sí, respondió el Arcángel, lo conozco muy bien; lo tengo andado repetidas veces y he morado también en Rafes, en la cada de Gabelo. Oída esta respuesta, Tobías corrió presuroso a dar noticia de ella a su padre. El anciano admiró este rasgo de la Providencia divina y mandó introducir en su casa al joven extranjero, a quien hizo varias preguntas. Por las contestaciones que le dio el joven, Tobías depositó en él toda su confianza y le entregó su hijo. El guía a su vez prometió acompañar al joven Tobías asegurando que lo devolvería sano y salvo al seno de su familia. Así partieron los dos caminantes, después de haber recibido la bendición del santo anciano. Con qué fidelidad desempeñó su encargo el Arcángel lo sabemos por el resultado feliz de su misión. No solamente devolvió al joven Tobías a sus padres, sino que además se lo entregó colmado de bienes y hecho esposo de una virtuosa compañera.

II- Consideramos ahora que todos en este mundo somos verdaderos viajeros. Nuestra vida, ¿no es, por ventura, un viaje del tiempo a la eternidad que no ha de concluir jamás? No tenemos aquí abajo una ciudad permanente, dice el Apóstol, por eso andamos en busca de una patria futura. Lo esencial, pues, es procurarnos un guía fiel que nos lleve por el buen camino. Muchas son las almas que se apartan de esta senda, motivo por el cual no llegan al puerto de la salvación. Algunas toman por guía el interés; otras la ambición; éstas, el amor y los placeres de los sentidos; aquellas sus propias desordenadas pasiones. Todas ellas, descarriadas, privadas de un buen guía, no llegan a la patria; antes bien, se precipitan en un abismo insondable.

Examinémonos un poco. Preguntémonos a nosotros mismos ¿cuál ha sido hasta ahora el guía de nuestro viaje?; ¿hemos sido conducidos por las leyes del Señor o por las del mundo?; ¿por las máximas eternas o por nuestro propio capricho? Cuando hayamos reconocido que nos hemos equivocado de guía y de camino, cambiaremos de senda y recurriremos a San Rafael como protector de los caminantes. Él nos proveerá de un fiel conductor, o sea de un buen confesor, de un prudente Director o de un sincero amigo. Antes de confiarle nuestra alma, consideremos sus acciones, examinemos sus máximas y su modo de proceder, como hizo el anciano Tobías con respecto a San Rafael, que se presentó bajo el nombre de Azarías. Asegurémonos como él, de si tiene experiencia en los caminos de la salvación. Siendo así, entreguémonos en sus manos y, a ejemplo del joven Tobías, obedezcamos durante el viaje de la vida a nuestro conductor, y no emprendamos asunto alguno de importancia sin pedir antes su consejo. Si obramos de este modo respecto al guía de nuestra alma, llegaremos seguramente, cuando termine nuestro viaje, a la patria celestial.

 

Medítese un poco y después léase el


EJEMPLO

Hace pocos años la Superiora General de un Instituto franciscano y misionero tuvo que emprender un largo viaje acompañada de cuatro religiosas, y dirigirse a un noviciado dedicado a San Rafael. Conforme al espíritu de la Iglesia, el viaje se puso bajo la protección del celestial guía de los caminantes, San Rafael, cuya imagen llevaba consigo la Superiora. El último día del viaje, un coche particular las conducía a su convento. Este coche, adquirido de lance y en apariencia nuevo, habría engañado a los ojos más expertos. Al pasar por una pendiente rápida y entre dos precipicios, el fondo donde iban los equipajes se abrió, las cuatro ruedas quedaron separadas de sus ejes y la capa del coche fue arrastrada por el pescante. La Superiora fue la primera en arrastrarse al camino y puesta de rodillas, exclamó: -Dios mío, tened piedad de nosotras!. Las otras cuatro religiosas rodaron sobre su cabeza. Si el caballo hubiera dado un solo paso, las religiosas hubieran sido destrozadas. Mas, afortunadamente, aquél permaneció inmóvil, como si fuera de mármol. Todas las religiosas pudieron escapar del peligro. Se miraron con inquietud. Ninguna de ellas tenía una sola erosión y el cochero lanzado a lo lejos quedó también sano y salvo. El Ángel de los viajeros, su protector escogido, las había salvado.

Seamos fieles a las amonestaciones de la Santa Iglesia, que invoca todos los días al Arcángel San Rafael en la oración que compuso para los viajantes con el título de Itinerario. Jamás dejemos, antes de emprender un viaje, de ponernos bajo la protección de este celestial Arcángel.

Ahora se rezará nueve veces el Gloria Patri en honor de los nueve coros angélicos, y se dirán las siguientes oraciones:




              INVOCACIÓN PARA TODOS LOS DIAS


Enviad, Señor, del alto cielo, al Arcángel San Rafael, médico celestial, para que sane todos los enfermos y dirija también nuestros pasos en el camino de la vida.

V- Os alabaré, Señor, en presencia de los Ángeles.

R- Os adoraré en vuestro santo templo y bendeciré vuestro nombre.
Antífona. Príncipe gloriosísimo, Arcángel San Rafael, acuérdate de nosotros; aquí, en todas partes y siempre, ruega por nosotros al Hijo de Dios.

V- Señor, dignáos escuchar mis súplicas.

R- Y lleguen a vos mis clamores.

                                                 ORACIÓN

Dios y Señor, que os dignasteis designar al Arcángel San Rafael para que acompañe en su camino a vuestro siervo el joven Tobías, concédenos a nosotros vuestros ciervos vernos siempre protegidos con su amparo y fortalecidos con sus auxilios. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.








                             Dia Segundo 

Por la señal… Acto de contrición y oración como en el Día Primero


      CONSIDERACIÓN


              SAN RAFAEL, PROTECTOR EN LOS PELIGROS




I.- Sigamos al joven Tobías durante el primer día de su viaje. Los dos peregrinos se detuvieron a las orillas del Tigris. Fatigado Tobías por una larga jornada y atraído por lo límpido de las aguas, se disponía a lavarse los pies para tomar nuevas fuerzas y continuar el camino. Mas he aquí que del fondo del río salió un pez de extraordinaria magnitud, con las fauces abiertas amenazadoras. A la vista del peligro y lleno de espanto, el pobre joven llamó con grandes gritos a su conductor: - ¡Señor, señor, venid, que se abalanza sobre mí! Al oír estas voces, el Santo Arcángel corrió presuroso para librar a Tobías. Le aconsejó que se adelantase con resolución, que cogiese a su enemigo por las agallas y lo sacase fuera del agua. Todo resultó de maravillas. Inmediatamente el Ángel enseñó al joven que las entrañas del Pez servirían de remedio para su padre y las carnes de provisión durante el viaje. De este modo, supo el Santo Arcángel sacar del mismo peligro grandes ventajas para el joven Tobías, que había implorado su auxilio.

II. - Reflexionemos ahora nosotros, los peregrinos de la tierra, la multitud de peligros que por todas partes nos cercan durante el curso de la vida. ¡Cuántos accidentes nos pueden ocurrir en este largo viaje! ¡Cuántas repentinas desgracias pueden venir sobre nosotros en medio de las diversiones y los placeres! Podemos encontrar peligros hasta en los quehaceres más comunes y en las ocupaciones de cada día. Ante estas pruebas inesperadas, ¿qué debemos hacer? Lo mismo que hizo Tobías. Recurrir desde lo íntimo del corazón al gran protector de cuantos se hallan en peligro y clamar a San Rafael: ¡Señor, socorredme, porque me veo en peligro! La experiencia nos enseñará que el Santo Arcángel no tardará en socorrernos, como lo hizo con el joven Tobías.

Si de tal modo debemos proceder en los peligros del cuerpo, con mayor razón hemos de conducirnos así en los del alma. ¡Cuántas no son las tentaciones con que nos asalta el demonio para perdernos! ¡Cuántas seducciones no emplea el mundo para perdernos en sus lazos, en tanto que la carne nos estimula y arrastra para que secundemos sus desordenados apetitos! Cuando nos veamos asaltados por estos monstruos crueles que amenazan a nuestra alma, acudamos pronto a nuestro Santo Protector, y digámosle: ¡Señor, acudid, que se arrojan sobre nosotros!  Estemos seguros de que no sólo nos dará fuerza para resistir a nuestros encarnizados enemigos, sino que hará, además, que sus mismos asaltos se conviertan en provecho nuestro. Si queremos sacar partido de las tentaciones que nos persiguen, imitemos a Tobías. Obedezcamos con prontitud al guía de nuestra alma, ejecutemos con generosa puntualidad cuanto él nos ordene. De este modo los mismos peligros servirán realmente para nuestro provecho espiritual.

            Medítese un poco, y después léase el

EJEMPLO

El pueblo de Puzzoli, en Italia, profesa una devoción especial a San Rafael. Un albañil de este lugar, llamado Jenaro de Pietro, trabajaba en reparar uno de los muros de la iglesia dedicada al Santo Arcángel. La obra había llegado ya a las pilastras y estaba poco menos que concluída. Los trabajadores se encontraban a una altura considerable. Era un sábado 3 de marzo. El sacerdote encargado de la iglesia había adornado ricamente el altar mayor, consagrado a San Rafael. De repente, falló el pie al maestro de obras, que cayó, precipitándose desde lo más alto del andamiaje. Al oír el ruido del golpe, el sacerdote miró con horror aquel espectáculo y al mismo tiempo oyó decir que el desgraciado estaba ya muerto, sin que hubiera podido recibir ningún auxilio espiritual. Sin embargo, el buen sacerdote, lleno de confianza, se arrodilló ante el altar y oró con gran fervor. Todos los allí presentes rezaron con él nueve veces Gloria Patri en honor de los nueve coros angélicos. El santo escuchó sus oraciones. Apenas terminaron el último Gloria Patri, el muerto abrió los ojos, suspiró, se levantó sobre sus pies y echó a andar. Proclamóse en alta voz el milagro, y el reconocimiento hacia San Rafael creció extraordinariamente al observar que Jenaro no tenía fractura alguna, ni herida, ni la más leve contusión. Pocos días después volvió al trabajo, agradeciendo con lágrimas al santo Arcángel el señalado beneficio de que había sido objeto.

Récense ahora los nueve Gloria Patri y demás oraciones para todos los días como en el Día Primero.




                                                   Dia Tercero

Por la señal… Acto de contrición y oración como el Día Primero

                                                 CONSIDERACIÓN


             SAN RAFAEL, REFUGIO DE LOS INDIGENTES

I. - Mientras Tobías vivió en la Judea, fue uno de los más ricos y más estimados de la tribu de Neftalí. Después de la conquista de Salmanasar, fue llevado cautivo a Nínive con todos los demás hijos de Israel. En el mismo destierro conservó una cierta prosperidad porque el rey, después de haber asignado a todos los hebreos el lugar en donde habían de permanecer y del cual les estaba prohibido ausentarse, bajo severas penas, concedió en cambio a Tobías, por sus bellas cualidades, la elección de su residencia y una completa libertad de acción. De este modo, en la misma esclavitud gozaba Tobías de un relativo bienestar.

Mas, las cosas de este mundo están expuestas a grandes vicisitudes. Murió Salmanasar y le sucedió Senaquerib. Enemigo de los judíos, el nuevo rey hizo morir a un gran número de ellos. Habiendo sabido que Tobías daba los honores de la sepultura a aquellos mismos a quienes él había mandado asesinar en Nínive, hizo que se le confiscasen todos los bienes y lo condenó a muerte. Pero si plugo a Dios permitir que Tobías quedase reducido a la indigencia, quiso sin embargo conservarle la vida. He aquí, pues, al rico Tobías convertido en un pobre indigente. Y no paró aquí su infortunio. Retirándose una tarde, fatigado por la tarea de enterrar a los muertos, quedóse dormido al pie del muro en cuya cima las golondrinas habían construido su nido, y desprendiéndose sus inmundicias, cayeron sobre los ojos de Tobías y le dejaron enteramente ciego. La ceguera unida a la pobreza, ¡qué profunda miseria! Para proporcionarse lo necesario de la vida, Ana, su mujer, acostumbrada hasta entonces a valerse para todo del servicio de sus criados, se vio en la necesidad de ejercer el oficio de tejedora.

La única esperanza de poner remedio a tantos males era un crédito que tenían contra Gabelo, que vivía en la Media. Esta provincia se hallaba muy distante y Tobías no conocía persona suficientemente fiel para confiarle el encargo de cobrar aquella deuda. Sólo le quedaba, pues, un medio: exponer a su hijo único a los riesgos de un viaje largo y peligroso, sin tener seguridad de recobrar el dinero. Entonces fue cuando San Rafael, el amigo y refugio de los indigentes, movido a  compasión, acudió pronto en su ayuda y convirtiéndose en guía de su hijo, lo acompañó a casa de Gabelo  y recobró la cantidad que éste debía. Y no es todo: el Arcángel preparó un remedio para los ojos del anciano Tobías en la hiel del pez, y para llevar hasta el colmo su felicidad, dio a su hijo por esposa a Sara, la hija también única de Raquel. La casa de Tobías, sumida en una profunda tristeza, vino a ser bien pronto la más rica y feliz de Nínive.

II. - Reflexionemos este día sobre nuestra posición personal. ¿Nos hallamos en medio de la prosperidad? No nos llenemos de orgullo con nuestras riquezas, no las utilicemos en usos profanos y en gastos superfluos o que no sean conformes a nuestra condición. Por el contrario, consagrémoslas al socorro de los pobres, como lo hizo Tobías. Lo que aconteció a él nos puede suceder también a nosotros. Se puede suscitar contra nosotros un pleito o litigio en el cual perdamos cuanto poseemos; una calumnia puede armar contra nosotros a la justicia humana y conducirnos a la pérdida de todos los bienes. Si hemos imitado a Tobías en la prosperidad, confiemos que en nuestros infortunios el Arcángel San Rafael, Protector de los indigentes, nos hará recobrar nuestra anterior prosperidad, y acaso una situación mucho mejor.

III. - Si en vez de gozar de prosperidad nos encontramos en la indigencia, recurramos con fe a San Rafael. Su compasión en favor de los desgraciados le hará encontrar el medio de socorrernos. Tocará el corazón de los poderosos, alguno de los cuales tomará bajo su protección, al modo en que Tobías fue protegido en su cautiverio por Salmanasar. Podrá ser también que el Santo Arcángel nos haga encontrar algunos antiguos títulos que nos proporcione el medio de recuperar los bienes que se nos deben, como lo fue para Tobías el crédito de Gabelo; o bien el mismo San Rafael inspirará a cuantos dependen de nosotros el deseo de industriarse a favor nuestro con el trabajo de sus manos, como lo hizo Ana para remediar la miseria de su familia. Por último, de un modo u otro el Santo Arcángel nos hará sentir los efectos de su poderosa protección.

            Medítese un poco y después léase el

EJEMPLO


Léase el siguiente relato de una obrita publicada por el Padre Richa, de la compañía de Jesús, el año 1751.

“Había en Florencia un monasterio de religiosas benedictinas muy devotas de San Rafael. Su confesor, el Padre Alvizzo, de la orden carmelita, tenía también una ilimitada confianza en el Santo Arcángel. Estas religiosas sufrieron una gran prueba concerniente nada menos que a la reputación de su monasterio. El asunto llegó hasta la misma Santa Sede, y las religiosas eran presas de una mortal ansiedad.

Un día, hacia la hora nona, oyeron dar grandes golpes a la puerta del convento. Acudió inmediatamente la portera y se encontró en presencia de un peregrino que pedía limosna, diciendo: “Voy a Roma y allí os ayudaré, y a mi regreso os traeré noticias muy agradables. Que la Comunidad rece durante el espacio de nueve días los tres salmos: Coeli enarrant, Sape expugnaverunt y De profundis. Que haga también arder nueve cirios de vela blanca. Todo esto en honor de los nueve coros angélicos”.  El confesor acudió también a su vez; había sido también consolado con una visión de San Rafael.

Algún tiempo después, un domingo 10 de octubre hacia las seis de la tarde, la Madre Abadesa se hallaba con algunas otras religiosas cuando un joven llegó a ellas muy de prisa y les dijo: - “Buena noticia, buena noticia!” Dicho lo cual, se retiró con igual presteza. En efecto, el asunto de las religiosas estaba ya favorablemente resuelto, y se vieron libres del peligro que las amenazaba. En prueba de reconocimiento, la Madre Abadesa, Margarita Macci, hizo representar en un cuadro al Santo Arcángel con traje de peregrino, como se les había aparecido, y las religiosas establecieron la costumbre de rezar todas las tardes, después de Completas, los tres salmos recomendados por el Arcángel. Además, durante nueve días continuos que comienzan en la fiesta de San Mateo, las religiosas mandan encender nueve cirios de cera blanca como homenaje al Santo Arcángel, su insigne protector. Desde entonces los tres salmos indicados por San Rafael suelen incluirse en las novenas consagradas en su honor.

            Récese nueve veces el Gloria Patri y demás oraciones para todos los días.


                                                     Dia Cuarto


      Por la señal… Acto de contrición y oración como todos los días



                                             CONSIDERACIÓN


                    SAN RAFAEL, CONSOLADOR DE LOS AFLIGIDOS

I.- ¡Qué grande fue la aflicción de Tobías cuando, al despertar de un sueño, se encontró repentinamente ciego! Sin duda que el santo anciano se conformó en lo íntimo de su alma con la adorable voluntad del Señor; pero esto no obstante, la humana naturaleza reclamaría también sus derechos y produciría, como acontece de ordinario, aquella melancolía que da a los ciegos una noche continua en la cual se hallan sepultados. El mismo Tobías se lo manifestó al Arcángel San Rafael, cuando fue introducido en casa de su hijo bajo el supuesto nombre de Azarías. El Ángel lo saludó con estas regaladas palabras:
                       
-Que la alegría os acompañe siempre-. A lo cual respondió Tobías, con acento de amargo dolor: -¿De qué alegría puedo gozar yo que me encuentro entre tinieblas y sin ver jamás la luz del cielo?Al momento, ejerciendo el Santo Arcángel el oficio de consolador de los afligidos, le predijo su próxima curación: -Tened buen ánimo, Tobías, se acerca el momento en que vais a ser curado por Dios. En efecto; al regreso de su hijo, el anciano tuvo el doble consuelo de recobrar aun mismo tiempo la vista y el hijo.

II.- No fue menor la aflicción de la que el Arcángel San Rafael libró a Sara, hija
única de Raquel, a la cual el demonio había arrebatado sucesivamente siete maridos. Lo que más afligía a la infortunada viuda era la malignidad de ciertas lenguas que la acusaban de ser cómplice en aquellas muertes trágicas. Hasta una criada suya le dirigió en este sentido un insolente reproche. Cierto día en que Sara la reprendió por no sabemos qué falta, ella le respondió con estas injuriosas palabras: -Asesina de tus maridos, ¿por ventura quieres también acabar conmigo, como acabaste con tus siete esposos?. De tal modo afligieron estas palabras a la hija de Raquel, que llena de angustia se retiró a su habitación, donde permaneció tres días y tres noches sin tomar alimento ni entregarse al descanso, ocupada sólo en llorar su desgracia y pedir al Señor que la consolase. Sus lágrimas y sus oraciones no fueron infructuosas. Entonces fue cuando el Señor envió al Arcángel San Rafael, que debía consolar a la vez el corazón de Tobías restituyéndole la vista y el corazón de Sara, librándola de la obsesión de Asmodeo. “El Señor, dice el Texto sagrado, envió a su Ángel San Rafael para curar a los dos, cuyas oraciones le habían sido presentadas a un mismo tiempo.”

Por estas palabras ha querido Dios sugerir a los afligidos la idea de recurrir a San
Rafael, cuya bondad sabe y quiere consolarlos.

III.- Consideremos ahora que las aflicciones no pueden faltar nunca a cuantos
viven en este mundo. Habitamos una tierra que no produce otra cosa que abrojos y espinas. El hombre se ve afligido por todas partes; en el cuerpo por la enfermedad, la pobreza y el cansancio; en su espíritu por los escrúpulos, las dudas, las desolaciones, la melancolía, las aprensiones y las sugestiones diabólicas. Acaso algunos podrían llevar una vida tranquila, pero se ven sumidos en el dolor por la conducta de sus hijos, la envidia de sus iguales o la opresión de los poderosos. A veces, un ligero resentimiento con el amigo o una contestación desabrida de los criados bastan para arrebatarnos la paz del corazón y hacernos pasar, como Sara, los días y las noches enteras en continua tristeza. No sólo nuestras propias tribulaciones, sino también las de los demás contribuyen a hacernos desgraciados. La muerte de un hijo, la enfermedad de un pariente, la quiebra de un negociante, pueden hacernos probar una amarga pena, aún en medio de una gran prosperidad.
En semejantes circunstancias, ¿qué debemos hacer?. Recurrir al Arcángel San
Rafael, consolador de los afligidos; recordarle cuán bien supo consolar a Tobías y Sara, y suplicarle se digne atendernos también para nuestro consuelo.
                       
Medítese un poco y después léase el

EJEMPLO


San Juan de Dios, consagrado al servicio de los enfermos y destinado a fundar una Orden religiosa para el consuelo de los mismos, fue privilegiado especialmente por el Arcángel San Rafael, que le socorrió en todas sus necesidades.

Cierto día, eran insuficientes las provisiones en su hospital de Granada. Carecía de pan para sus pobres y el corazón del Siervo de Dios hallábase angustiado. De pronto se le apareció San Rafael. Todos los que se hallaban presentes gozaron de esta visión. Iba vestido con un traje semejante al de San Juan de dios y llevaba una alforja llena de panes. El santo reconoció desde luego a su celestial protector, que ya en otras ocasiones le había favorecido. El glorioso Arcángel le dijo con una voz dulce y cariñosa: -“¡Hermano mío!, todos nosotros formamos un solo y un mismo Orden; hállanse hombres que bajo un tosco vestido pueden ser iguales a los ángeles. Recibe estos panes que te envía el cielo para socorrer la necesidad de tus pobres”. Y entregándole las alforjas, desapareció, dejando en el corazón del santo tan gran consuelo y alegría como el mundo sería incapaz de proporcionar a los afligidos.

Atendiendo a la protección dispensada al santo Fundador, el Instituto de San Juan de Dios venera a San Rafael como su patrono especial, y celebra su fiesta con rito de primera clase y octava.
           
Rezar nueve veces el Gloria Patri y demás oraciones para todos los días.

                                        Dia Quinto
Por la señal… Acto de contrición y oración como en los anteriores.

                                                         CONSIDERACION
                             SAN RAFAEL, MEDICO DE LOS ENFERMOS.

I.- San Rafael lleva en su mismo nombre el título de médico de los enfermos, puesto que Rafael significa “Medicina de Dios”, La santa iglesia, al solicitar con ternura maternal la curación de sus hijos enfermos, pide al Señor en uno de sus signos litúrgicos que envíe del cielo a San Rafael, médico experto, para que los cure de todos sus males.

El mismo santo Arcángel dio a conocer su habilidad en el arte de curar cuando mandó al joven Tobías a conservar la hiel del pez, señalándola como un medicamento destinado a devolver la vista a su anciano padre. La verdad de estas palabras se manifestó claramente cuando el joven Tobías aplicó este remedio al regresar a la casa paterna.

II.- Consideremos ahora a cuántos males estamos expuestos durante el curso de nuestra vida. Los médicos enseñan que sólo nuestros ojos pueden padecer más de cien diversas enfermedades. Juzguemos por aquí lo que sucederá en los demás miembros de nuestro cuerpo. De aquí que la salud sea considerada como uno de los tesoros más preciosos que se pueden poseer en este mundo. Cada uno procura conservarla a costa de mil precauciones, y si por desgracia se pierde, ¿qué no hace el hombre para recobrarla?  Llámase a los médicos más sabios y de mayor renombre; se escribe al extranjero para conocer el dictamen de los más celebrados especialistas; ¡en tanto estimamos nuestra salud!

III.- Ya que ésta es la condición de la humanidad, ¿qué médico más hábil podemos encontrar para nuestras enfermedades que el Arcángel San Rafael? Si él se encarga de asistirnos la curación es indudable, porque no sólo es médico de la salud, medicus salutis, sino que es además remedio infalible en su calidad de medicina de Dios: Rafael, medicina Dei. ¿Por qué, pues, no recurrir con prontitud al patrocinio de San Rafael en nuestras enfermedades y en la de aquellas personas que nos son más queridas? Pidámosle que nos asista y que inspire a los doctores que nos cuidan los remedios más propios para una pronta y completa curación.

No son solamente los enfermos los que deben recurrir a San Rafael, sino también los mismos médicos al principio de la enfermedad; que pidan al Santo Arcángel se digne ilustrarlos acerca de la naturaleza y origen de la dolencia, y sugerir a su inteligencia los remedios más eficaces.

Si conviene recurrir a San Rafael para que nos conserve la salud del cuerpo o para que nos la devuelva cuando la hemos perdido, con mucho mayor interés debemos acudir a él a fin de que nos conserve la salud del alma, que es la gracia de Dios. Roguémosle que si alguna vez la perdemos, nos la haga recobrar por  medio de una sincera penitencia, de la cual la hiel del pez es un verdadero símbolo, porque es amarga.

            Medítese un poco y después léase el

EJEMPLO


El Arcángel San Rafael fue dado por Nuestro Señor a la Franciscana de Nápoles, Santa María Francisca de las Cinco Llagas, para que la socorriese en sus enfermedades. El celestial Espíritu puso en esto un cuidado extraordinario, digno de  su respeto y amor hacia Dios, quien le había confiado a la Santa. Apareciósele en forma de joven vestido de blanco y de una belleza incomparable. María Francisca quedó sorprendida y sin poder decir una palabra. Habló, pues, primero el Arcángel y le dijo: -“Yo soy San Rafael, a quien el Altísimo ha enviado para curar la llaga de tu costado, que está a punto de gangrenarse. Renueva tu confianza en Dios y Él te bendecirá”. Al día siguiente por la mañana, la llaga estaba ya del todo sana, si bien unos días más adelante volvió a presentar un aspecto alarmante. Sentía en el corazón un dolor tan agudo que no podía moverse. El santo Arcángel se convirtió en su enfermero; cortábale el pan tomándole el cuchillo en las manos y diciéndole con graciosa sonrisa que no era capaz de servirse a sí misma; si alguna vez intentaba levantar una silla u otro objeto cualquiera cuyo peso le pudiera hacer daño, el Arcángel acudía a levantarlos con su propia mano y los llevaba al sitio donde la Santa deseaba colocarlos. De tal modo, llegó a gozar esta bienaventurada Virgen de una íntima familiaridad con el Santo Arcángel.

Este ejemplo nos enseña que tanto San Rafael como los demás Espíritus celestiales pueden estar con nosotros en las circunstancias y ocupaciones más ordinarias de la vida.

            Se reza nueve veces el Gloria Patri y demás oraciones para todos los días.


                              Dia Sexto


Por la señal… Acto de contrición y oración como todos los días.

                                        CONSIDERACIÓN


SAN RAFAEL, MEDIADOR EN EL MATRIMONIO CRISTIANO


I.- Sara, la hija de Raquel, juzgábase a sí misma como una de aquellas mujeres infelices de Israel, a quienes el Señor privaba de la posteridad porque, habiendo tenido siete maridos, se los vio arrebatados todos por el demonio sin que pudieran siguiera acercarse al lecho nupcial. En su desgracia, no hacía otra cosa sino llorar y pedir al Señor que la librase de aquel oprobio. Y precisamente durante los tres días y tres noches que Sara pasó en la oración y las lágrimas, llegaban a Rages Tobías y San Rafael. Como Tobías no conocía a nadie en esta ciudad, preguntó a su conductor dónde se alojarían. El santo Arcángel le respondió: -Tienes en esta ciudad un hombre llamado Raguel, primo de tu padre. Iremos pues a su casa. Tiene una hija única, la cual pedirás por esposa, porque según la ley te pertenece, lo mismo que todos sus bienes.

Sorprendido por tal proposición, el joven Tobías objetó respetuosamente por aquello que había oído, que otros siete se habían desposado sucesivamente con su prima y que todos ellos habían muerto víctimas del demonio Asmodeo. Rogóle por tanto, considerase que, siendo él hijo único, era de temer que, si le acontecía suerte tan fatal, quedaría extinguida su familia y sus ancianos padres morirían de dolor.

- Si pones en práctica lo que yo te diré, respondió el Arcángel, nada tienes que temer. Cuando seas introducido en la habitación nupcial, toma una parte de las vísceras de este pez, ponla sobre carbones encendidos, y el humo que despidan tendrá la virtud de ahuyentar al demonio. Consagra después en unión con tu esposa la mayor parte de la noche a la oración. Haz lo mismo las dos noches siguientes, y en la cuarta vendrá sobre vosotros la bendición del Señor.

Discurriendo de este modo, los dos viajeros entraron en la ciudad de Rages y se encaminaron hacia la casa de Raguel, quien no obstante ignorar los nombres de los peregrinos, los recibió con gusto, siguiente en esto la tradición patriarcal en orden a la hospitalidad. Conociendo después por el que hacía de guía que el joven era hijo de su primo, Raguel se llenó de alegría, abrazó a su sobrino, le cubrió de besos, llamó a su mujer y le mandó preparar un festín. Mas el joven Tobías, deseoso de obedecer a su conductor, se dirigió a Raguel y le dijo: -No probaré alimento alguno en vuestra casa, hasta tanto no me prometáis la mano de vuestra hija.

Esta proposición sorprendió al virtuoso Raguel, quien no pudo dar de pronto respuesta alguna. Entonces el santo Arcángel desvaneció sus temores, diciendo: -No temáis acceder a la petición de Tobías, porque Dios ha destinado para él a vuestra hija.

Consolado Raguel con estas palabras, exclamó: -Veo que el Señor ha oído mis súplicas y se ha compadecido de mis lágrimas. Sin demora llamó a su hija, y tomando su mano derecha y la misma de Tobías, las unió, los bendijo y quedaron celebradas las bodas.

Cuando Tobías se retiró a la habitación nupcial, puso en ejecución cuanto el Arcángel le había ordenado. Después que el demonio fue ahuyentado por el humo misterioso, Tobías y su joven esposa imploraron por medio de la oración la asistencia divina. A la mañana siguiente, los esposos aparecieron alegres y llenos de vida, con gozo inmenso de sus padres y de toda la servidumbre. Gracias a la protección de San Rafal, permanecieron felices en el santo matrimonio hasta la hora de su muerte.

II.- Considérense ahora las quejas que se oyen frecuentemente en el mundo: ¡Cuántos esposos son desgraciados en su estado!. ¿Dónde habrá que buscar el origen de estos disgustos? El mismo Arcángel San Rafael lo dijo bien claramente a Tobías: -Hay muchos que abrazan el matrimonio rechazando a Dios en su alma. Para encontrar un esposo, las jóvenes se entregan a la vanidad y la coquetería; en lugar de atender al cumplimiento de los deberes de la piedad cristiana, buscan llamar la atención y atraer hacia sí miradas de todos; apartan a Dios de su alma y Dios permite en castigo que no encuentren marido, o si acaban por encontrarlo, viven después descontentas entre las pesadas cadenas del matrimonio.

           
No procedió así la virtuosa Sara. Recurrió a Dios y Él le envió del cielo al Arcángel San Rafael a fin de que le proporcionase un marido digno de su condición y adornado de todas las cualidades que pudiera apetecer. Preciso es, por tanto, confiar a Dios el asunto de la elección de estado, y el Santo Arcángel no dejará de proporcionar a cada uno la esposa o el marido que le convenga.

           
III.- Considérese por otra parte que, al entrar Tobías en la casa de Raguel, no trató directamente con Sara de su matrimonio, sino que la pidió a su padre. Por esta razón el Arcángel Rafael hizo desaparecer cuantas dificultades se presentaron en aquel desposorio.

           
¡Ah! ¡Si todos los jóvenes imitasen la conducta de Tobías en la elección de su esposa, no habría tantos disturbios en las familias! Los que quieran escoger una compañera en la vida, acudan directamente a los padres y no traten en secreto con ella el asunto. Si se les presentan dificultades, recurran a San Rafael, seguros de que si es para gloria de dios, Él encontrará medios de vencer todos lo obstáculos, como lo hizo con Tobías.

           
En fin, recuérdese que Sara no conocía a Tobías; que al desposarse con él debió abandonar a su padre y a su madre que tan tiernamente la amaban. Tuvo que abandonar su patria, su familia, sus amigas, y partir a una región muy distante, de la cual probablemente no volvería jamás. Sin embargo, la piadosa joven, sin hacer caso de estas dificultades, aceptó sin réplica el esposo que su padre le designara. El Señor, en premio de esta pronta obediencia, la bendijo y la hizo feliz con su esposo y con sus hijos.

           
Imiten, pues, los jóvenes de uno y otro sexo a Sara y Tobías; tomen por mediador a San Rafael. Él obrará en el corazón de los padres, piadosos por otra parte y prudentes, a los cuales conviene siempre obedecer. Los inclinará hacia los deseos de los jóvenes; la doncella encontrará un buen marido y el joven una excelente esposa, proporcionándole así a todos un dichoso porvenir.

            Medítese un poco y después léase el

EJEMPLO


           
Lo que vamos a referir es un hecho reciente. El hijo mayor de una numerosa familia, a causa de los reveces de la fortuna, se vio en la necesidad de abandonar el hogar paterno y marchar a un país lejano para proporcionarse una posición desahogada. Llegando a una de las grandes ciudades de Francia y encontrándose solo y abandonado, perdió bien pronto la fe de los principios religiosos adquiridos en el seno de su familia eminentemente cristiana. Pasado algún tiempo, llegó a causar la desolación de los suyos. Cuando por una especialísima providencia, debida sin duda a las oraciones de sus piadosos padres, se encontró con una persona bienhechora que se compadeció de su triste estado, lo trató con exquisita bondad, procuró reanimar su espíritu abatido y o exhortó a unirse en sus oraciones a San Rafael para pedir al santo Arcángel le obtuviese la gracia de encontrar una compañera que fuese su consuelo y su amparo.

           
Pero falto de posición y de fortuna, ¿cómo tener valor para casarse? –replicó el joven. Nada es imposible a la oración. Comenzaron una novena a San Rafael con la promesa de llevar un exvoto a su Santuario de Marsella tan pronto alcanzasen el favor que solicitaban. El primer resultado de esta oración fue la vuelta del joven al cumplimiento de sus deberes religiosos; la caridad hizo revivir la fe y la esperanza en su alma. El joven rogaba con fervor indecible al celestial protector de los matrimonios cristianos.

           
Después de tres meses de espera, encontró por fin, en el otro extremo de Francia, una hija única que, a una gran fortuna unía todas las demás condiciones que podían hacerlo feliz. Al verlo por primera vez, la joven se dijo a sí misma: -He aquí el hombre que me agrada. Y nuestro joven por su parte pensó que aquella y no otra era la esposa que le convenía. Pero ¿cómo atreverse a pedirla a sus padres? No duró mucho la duda: el santo Arcángel había allanado desde el cielo los caminos, como lo hizo en otro tiempo con Tobías.

           
El 24 de octubre del año siguiente, fiesta de San Rafael, celebráronse los esposorios, y tres meses después aquellos jóvenes recibieron la bendición nupcial. Aún hoy continúan felices y han trabajado ya para ganar el cielo, adonde dos ángeles les han precedido. La promesa hecha se ha cumplido ya, y el exvoto lleva estas palabras del Arcángel a Tobías: Bendecid a Dios y pregonad todas sus maravillas.



                                                  Dia Séptimo


Por la señal… Acto de contrición y oraciones como en los días anteriores.

                                       CONSIDERACIÓN



SAN RAFAEL, PROTECTOR DE LAS FAMILIAS Y DE SUS JEFES

I.- Consideremos la inquietud en que se encontraba Raguel en Rages y Tobías en Nínive, con motivos de sus respectivos hijos. El primero estaba triste al ver delante de sus ojos a su hija y heredera, dotada de las más bellas cualidades físicas y morales, y sin embargo privada de esposo. Este desgraciado padre había perdido ya la esperanza de casar a su hija: la experiencia le había enseñado, por desgracia, que todos sus maridos fueran víctimas de la muerte en la noche misma de bodas. La publicidad de este funesto acontecimiento y el fundado temor de poner en peligro la vida de otros, impedía a sus padres proponerla por esposa.
En la antigua ley, era para las mujeres una humillación verse privadas de posteridad, y aún era más afrentoso para ellas no encontrar con quién casarse. Lo que ponía el colmo a la desolación de los padres de Sara era el ver expuesta a tal oprobio, a los ojos de la nación, su casa, una de las más ilustres de la Tribu de Naftalí. ¡Qué fortuna fue para Raguel y para los suyos que el Arcángel San Rafael, protector de la honra y de la tranquilidad de las familias, se moviese a compasión y los consolase, conduciendo  él mismo a un esposo a la propia tribu, conforme a la prescripción de la ley!

El Arcángel libró también a Sara de la posesión del demonio Asmodeo, asesino de sus esposos, y para añadir consuelos a consuelos, permitió que Tobías cediese a las instancias de Raguel y permaneciese dos semanas en Rages, después de contraído el matrimonio.

II.- La inquietud que atormentaba a Tobías en Nínive no era para menos digna de compasión. Se había cumplido ya el tiempo marcada para el regreso de su hijo y, no viéndolo aparecer, comenzó a temer que le hubiera acontecido algún fatal accidente. Como el amor va siempre acompañado de cierto temor, cada momento de retraso en la vuelta aumentaba la angustia y se convertía en un nuevo suplicio. A veces la desconsolada madre llenaba la casa con tristes lamentos, y la ansiedad llegaba ya a su colmo. Ana se revolvía contra su marido, que no estaba menos afligido que su mujer, que oprimida por su dolor le reprochaba por haber enviado tan lejos a su hijo, sin otro móvil que un vil interés; a aquel hijo, único amparo de su vejez y la sola esperanza de su posteridad. El santo anciano se esforzaba por consolarla: -Está tranquila, le decía, nuestro hijo se encuentra bien; el guía que lo acompaña es de toda confianza.
           
No fueron vanas las esperanzas de Tobías. El santo Arcángel, protector de las familias, se compadeció de su dolor y obligó al joven Tobías a que acelerase el regreso a su casa, dejando que su esposa y su cortejo les siguiesen a paso más lento. Después de haber consolado a Raguel y a su familia con su llegada a Rages, no se descuidó de consolar también en Nínive al anciano Tobías y a su esposa, devolviéndoles a su hijo sano y salvo y restituyendo la vista al dichoso anciano. Además, anunció a toda su familia el pronto arribo de Sara, noble y rica esposa del joven Tobías.

III.- Veamos ahora lo que son la mayor parte de las familias: ¡Casi todas se hallan expuestas a incesantes disgustos de sus hijos! ¡Cuántas y cuán inevitables zozobras tienen que experimentar para educarlos! Cuando llegan a ser mayores, ¡cuántos trabajos para establecerlos en un estado conveniente!  Y aún cuando no se tenga más que un hijo, ¡cuántos desvelos para conservarlo!  La enfermedad más insignificante, el peligro, siguiera sea remoto, de perderlo, renuevan en la triste madre los lamentos y gemidos de la familia y hasta de los mismos servidores.

Otros padres tienen hijos atormentados, como Sara, por el espíritu maligno, y que por no resistir a sus inicuas sugestiones, vienen a caer en los vicios más abominables y son la causa de la deshonra y ruina de la familia. Entonces se redobla la pena, y los padres, como sucedió a Raguel, viven en continua desolación día y noche.

Pero supongamos que los hijos, imitadores del joven Tobías, sean por su conducta el consuelo de los padres. Y ¿qué? Aún en este caso, ¡cuántas circunstancias podrán obligarlos a abandonar el hogar paterno! ¡Qué dolor en el momento de la separación! ¡Cuántos sufrimientos durante la ausencia! Puede también suceder que la casa, privada de hijos, quede silenciosa y solitaria. Si esto sucede, ¡qué angustia oprime a los padres!

En estos casos y en otros semejantes, ¿qué deben hacer los padres para calmar su dolor? Ponerse todos los días bajo el amparo de San Rafael juntamente con su familia; pedirle que les haga sentir los efectos de su protección, como se los dio a conocer a las familias de Tobías y de Raguel, que vieron asegurada la estabilidad de sus casas por una numerosa posteridad y pudieron ser asistidos en las enfermedades de su ancianidad, no solamente por sus hijos sino también por sus nietas hasta la tercera generación.

Medítese un poco y léase el

EJEMPLO


El hecho sucedió en España. La ciudad de Córdoba se vio afligida por una peste terrible; los muertos llenaban sus calles; los vivos apenas bastaban para sepultarlos, y lo que aún es más triste, un gran número moría sin Sacramentos porque los confesores supervivientes eran muy pocos. Simón de Sousa, Comendador de Nuestra Señora de la Merced, religioso que toda su vida había sido devotísimo del santo Arcángel, se multiplicaba para oír en confesión a los apestados y dar limosna a los más necesitados. Mas viendo que sus socorros eran insuficientes, postróse a los pies de la Reina de los Ángeles, que estaba en el coro de su convento y le suplicó que enviase a San Rafael a todas las familias desgraciadas de Córdoba. Su oración fue oída; el santo Arcángel se le apareció de repente bajo la figura de un gallardo joven, de una hermosura sorprendente y le dijo: -Yo soy Rafael, que vengo en tu auxilio; tus oraciones, tus limosnas y sobre todo tu humildad y tu caridad, son de tanta estima delante de Dios que por ellos calmará su cólera, detendrá su azote y hará sentir y probar a esta ciudad las dulzuras de su clemencia. Marcha en busca del Obispo y dile que coloque mi imagen en el campanario de la catedral y que exhorte al pueblo para que recurra a mí. Inmediatamente sanarán los enfermos, con una sola condición; la de pedir a la Reina de los Ángeles la medicina de Dios. Sabe también que todos aquellos que llevaren mi imagen y que recurrieren a mi intercesión se verán libres de todo mal, y en particular de Asmodeo, espíritu impuro que pierde a los hombres y les arrebata la gracia de Dios.

Simón partió prontamente a referir todo esto al Obispo; la ciudad obedeció las indicaciones de San Rafael, prometiendo además celebrar todos los años una fiesta especial, como recuerdo de esta aparición celestial.

La epidemia desapareció al momento y la ciudad de Córdoba quedó consagrada a San Rafael, a quien llama su liberador. En una de sus plazas públicas vimos, en el año 1884, la estatua monumental del santo Arcángel.

Se reza nueve veces el Gloria Patri y demás oraciones para todos los días.


            


                                                       Dia Octavo

Por la señal… Acto de contrición y oración como en los días anteriores.


CONSIDERACIÓN


   SAN RAFAEL, PROTECTOR DE LAS TENTACIONES

I.- Recordemos el estado deplorable de Sara, expuesta a las continuadas obsesiones del demonio Asmodeo. Este espíritu maligno intentaba por medio de sus diabólicas sugestiones hacerle perder su inocencia. Pero Sara, a fuerza de oración y de lágrimas, se hacía cada vez más fuerte para resistir al tentador. Quedando así desbaratados todos los artificios del enemigo por la constancia de Sara, este maligno adversario la sometió a una prueba terrible, ocasionando la muerte a todos sus maridos al entrar por vez primera a la habitación nupcial. Tal era la terrible situación de la fiel Sara, cuando San Rafael bajó del cielo para defenderla contra los asaltos del tentador. Sara llegó a ser la dichosa esposa de Tobías; el cruel Asmodeo se vio forzado a dejarla sana y salva y abandonar para siempre la casa de Raguel. Todo esto se realizó gracias a las instrucciones del santo Arcángel, que Tobías siguió al pie de la letra. No fue bastante para  San Rafael haber apartado de Sara y de su casa al impuro Asmodeo; para castigar severamente su audacia, lo relegó a los apartados desiertos de Egipto, para que en adelante no se atreviese a inquietar más a estos dos esposos irreprensibles. Vemos en este relato de qué modo el santo Arcángel se esfuerza por apartar de sus protegidos al tentador y a la tentación.

Hemos visto que a la oración unía Sara las lágrimas. Porque, en efecto, para superar ciertas tentaciones y arrojar lejos de nosotros al tentador, no basta muchas veces la sola oración; es necesario unir a ella las lágrimas de la penitencia corporal. Hay ciertos demonios, dice el Señor a sus discípulos, y en ellos a todos nosotros, que no se arrojan sino con la oración y el ayuno.

III.- Para no ser víctimas del cruel Asmodeo, como los otros esposos de Sara, Tobías ejecutó fielmente cuanto le había prescrito su celestial conductor; puso sobre las brazas las entrañas del pez y pasó tres noches seguidas en oración en compañía de su esposa. Por esto el santo Arcángel arrojó, en premio de su obediencia, al impuro Asmodeo al desierto del Alto Egipto, de modo que en lo sucesivo quedó incapacitado para molestar a los castos esposos. Si imitamos al joven Tobías, siguiendo fielmente cuanto nos prescribe el guía de nuestra alma para vencer al tentador; si con el fuego de amor divino reducimos a cenizas nuestras afecciones demasiado naturales; si recurrimos al Señor por medio de repetidas y fervientes oraciones, experimentaremos en nosotros mismos los efectos de la poderosa intercesión de San Rafael, como protector que es en las tentaciones. La obediencia, sobre todo a nuestro director, nos es absolutamente necesaria; con ella no sólo venceremos la tentación sino que alejaremos de nosotros al demonio, y aquella virtud le quitará el poder de molestarnos con sus diabólicas sugestiones.

Medítese un poco y después léase el

EJEMPLO


La población de Puzzoli venera de un modo especial, como ya hemos dicho, a nuestro santo Arcángel. Hallándose enfermo uno de los habitantes, pensó trasladarse a Nápoles en busca de salud. Dio conocimiento de su proyecto al sacerdote encargado de la iglesia de San Rafael, quien le exhortó a que tomase al santo Arcángel por médico de su alma y de su cuerpo, rogándole pusiese obstáculo a su viaje si no le había de ser provechoso, y le dio al propio tiempo una imagen de San Rafael.

La noche anterior a su partida para Nápoles, el mas se agravó de tal manera que fue preciso administra los Santos Sacramentos al enfermo. Pocos días después deseó confesarse de nuevo, y mandó llamar al Padre Ceslas, dominico y Lector de Teología en el convento de Jesús y María. Habiendo venido el Padre, le refirió el penitente que la última noche, no pudiendo conciliar el sueño por la violencia del mal, su madre, acongojada al verle en tal estado, le aconsejó que recurriese a San Rafael. Inmediatamente después de su oración y sin poder asegurar si estaba durmiendo o despierto, le pareció que había muerto y que había sido conducido a la presencia de Dios. El Soberano Juez le acogió con severidad y lo sentenció a eterna condena por haber confesado mal sus pecados. El desgraciado miraba en derredor de sí buscando un protector, y en el mismo instante vio a su lado a un hermoso joven que le dijo: -Soy el Arcángel San Rafael y vengo a ayudarte. Llama al Padre Lector del convento de Jesús y María, haz con él una confesión buena y Dios revocará su sentencia de condenación.

Todo sucedió como había dicho el Arcángel; el moribundo se confesó, y después de recibir la absolución, abandonó esta vida, dando señales ciertas de un perfecto dolor y de su eterna salvación.

Récese nueve veces el Gloria Patri y demás oraciones para todos los días.







Dia Noveno

Por la señal… Acto de contrición y oración como en los demás días.


          CONSIDERACIÓN


SAN RAFAEL, BIENHECHOR DE LAS PERSONAS CARITATIVAS

I.- Recordemos los grandes beneficios dispensados por San Rafael a los dos ilustres hebreos, Tobías y Raguel. Sacó a Tobías de la miseria, le restituyó la vista que había perdido, le hizo recobrar el dinero que le debían, proporcionó a su hijo un matrimonio ventajoso, y después de acompañarle en un largo viaje, se lo devolvió sano y salvo. El mismo santo Arcángel socorrió a Raguel en su aflicción, libró a su hija del demonio y la casó con un virtuoso joven perteneciente a una de las principales casas de la tribu. Obtuvo además para el uno y para el otro una vida larga y llena de prosperidad, y ambos pudieron ver a sus hijos y a los hijos de sus hijos. El uno en Nínive y el otro en Rages, fueron asistidos hasta el fin de su vida y hasta el momento de su muerte por aquella numerosa posteridad.

¿Dónde podremos encontrar el origen de esta especial predilección del santo Arcángel hacia Tobías y Raguel? En ninguna otra parte sino en su ardiente y desinteresada caridad con los desgraciados. Tobías hacía grandes limosnas a los pobres, ocupábase de consolar a los enfermos más abandonados y exponía sus bienes y su vida por dar honrosa sepultura a los muertos de su nación.

Raguel, por su parte, tenía abierta siempre la puerta de su casa para dar en ella  hospitalidad a los viajeros. Socorría a las familias de los judíos necesitados que habitaban en Rages, lugar de su cautividad, y ayudaba a cuantos acudían a él en sus necesidades. Estas obras de misericordia que ambos practicaban a favor del prójimo agradaron al Señor, que envió al Arcángel San Rafael para consolarlos y les concedió las gracias que deseaban. Tobías suspiraba por recobrar la vista; Raguel aspiraba ver libre del demonio a su hija Sara y a proporcionarle un honesto matrimonio; los dos fueron atendidos en sus oraciones por la mediación de San Rafael.

II.- Consideremos ahora de qué modo podremos conseguir, por la intercesión del santo Arcángel la gracia que más deseamos. Nada más propio para ésto que imitar a Tobías y a Raguel en sus obras de caridad para con el prójimo. Visitémosle si está enfermo; si es pobre, procurémosle aquello de lo que está necesitado; socorrámosle por medio de la limosna y, si experimenta algún disgusto, corramos en su auxilio.

III.- Por último, si nos fuese imposible practicar tales obras de misericordia con nuestro prójimo, al menos pidamos por él al Señor para que se digne inspirar a otros que le socorran en lugar nuestro. Si debemos ser caritativos con los extraños, mucho más lo debemos ser con nuestra familia y con nuestros criados. Estamos obligados a consolar-los en sus trabajos, a socorrerlos en sus necesidades, a reprenderlos caritativamente por sus defectos y a soportar con paciencia sus naturales imperfecciones. Esforcémonos para estrechar entre ellos con dulces palabras los lazos de la caridad. Si obramos de este modo, obligaremos al santo Arcángel a hacer con nosotros lo que hizo con Tobías y Raguel, y será para nosotros un solícito protector en todas nuestras necesidades.

¿Qué no hacen las personas del mundo para procurarse la protección de algún poderoso que las socorra con ventaja y las ayude con su crédito? ¡Ah! ¿por ligereza, por una culpable indolencia, descuidaríamos excitarnos a las obras de caridad hacia el prójimo y asegurarnos así el patrocinio de San Rafael, uno de los más grandes Príncipes de la corte celestial? Estemos seguros de que, si somos caritativos, podremos abrigar la firme esperanza de experimentar los saludables efectos de la intercesión poderosa del santo Arcángel.

 

Medítese un poco y después léase el


EJEMPLO


En los principios de su apostolado, San Juan de Dios regresada de pedir limosna una noche fría y lluviosa, cuando un desgraciado con voz lastimera le pedía socorro. No se hizo esperar mucho la compasión del Santo: -Hijo mío, le dijo, venid conmigo al hospital; allí pasaréis la noche con más comodidad que en la calle. El infeliz manifestó que estaba excesivamente débil y no podía andar. Entonces Juan, no obstante el peso de la alforja que llevaba llena, lo cargó a sus espaldas y continuó su camino con paso alegre. Mas al llegar a la pendiente de una calla, llamada Gomelez, le faltaron las fuerzas y cayó a tierra. Al ruido de la caída salió a la ventana un vecino, el cual oyó a Juan que increpaba a su cuerpo por excesivamente delicado. Al pronto apareció allí un personaje de hermosura celestial que separó al enfermo de las espaldas de su piadoso conductor, tomó a Juan de la mano para levantarlo y lo condujo hasta su casa, diciéndole: -Juan, hermano mío, Dios me ha enviado a ti a fin de proporcionarte socorros en tu caritativa labor. Por lo demás, para que comprendas cuán agradable es a Dios la obra que has emprendido, has de saber que el Señor me ha ordenado llevar una minuciosa cuenta de todo lo que haces por su amor.

Juan respondió sencillamente: -De cualquier parte que venga el socorro, sé de cierto que me viene siempre de Dios; mas por lo que mira a vos, mi carísimo hermano, ¿tendrías la bondad de decirme quién sois?

-Yo soy, replicó el interpelado, el Arcángel Rafael, a quien Dios ha confiado la guarda de tu persona y la de todos aquellos que se asocien a ti.

El incomparable Murillo pintó un cuadro trazando en él la escena de esta noche, en la cual el Arcángel se revela a San Juan de Dios y le da una prueba más de ser especial Protector de las almas caritativas.

Aquí se rezan tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria en honor del santo Arcángel.




HIMNO EN HONOR DEL ARCÁNGEL SAN RAFAEL


Oh!, Rafael, dichoso
Arcángel del cielo
Brillen tus milagros
Por el mundo entero.

Estos versos se repiten después de cada uno de los que siguen.

Dígalo Tobías,
El mozo y anciano;
Que vienen milagros
De tus santas manos.

Eres el amparo
De los caminantes,
Y con vuestra ayuda
Andan vigilantes.

Médico de Cristo
En tus curaciones
Ruega por los pobres
Oye sus clamores.

Da vista a los ciegos
Que se hallan sin luz
Dentro de tinieblas
Clamando a Jesús.

Ahuyenta al demonio
Maldito Asmodeo,
Que perturba a todos
El pecado feo.

De los que quisieren
Tomar el estado,
A tí se encomiendan
Tendrán buen amparo.

Dales sucesión
A los que desean,
Hijos para el cielo
Que con Dios se vean.

Eres de cobranzas
Agente especial,
Puestas en tus manos
Luego se tendrán.

Arcángel sagrado
Dueño de mi amor,
Tú eres mi abogado
Ante el mismo Dios.

Si los pecadores
En tí se ampararan,
Fuera un imposible
Que se condenaran.

Adiós Santo mío,
Arcángel Rafael;
Por vuestros devotos
Has de interceder.