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sábado, 31 de octubre de 2015

Carta Abierta a los católicos perplejos



III


Tengo  ante  mí, publicadas en los diarios católicos, unas fotografías que representan  la misa tal como se   dice ahora con bastante frecuencia. En la primera fotografía me cuesta  trabajo  comprender  de  qué  momento  del  Santo  Sacrificio  se  trata.  Detrás  de  una  mesa ordinaria de  madera, que  no parece  muy  limpia y que  no está cubierta por  mantel alguno,  dos personajes de traje y corbata elevan o presentan uno de ellos un cáliz, el otro un copón. Por el texto  me entero de que son sacerdotes,  uno de  los cuales es capellán  general de  la Acción Católica. Del mismo lado de la mesa, cerca del primer celebra n te, dos muchachas en pantalones, cerca del segundo dos muchachos en pulóver. Una guitarra está apoyada contra un taburete. En otra fotografía la escena representa el rincón de una habitación que podría ser la  sala de un hogar de jóvenes. El sacerdote está de pie, ataviad o con alba de Taizé delante de  un escabel corriente que sirve de altar- , sobre él se ve una gran vasija de gres y un vaso más pequeño del mismo material, así como dos cabos de vela encendidos. Cinco jóvenes están sentados en cuclillas en el suelo y uno de ellos toca la guitarra. La  tercera  fotografía  se  refiere  a  un  acontecimiento  que  se  verificó  hace  algunos  años:  el  crucero  marítimo  de  algunos  ecologistas  que  querían  impedir  las  experiencias  atómicas francesas en el islote de Mururoa. Entre ellos hay un sacerdote que celebra la misa  en el puente del velero en compañía de otros dos hombres. Los tres están en  short  y además  uno de ellos exhibe el torso desnudo. El sacerdote levanta la hostia, sin duda es el momento  de  la  elevación.  No  está  ni  de  pie  ni  de  rodillas,  sino  que  está  sentado  o,  mejor  dicho, recostado contra la superestructura del barco. Estas  fotografías  escandalosas  presentan  un  rasgo  común:  por  la  vulgaridad  de  la decoración, por los instrumentos utilizados, por las actitudes y las vestimentas la Eucaristía queda  rebajada  a  la  co n dición  de  un  acto  cotidiano.  Ahora  bien,  las  revistas  llamadas católicas que se venden en los escaparates de las iglesias no presentan estas fotografías para criticar semejantes modos de obrar sino, por el contrario, para recomendarlos.  La  Vie  hasta considera que todo esto no es suficiente.  Utilizando como costumbre  trozos de cartas de lectores para decir lo que piensa sin comprometerse, la revista declara:  "La reforma litúrgica debería ir más lejos... Las repeticiones,  las fórmulas que son siempre  iguales,  toda  esa  reglamentación  frena  una  verdadera  creatividad".   ¿Que  debería  ser  la  misa? Esto: “Nuestros problemas son múltiples, nuestras dificultades aumentan y la Iglesia  parece mantenerse al margen de ellas. A menudo sale uno de la misa agobiado; hay una especie de desfasaje entre nuestra vida, nuestras preocupaciones del momento y lo que se  nos propone vivir el domingo." Seguramente uno sale agobiado de  una  misa que trata de descender el  nivel de  los  hombres, en lugar de elevarlos hacia Dios y que, mal comprendida, no permite superar los  "problemas". Ese deseo de  ir aún  más  lejos traduce una deliberada voluntad de destruir  lo  sagrado. De esta   manera se despoja al cristiano de algo que  le es  necesario  y a  lo que él  aspira, pues el cristiano se siente impulsado a honrar y a reverenciar todo aquello que tiene  una relación con Dios. ¡Y cuantas más materias del Sacrificio destinadas a convertirse en su  cuerpo y en su sangre! ¿Por qué se hacen hostias grises o morenas dejándoles una parte de  salvado?  ¿Se  quiere  hacer  olvidar  la  expresión  suprimida  en  el  nuevo  ofertorio  hanc  imm aculatam hostiam, esa hostia sin mancha? Y sin embargo no es ésta una innovación menor. Con frecuencia se oye hablar de la  consagración de  trozos de pan ordinario en  lugar del que se  hace con puro  trigo candeal como  está  prescrito  y  cuyo  uso  exclusivo  fue  recordado  recientemente  en  la  instrucción Inaestimabile Donun.  Como se han sobrepasado todos los límites, hemos llegado a ver que  un  obispo  norteamericano  recomendaba  que  se  hicieran  unas  tortitas  con  leche,  huevos, levadura, miel y margarina. La desacralización se extiende a las personas consagradas al servicio de Dios y así se  registra  la desaparición del hábito eclesiástico de sacerdotes  y religiosas, e l empleo de  los nombres de pila, el tuteo, el modo de vida secularizado en nombre de un nuevo principio y  no, como se  trata de  hacer creer, por necesidades prácticas. Detesto a esas religiosas que  habiendo abandonado el monasterio van a vivir a departamentos alquilados en la ciudad, con  lo  cual  hacen  doble  gasto  pues  al  haber  abandonado  también  el  velo  deben  acudir  regular mente a la peluquería. La pérdida de  lo sagrado conduce también al sacrilegio. Un periódico del oeste de  Francia nos informa sobre el concurso nacional de muchachas adolescentes que se realizó en  1980 en la Vendée. Se celebró una misa durante la cual las muchachas bailaron y algunas de  ellas  distribuyeron  la  comunión  .Y  esto  no  fue  todo,  la  ceremonia  fue  coronada  por  una ronda en la cual tomo parte el celebrante con sus ornamentos sacerdotales.  No tengo la intención de presentar aquí un catálogo de los excesos que se producen;  quiero  tan  sólo  dar  algunos  ejemplos  que  muestran  porqué  los  católicos  de  hoy  tienen  motivos  para  estar  perplejos  y   hasta  escandalizados.  No  revelo  ningún  secreto,  la  propia  televisión se encarga de difundir en todos los hogares, en la edición de los domingos por la  mañana, la inadmisible desenvoltura que exhiben públicamente obispos respecto del Cuerpo  de Cristo, como  por ejemplo en la misa televisada del 22 de noviembre de 1981, en la cual  el copón fue reemplazado por cestos que los fieles se pasaban unos a otros y que terminaron  por dejar en el suelo con lo que quedaba de las Santas Especies. En  Poitiers,  el Jueves Santo del mismo año, una concelebración de gran espectáculo  consistió  en  consagrar  panes  y  jarros  de  vino  sobre  unas  mesas  a  las  que  cada  uno  se acercaba para servirse él mismo. Los  conciertos  de  música  profana  organizados  en  las  iglesias  son  ahora  una costumbre  generalizada. Hasta  se  acepta  prestar  los  lugares  de  culto  para  audiciones  de  música rock con todos los excesos que habitualmente implican. Iglesias y catedrales fueron  entregadas al  libertinaje, a  la droga, a  las  manchas de todo  género  y  no  fue el clero  local  quien  procedió luego a realizar  ceremonias  expiatorias,  sino  que  fueron  grupos  de  fieles  justamente  sublevados  por  tales  escándalos.¿Cómo  los  obispos  y  los  sacerdotes  que  favorecieron estas cosas no temen atraerse sobre ellos  y sobre el conjunto de su pueblo  la  maldición  divina?  Esa  maldición  ya  se  manifiesta  en  la  esterilidad  que  muestran  en sus  obras.  Todo se pierde, todo se desorganiza porque el Santo Sacrificio de la misa, profanado como esta, ya no difunde la gracia, ya no la acuerda.  El  desprecio por la presencia real de Cristo en la Eucaristía es el hecho más flagrante por el cual se expresa el nuevo espíritu, que  ya no es católico.  Sin llegar a los ruidosos excesos a que acabo de referirme, todos los días puede uno  comprobar ese  nuevo espíritu.  El concilio de  Trento  manifestó de  manera explícita  y sin  ninguna duda posible que Nuestro Señor está presente en las menores partículas de la hostia  consagrada.  Entonces,  ¿qué  hemos  de  pensar  sobre  la  comunión  tomada  con  la  mano?  Cuando  se  utiliza  una  bandeja,  aun  cuando  las  comuniones  sean  pocas,  siempre  quedan  partículas,  en  consecuencia,  esas  partículas  quedan  en  las  manos  de  los  fieles.  De  esta  manera la fe se quebranta en muchos, sobre todo en los niños. El nuevo estilo de hacer las, cosas só lo puede tener una explicación: si uno va a misa  para compartir el pan de la amistad, la comida comunitaria, la fe común, entonces es natural  que no se tomen excesivas precauciones. Si la Eucaristía es sólo un símbolo que materializa el simple recuerdo de  un hecho pasado, la presencia espiritual de Nuestro Señor, es lógico que uno se preocupe poco por las migajas que puedan caer al suelo.  Pero si  se trata de  la presencia  real del propio  Dios, de  nuestro Creador, como  lo  quiere la fe de la Iglesia, ¿cómo comprender que se admita semejante práctica y hasta que se  la  fomente  a  pesar  de  documentos  romanos  todavía  recientes?  La  idea  que  se  pretende  infi ltrar  así  es  una  idea  protestante  contra  la  cual  los  católicos  aún  no  contaminados  se  rebelan. Para imponerla mejor, hoy se obliga a los fieles a comulgar de pie. ¿Es  conveniente  que  vaya  uno  a  recibir,  sin  el  menor  signo  de  respeto  o  recogimiento, a Cristo ante quien, según dice san Pablo, se dobla toda rodilla en el cielo, , en  la tierra y en los infiernos? Muchos sacerdotes ya no se arrodillan ante la Santa Eucaristía; el nuevo rito de la  misa los alienta a esa actitud. No veo sino dos razones posibles, o un inmenso orgullo que  los hace tratar a Dios como si fuéramos sus iguales o la certeza de que Dios no está  en la  Eucaristía. ¿Me  propongo  enjuiciar  a  la  presunta  "Iglesia  Conciliar"?  No,  no  invento  nada.  Véase cómo se expresa el decano de la facultad de teología de Estrasburgo: "También se habla de la presencia de un orador, de un actor para designar así una cualidad que no es un 'estar allí' topográfico. En definitiva, alguien puede estar presente por  un  acto  simbólico  que  él  mismo  no  cumple físicamente,  sino  que  otros  cumplen  por fidelidad creadora en su honor. Por ejemplo, el festival de Bayreuth realiza sin duda una presencia de Richard Wagner, presencia que es muy superior en intensidad a la que pueden  manifestar libros o conciertos ocasionales dedicados al músico. Me parece que es en esta última perspectiva cómo conviene situar la presencia eucarística de Cristo." ¡Compara  la  misa  con  el  festival  de  Bayreuth!  No,  decididamente  no  estamos  de  acuerdo ni sobre las palabras, ni sobre la música.



Continua...